5 julio, 2010

El pueblo en la batalla de Bailén

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Rafael Vidal

Doctor en Historia por la Universidad de Granada

DSCN2361La Guerra de la Independencia desde su inicio el 2 de mayo de 1808 fue una guerra de liberación de carácter popular. La guerra tuvo dos fases muy definidas, estando presente en las dos el carácter del “pueblo en armas”. Al principio el ejército, formado por profesionales, fue reforzado en todos sus sentidos por el pueblo, y a partir de 1810 fue el pueblo el que constituyó el ejército.

En todos los hechos que jalonan de gloria las páginas de la Guerra tienen un protagonismo especial y relevante: la actuación popular, que tal vez para que perdure en la historia tiene que inventarse un nombre propio, sea Clara del Rey y Manuela Malasaña en la defensa del Parque de Artillería de Monteleón, el 2 de mayo de 1808, las primeras heroínas de la Guerra de la Independencia; María Luisa Bellido en Bailén; Agustina de Aragón, condesa de Bureta, Juliana Larena y Fenolle o Josefa Amar y Borbón en Zaragoza; Lucía Jonama de Fitz-Gerald que se encontraba al frente de la Compañía de Santa Bárbara y María Farfá en Gerona y tantas otras que harían interminable la lista. De esta forma la figura de estas mujeres y hombres dan fuerza y memoria para que se reconozca el mérito del Pueblo.

Alguien podrá comentar que en la relación anterior se mezclan mujeres del pueblo con las de la aristocracia, a ello hay que decir que cuando hablamos de Pueblo, lo escribimos con mayúsculas, porque queremos abarcar a todas aquellas patriotas que, al margen de su situación social, sintieron que era su obligación cooperar para la liberación del país, poniendo en juego su integridad personal.

En los recuadros de la historia se pretende, representar escenas históricas, desde un punto de vista no usual, incluso podríamos decir que heterodoxo, sin que ello desmerezca la gloria española ante la invasión napoleónica o ante cualquiera otra situación de conflictividad nacional. Simplemente queremos exponer que algunos de los héroes y las propias gestas del pueblo, siempre fueron agrandadas en sus hechos, cuando no, hasta inventadas.

Benito Pérez Galdós, novelista-historiador que ha narrado con singular maestría gran parte del siglo XIX español, al tratar sobre la incorporación de paisanos al ejército de Castaños, expone:

“Agregáronse algunos regimientos provinciales y los paisanos que espontáneamente o por disposición de las Juntas se engancharon en las principales ciudades de Andalucía. Difícil es conocer la cifra exacta a que se elevaron las fuerzas de paisanos armados, pero seguramente eran muchos, porque la convocatoria había llamado a todos los mozos de diez y seis a cuarenta y cinco años, solteros, casados y viudos sin hijos, de cinco pies menos una pulgada, medidos descalzos.”

Pérez Galdós, Benito. “Episodios Nacionales. Bailén”. Tomo I. Ediciones Urbión. Madrid, 1976. Pág. 343.

Y más adelante, añade:

“La Junta de Sevilla había indultado el 15 de mayo a todos los contrabandistas y a los penados que no lo fueran por delitos de homicidio, alevosía o lesa majestad humana o divina, y esto trajo una partida que, si no era la mejor tropa del mundo por sus costumbres, en cambio no temía combatir, y fuertemente disciplinados, dio al ejército excelentes combatientes”

Pérez Galdós. Ob. Cit. Pág. 344.

Escudo_Bailen_13jun10Galdós ha tenido tanta credibilidad para la historia de la Guerra de la Independencia y de todo el siglo XIX que, se ha tomado lo que relata como hechos que pasaron fielmente, siendo una de las fuentes, que han presentado la batalla de Bailén como la lucha del pueblo en armas contra el ejército invasor.

No obstante, las afirmaciones expuestas por el ilustre novelista, conviene matizarlas, porque Castaños, tras el desastre del combate de Alcolea en donde un colectivo de 25.000 hombres, de los que soldados eran tres o cuatro mil, fueron completamente derrotados en breves horas, porque los paisanos huyeron ante los primeros disparos, limitó la participación popular en las operaciones militares, de tal forma que devolvió a sus casas a más de doce mil paisanos reclutados, dejando la mayoría de los cuerpos levantados por las ciudades más populosas, de guarnición en el interior del territorio, con objeto de mantener el orden, al mismo tiempo que procedían a su instrucción y adiestramiento, integrando solamente una parte de los paisanos, en los regimientos ya constituidos, seguramente los que habían servido como soldados con anterioridad.

