4 octubre, 2010

El Museo Patio Herreriano exhibe la obra de Ferran Garcia (nortecastilla.es)

46 obras que reflejan latrayectoria del artista conceptual del artista desde 1981 hasta la actualidad.

museo_patio_herreriano_01El Museo Patio Herreriano acoge desde ayer una selección de 46 obras que reflejan la trayectoria del artista conceptual Ferran Garcia Sevilla desde 1981 hasta la actualidad. En ella tienen cabida desde a las resonancias pictóricas concebidas en sus viajes a Oriente Medio al graffiti, el cómic o el resultado de reflexiones sintetizadas en textos breves.

Enrique Juncosa, director del Museo de Arte Moderno de Dublín, es el comisario de la muestra, estructurada a modo de retrospectiva que no incluye la primera etapa del artista en los años setenta.

La selección creativa del artista mallorquín se articula en torno a tres salas del Museo Patio Herreriano, donde ya tenía presencia en la colección permanente de arte contemporáneo a través de seis obras que se han ido incorporando desde 1989.

Provocación y densidad marcan, en palabras de Enrique Juncosa, el espacio conceptual en el que se mueve el trazo de un artista encuadrado en la generación de Juan Muñoz, Miquel Barceló o Juan Uslé. Las obras más tempranas de la muestra se remontan a 1981 y engloban su época de proyección internacional, en consonancia con la eclosión artística y cultural española mas allá de nuestras fronteras. El interés por escenas y culturas exóticas y mitológicas queda plasmado en rápidos brochazos, formas simbólicas y trazos vigorosos. A este periodo corresponde la serie ‘Dioses’, que Garcia Sevilla resumía ayer como «una visión politeísta tremebunda del Olimpo», ejecutada en acrílico y pigmento con látex sobre lienzo.

Sus viajes por el mundo quedan plasmados en sensaciones pictóricas en las que resuena el eco de conflictos como el palestino, retratando la desolación en forma de edificios a medio hacer y paisajes manchados que emanan negrura, desasosiego. A esta época se asocian lienzos donde la letra cobra protagonismo. Una palabra o una frase incrustadas en escenas pictóricas vienen a reflejar el afán del autor por contar lo máximo con el mínimo grafismo. «Soy una persona muy nerviosa y quiero decirlo todo en una palabra, por eso pongo palabras en algunos de mis cuadros», explicaba ayer el autor.

museo_patio_herreriano_02Al acceder a la segunda sala del museo, el artista advierte a los asistentes que participan en la visita comentada: «A los museos venimos a gozar, no a aprender. Venimos a conmocionarnos si es el caso, y si no, paciencia».

Los cuadros aquí ofrecen el encuentro con otra época creativa donde gana peso el multiculturalismo, el tono más desenfadado y el lenguaje en clave jeroglífica. Objetos cotidianos toman la escena. Zapatos, azulejos, libros, bombillas y partes del cuerpo humano conforman la excusa creativa.

La tercera dependencia clausura el planeta imaginativo del artista dando un giro donde líneas entrelazadas, puntos y trenzados de redes se combinan en composiciones coloristas y sugerentes que descifra como «desencuentros entre personas» en el caso de líneas que surgen paralelas y acaban fundiéndose para volver a disgregarse perdiéndose en la lejanía. La misma que, confiesa, siente hacia teorías interpretativas del arte -«me tienen sin cuidado»- y que le llevan a evitar exponerse al público. «Aquí estoy incómodo», previene a la concurrencia mientras posa ante los fotógrafos dando cuenta de sus invenciones pictóricas.

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