14 septiembre, 2015

El pintor Scully ofrece 200 obras a Barcelona

scully

Sean Scully (Dublín, 1945), artista irlandés criado en Londres y nacionalizado estadounidense, tiene estudios en Nueva York, Munich y Barcelona. Su obra está presente en las colecciones del Metropolitan o el MoMA neoyorquinos, la Tate de Londres, el Irish Museum of Modern Art de Dublin o el Reina Sofía de Madrid.

Expone y vende en todo el mundo, pero es aquí donde -él mismo lo ha señalado- le brota la energía para la creación. Y tal vez esta sea la razón por la cual el pintor ha escogido Barcelona como primera opción para abrir un museo que lleve su nombre. Según ha podido saber este diario, el pintor negocia con el Ayuntamiento de Barcelona la cesión a la ciudad de un importante conjunto formado por alrededor de doscientas obras pertenecientes a su colección personal, a condición de que sean expuestas de forma permanente en un espacio museístico propio.

Las negociaciones entre el artista y los representantes municipales comenzaron hace algunos meses y se están llevando a cabo con la máxima discreción. Tanto es así que el galerista Carles Taché, que estaría jugando un papel clave en la mediación, no ha querido ni confirmar ni desmentir la existencia del proyecto. Al otro lado de la mesa, el teniente de alcalde de Cultura Jaume Ciurana, admite tanto la oferta de Scully como la existencia de conversaciones, aunque de momento, precisa, no se ha podido alcanzar ningún acuerdo.

El principal escollo se encuentra en el espacio museístico que deberá albergar la colección. Una de las primeras ideas que se barajó desde el consistorio fue una sala en uno de los dos pabellones -Alfonso XIII y Victoria Eugenia- que han sido cedidos por la Fira y que pasarán a ser espacios museísticos en órbita del MNAC.

Sin embargo, esta posibilidad no ha sido vista con buenos ojos por parte del artista, cuyo deseo es que Barcelona tenga un museo Scully y no un espacio en otro museo, como la sala que le consagró la Hugh Lane Gallery de Dublín, en el 2006, en respuesta a su donación de seis obras. En todo caso, el interés del Ayuntamiento es encontrar el edificio idóneo para ese nuevo centro en la nueva área museística de Montjuïc.

El valor de la donación es muy difícil de calcular, pero tal vez sirva de orientación saber que algunos de sus cuadros de gran formato subastados en los últimos años en Christie’s alcanzaron un precio medio de un millón de euros. En el 2010 donó una de sus obras de grandes dimensiones a Montserrat. Se trata de La muntanya d’Oisin, que lleva el nombre de su hijo (lo bautizó el padre Laplana, director del Museu de Montserrat), fruto de su relación con la también pintora Lilliane Tomasko. Con ella llegó a Barcelona en busca de un lugar privado, romántico, que no provocara el interés que suscita en Irlanda, donde es una figura pública.

El matrimonio tiene casa en la calle Ausiàs March y taller en la calle Girona, y está ilusionado en aportar su arte a Catalunya.

Scully, que fue objeto de una retrospectiva en la Fundación Miró en el 2007, realizó un gran vitral para la catedral de Girona (11 metros de alto y casi 3 de ancho), en concreto para el ventanal de la fachada norte, que se encontraba tapiado desde hacía siglos.

Hoy, además, proyecta una intervención en el monasterio románico de Santa Cecília, del siglo XI, en el municipio de Marganell y perteneciente a Montserrat. La capilla contará con sendas creaciones del pintor: Holly -un via crucis de catorce piezas- en el lateral del recinto eclesiástico, y unos murales cilíndricos sobre los ábsides románicos.

Nominado por dos veces al premio Turner, su obra es muy apreciada por los coleccionistas catalanes. Su pintura, de una abstracción vinculada a la vida, se compone de geometrías expresivas, de ritmo y luz, con un hálito espiritual. Su vinculación con España se remonta a veinte años atrás. Pasó también años en Madrid, primero en un pequeño piso de la calle Atocha y luego en el barrio de Salamanca. “Barcelona es una ciudad abierta y de cultura compleja”, explicaba en una entrevista publicada en La Vanguardia en el 2009. “No sé por qué -proseguía-, tal vez sea por influencia del ambiente, pero cuando pinto en Barcelona predomina el rojo. La gente ve Barcelona como una ciudad de luz, pero yo creo que es una ciudad de sombras. Me gustan las sombras, el misterio. Mi obra es romántica, emocional, poética. Necesito un ambiente que tenga esa atmósfera poética y lo encuentro en Barcelona”.

La presencia de un museo Scully en Montjuïc vendría a enriquecer y sumar atractivo la oferta de la Muntanya dels museus, que impulsan el MNAC, la Caixa y la Fira para convertir la zona en un polo cultural que atraiga a muchos de los turistas que visitan la ciudad, siguiendo el modelo de la Isla de los Museos de Berlín o el Barrio de los Museos de Viena.

No es la primera vez que el Ayuntamiento colabora con un artista con el objeto de abrir un nuevo centro en Montjuïc. En 2003 ofreció a Antoni Miralda la Casa de la Prensa -edificio construido para la Exposición de 1929- para su Centre Internacional de la Cultura del Menjar, también llamado Food Culture Museum, que quedó varado al no encontrar financiación.

Si la idea prospera, Scully será el cuarto artista con “casa” en la ciudad, junto a Picasso, Miró y Tàpies. En sus últimos años, Modest Cuixart abrió dos fundaciones, una en Palafrugell, donde vivía, y otra en la placeta de Montcada, en Barcelona, pero actualmente sólo funciona la primera. Otro proyecto frustrado fue el del Centro Cultural Penedès-Espai Subirachs, que debía habilitarse en la antigua parroquia de Sant Cugat de Rec, en la calle Princesa. Existió además el Museu Clarà, que fue cerrado por falta de público.

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Por Teresa Sesé en La Vanguardia.