El hecho que relativamente pocos paisanos se integraran en las unidades militares, no indica que sus acciones no fueran importantísimas para el éxito del general Castaños, porque el pueblo negó la subsistencia al enemigo; porque las primeras partidas de paisanos armados, como la de don José Torres, alcalde de Montoro, hostigaron de forma continua a las patrullas imperiales; porque las autoridades y lugareños engañaban a los oficiales franceses cuando les solicitaban cualquier información; porque ningún pueblerino se prestó a servir de guía al ejército enemigo, provocando que unidades enteras se perdieran; y por último, habría que hablar de la intervención más decisiva del pueblo en la batalla, cuando las mujeres con sus cántaros al costado se acercaban a los soldados españoles para apagar su sed, aún a costa de su propia vida, mientras los franceses se descomponían por el sol de justicia del verano jienense.

Pongamos pues todo en sus justos términos, primero, las batallas las ganan los soldados, pocas veces un ejército ha sido derrotado por un conjunto de paisanos; segundo, lo anterior no desacredita en nada a la acción del pueblo, al revés, porque si su comportamiento hubiera sido como en Italia, Austria o Alemania, el ejército español del teniente general Castaños, habría sido completamente derrotado.

Como muestra gloriosa de la participación del pueblo en la batalla de Bailén, se toma a María Luisa Bellido que en plena refriega, mientras daba de beber al general Reding, una bala rompió el cántaro y sin inmutarse, le dio el agua que había quedado en los restos de la vasija. Ante este gesto de valor el general concedió y prometió grandes cosas a la tal María Luisa Bellido, la cual tuvo la mala suerte de fallecer, junto con su esposo en 1809, con lo que la gesta quedó en el olvido, dado que el matrimonio no tuvo descendencia.

Nadie se volvió a acordar de la heroína, hasta que a principios de la década de 1860, es decir más de cincuenta años después, la Reina Isabel II, visitó Bailén, y un cronista avispado, junto con el alcalde, presentaron a la soberana la escena olvidada, entregando en un hermoso estuche la bala que había roto el cántaro y solicitando además una pensión para la sobrina nieta de María Bellido.

Monumento_M_Bellido_13jun10La certeza es que cientos de mujeres de Bailén actuaron en primera línea de fuego dando agua a los combatientes y la única que permanece su nombre es la que le dio de beber al general, porque había asentado su observatorio en una elevación de su finca. Además en una batalla, donde los disparos se cruzan por miles, ¡qué casualidad que se encontrara la bala que rompió el cántaro! A lo largo de más de cincuenta años nadie se acordó de María Bellido, cuando precisamente a partir de 1813, muchas ciudades y pueblos españoles, nos imaginamos que también la villa de Bailén, presentaron a Don Fernando VII, manifiestos y alegaciones, haciendo ver los sufrimientos tenidos, tanto la localidad como sus vecinos, en aras del mantenimiento en el trono de sus mayores del Rey “Deseado”.

Existen investigaciones y estudios que han analizado la figura de la heroína de Bailén, a la que apodan “la culiancha”, sin que hayan podido eludir la oscuridad que presenta, de tal manera que ni en el nombre se ponen de acuerdo.

¿Desdice todo ello a la heroína o a la ciudad de Bailén? Rotundamente no, porque en realidad María Bellido no se representa históricamente a sí mismo, sino que es el nombre genérico que la Historia ha dado a todas aquellas bailenenses valientes, a todas aquellas hembras que arrastrándose por la tierra y ocultándose en el terreno dieron agua a los españoles sedientos, pereciendo bastantes en la acción, mujeres que seguramente no sólo le dieron de beber, sino que también le proporcionaron una palabra de aliento, una sonrisa abierta, una oración, incluso un beso, de tal manera que para más de uno de aquellos soldados fue su última visión de la vida que la guerra le arrancaba.

Las imágenes que acompañan al presente recuadro, representan el escudo de la ciudad de Bailén, el monumento a María Bellido levantado a la entrada de la ciudad, y el recuerdo al general Reding en la plaza de la Constitución de Málaga, recientemente colocado.

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