16 marzo, 2013

El Museo Picasso-Málaga celebra su X aniversario con los orígenes del pintor

«Retrato de María Picasso López», de Pablo Picasso

No es posible afirmar con seguridad que el contexto en el cual un creador nace, se desarrolla y forma como persona y artista impongauna marca indeleble en su devenir posterior, pero es indiscutible que resulta imposible explicar sus procesos de creación sin contar con su imbricación en un contexto sociocultural –también político, religioso, económico, familiar– vernáculo, singular, propio e intransferible.

Es precisamente esa compleja atmósfera la que trata de atrapar y ofrecernos la presente propuesta expositiva, con la que el Museo Picasso-Málaga inicia la celebración de su décimo aniversario, conmemoración que culminará con otras dos muestras: «Álbum de familia» y «Once obras invitadas».

“Destaca una figura femenina que, en volandas, sostiene la bandera”

El proyecto comisariado por Rafael Inglada, y organizado en colaboración con el Museo Picasso de Barcelona, invita a adentrarnos en una ambientación doméstica, sutilmente decimonónica por la disposición de obras y piezas, de documentos, carteles, mapas y fotos, que dialogan en cercanía –a veces demasiada, lo que crea un aire atosigante que no desentona– que propone adentrarnos en una triple línea de indagación que trasciende el marco de las artes plásticas y se reviste de una mirada que alcanza lo histórico y lo antropológico. Picasso de Málaga trata de mostrar la producción incipiente del artista, aquella que es infantil sin serlo, y ponerla en relación, en cuanto a sensibilidad, temática o resolución, con el contexto artístico de la época, que queda bien recreado mediante un considerable número de obras de Denis Belgrano, Muñoz Degrain, Martínez de la Vega, Ocón y Rivas o de su padre, José Ruiz Blasco.

Que vienen los yanquis

Siguiendo el mismo procedimiento de confrontación y contraste, en segundo término, se analiza la huella que esa memoria directa pudo imprimir en varias obras de madurez. La muestra, finalmente, representa la evocación de una ciudad en tránsito entre dos siglos, con las contradicciones propias de la época, de una Málaga emprendedora y oligárquica, obrera y reivindicativa, caótica y en expansión urbanística, cosmopolita con apellido extranjero y, a su vez, profundamente provinciana en su liturgia diaria.

Muy interesante, en este sentido, ha sido la labor de Jorge Yeregui, quien ha topografiado el proceso de cambio urbano, fotografiando la ciudad actual desde las localizaciones de imágenes históricas.

“Muchos autores han destacado cierta desafección hacia Málaga”

Lo más curioso ha sido descubrir algunas pequeñas joyas picasianas que, por su temática o enfoque, ayudan a componer un retazo ideológico de la época que le vio nacer y de los modos de adaptarse a esas realidades que adoptó el artista. Una de ellas es la breve acuarela «Exaltación alegórica de la bandera», fechable entre 1895 y 1899, en apariencia, el proyecto abocetado de un cartel bélico político –como señala Inglada– que nunca llegó a materializarse, en el que destaca una figura femenina que, en volandas, sostiene la enseña nacional y parece tocar a rebato una trompeta mientras un joven tamborilero desnudo, a sus pies, hace sonar un timbal doble.

La alusión a Orión, escrita bajo el nombre de Málaga y reforzada por la presencia de tres palomas-estrella, puede remitir tanto a la constelación cuanto al barco torpedero homónimo, uno de los encargados en la Guerra hispano-estadounidense de defender las costas españolas de un hipotético ataque norteamericano. Otra de las obras que habría que señalar es «Parodia del exvoto (Accidente de Miguel Utrillo)», ejecutada entre 1899 y 1900, en la que se hace una reinterpretación de los exvotos populares malagueños en los que la aparición e intercesión milagrosa de la Virgen salva a la marinería de un naufragio, trasladando Picasso la iconografía tradicional a la modernidad de un accidente automovilístico, recordando el que tiempo antes había sufrido el pintor e ingeniero catalán Miguel Utrillo.

Un solar mítico

Ya es norma habitual en la gestión del director de esta institución que el catálogo no quede reducido a un apéndice insoslayable, sino que se transforma en un compendio de ensayos que no solo seccionan y analizan, sino que avanzan en la investigación, tomando la muestra como excusa y punto de partida en la indagación de las relaciones, nunca del todo sencillas pero siempre fructíferas, entre Picasso y Málaga.

“Para Picasso, Málaga suponía una idea, y también un olor”

La relación de Picasso con su ciudad natal ha sido frecuente fuente de debate. Nacido en 1881, apenas diez años después la familia Ruiz-Picasso abandonaría la ciudad. Volvería de visita al menos en cinco ocasiones, la última en 1901, con apenas veinte años, acompañado de un amigo, el pintor Carles Casagemas. Podemos inferir que si bien el contacto físico y directo con su ciudad fue breve al contemplarlo desde 91 años de vida, la idea de imaginar Málaga como recuerdo de identidad simbólica que ata a todo ser humano a un solar mítico de partida y pertenencia nunca le abandonó.

Muchos autores han resaltado –en una elucubración tópica que durante años alcanzó fortuna–, por el contrario, cierta desafección, ciertoresentimiento hacia Málaga, motivado tal vez por el carácter provinciano de la capital, circunstancia que le habría llevado a decidir no volver jamás. Tal vez la explicación fuera otra, más elemental. Para Picasso, Málaga suponía una idea, y también un olor, un color, un sonido primordiales fijados en la memoria infantil y adolescente, que debía permanecer invariable en el tiempo para poder ejercer esa función de áncora identitaria, una Ítaca que es real mientras se invoca y que desaparece cuando se vuelve.

Por Iván de la Torre Amerighi de ABC.