8 julio, 2013

El Prado acoge el retrato que Mengs realizó de José Nicolás de Azara

Mengs

Pocos son los privilegiados que, tras su fallecimiento, se hacen un hueco en el Panteón de Roma. Allí está directamente enterrado, con ataúd y dedicatoria en latín incluidos, el genio italiano Rafael. Y allí se colocó una efigie con el busto del pintor Anton Rafael Mengs, tras su muerte en 1779. En el fondo, no era para menos, ya que está considerado como uno de los artistas alemanes más importantes del siglo XVIII.

El homenaje a Mengs –cuyo nombre, por cierto, estaba inspirado precisamente en el maestro de Urbino y en Antonio Allegri da Correggio- fue un regalo de su gran amigo e diplomático español José Nicolás de Azara. Y, siglos después, ambos se reencuentran ahora en una exposición que acoge el Prado y con la que celebra la última incorporación a su patrimonio: precisamente un retrato que Mengs hizo de Azara.

Desde hacía tiempo, revisando las colecciones privadas, la pinacoteca pensaba en el Retrato de José Nicolás de Azara como un buen candidato para sus pasillos. “Es una obra muy refinada, una pequeña joya. Y es un cuadro de un gran maestro de la pintura, ligado a España, que retrata a una figura importante de la historia diplomática del país”, aclara Gabriele Finaldi, director adjunto de Conservación e Investigación del Prado. Así, después de que el Ministerio de Cultura, Educación y Deportes compensara hace un año a los descendientes de Mengs con 180.000 euros, y tras una suave restauración, el cuadro luce ahora en la Sala 38 del Edificio Villanueva. Y allí estará, junto con la exposición Mengs y Azara. El retrato de una amistad de la que es la estrella, hasta el 13 de octubre.

Realizada en Florencia hacia principios de 1774, la obra del pintor de origen checo muestra a Azara a sus 43 años, sentado en una silla de manera, con un libro en la mano, un abrigo azul y la mirada hacia su retratista. “Es un cuadro tardío de Mengs, que revela el neoclasicismo más puro. Rafael era su modelo artístico más importante”, explica ante la obra Gudrun Maurer, conservadora del Departamento de Pintura Española del siglo XVIII y Goya del museo, y comisaria de la muestra.

La exposición, cuyo otro comisario es Stephan Schröder, Jefe del Departamento de Escultura Clásica y del Renacimiento del Prado, también presenta un retrato de Mengs realizado por su hija y tres grabados que reproducen obras del pintor alemán. Del legado de Azara, en cambio, proceden los libros que editaba el mecenas y seis de las estatuas que rescató en una excavación arqueológica en Tivoli. También hay dos bustos, cada uno a un lado del Retrato de José Nicolás de Azara, y que recrean al artista alemán y al diplomático español. El de Azara, además, lleva una inscripción en latín: “No te inquietes más de lo debido”.

Tal vez el diplomático tuviera que decírselo a los romanos, desesperados tras su negociación con Napoleón. Como contaba Schröder, Azara llegó a un acuerdo con el general, en nombre del Papa, para que no marchara hacia Roma. El diplomático volvió ganador y en Roma se le dedicaron celebraciones. Hasta que se dieron a conocer las condiciones del pacto: el Vaticano perdía ríos de dinero y unas 500 estatuas del valor del Laooconte. Allí coloca Schröder la principal causa del olvido del embajador, coleccionista, ilustrado mecenas y arqueólogo, quien deja con su retrato su primera huella en el Prado.

Muchas son las improntas de Mengs por los pasillos de la pinacoteca. Y fuera de ella, porque el pintor que fue el encargado de la supervisión de la decoración del Palacio Real madrileño. También promocionó los jóvenes talentos prometedores de la pintura española de entonces. Resulta que tenía buen ojo. Uno de ellos se llamaba Francisco de Goya.

Por Tommaso Koch en El País.