29 junio, 2018

El Pórtico recobra los colores de su Gloria ocho siglos después

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La catedral de Santiago inaugurará el lunes la restauración de la joya románica, que ha permanecido en obras durante una década en la que se invirtieron 6,2 millones

Del gris polvo, el blanco sales de cemento, el negro moho y el verde musgo al lapislázuli, el cardenillo, el negro de huesos, el albayalde o el oro puro. El Pórtico de la Gloria, obra cumbre del románico en Europa, ha revelado toda su paleta de colores y unos cuantos secretos tras una década de trabajos de recuperación. En las tareas han colaborado universidades de varios países, químicos, arquitectos, arqueólogos, físicos, informáticos y geólogos bajo la dirección de Concha Cirujano y Ana Laborde, del Instituto de Patrimonio Cultural de España. Pero ni ellas ni el equipo de 12 restauradores que ha permanecido en los andamios 50.000 horas podían imaginar el cromatismo intenso que perduraba bajo esa gruesa capa de deterioro y mugre que ocultaba este tesoro de la Catedral de Santiago.

El proyecto, costeado de principio a fin con 6,2 millones de la Fundación Barrié, no ha añadido nada nuevo a lo que había. Se ha limitado a hacer aflorar y consolidar la belleza oculta: tres policromías al óleo diferenciadas, que se superponen y dan testimonio de los pigmentos y técnicas empleados en la Edad Media, el siglo XVI y el XVII; es decir, el plan original y las posteriores restauraciones al gusto del momento.

Con la investigación emprendida en 2009 y la limpieza del Pórtico, también se ha constatado la vulnerabilidad de la obra. A los graves problemas estructurales de la fachada barroca del Obradoiro, que filtraba regueros de “agua líquida” directamente sobre el conjunto escultórico, se sumaron intervenciones de siglos y décadas anteriores, con técnicas equivocadas o claramente agresivas. De esto dan fe incluso un cuchillo con restos de escayola o una caja de cerillas del siglo XIX hallada en una junta del tímpano.

El Pórtico se aproxima a los 850 años de antigüedad. Como fechas de referencia se conservan la pensión vitalicia otorgada en 1168 por Fernando II de León al Maestro Mateo para afianzarlo como responsable de los trabajos de la catedral, y una inscripción labrada en el propio monumento: “En el año de la Encarnación del Señor 1188, en el día 1 de abril, fueron colocados por el Maestro Mateo los dinteles de la puerta mayor de la iglesia de Santiago, que dirigió la obra de dichos portales desde sus cimientos”. De la policromía medieval se conservan bastantes vestigios, y hay figuras (ángeles que portan la columna y la cruz) en las que bajo la pátina se ha preservado por completo el azul lapislázuli, un pigmento que junto con el oro deslumbraba a los peregrinos que pisaban el nártex románico.

Pero, además, se han podido identificar como correspondientes a aquella etapa otros colores, siempre aglutinados con aceite de lino, como el cardenillo, el resinato de cobre, el bermellón, los pigmentos de tierras o el albayalde. Las vestiduras se decoraban con medias lunas, cuadrados, círculos y formas polilobuladas mediante estampillado sin relieve. Las encarnaduras con las que se dio vida a los rostros en el siglo XII se aplicaban en capas muy finas y eran de un rosado claro.

Por Silvia R Pontevedra para El País
Fotografía Oscar Corral