26 septiembre, 2014

El Museo Nacional de Arte de Cataluña, más nacional (e internacional) que nunca

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Hay un dato dramático en el informe del número de visitantes que acudieron el año pasado al Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC): de las 635.917 personas que lo visitaron, el 48% eran extranjeros, el 49% procedían de Cataluña y solo un 3% del resto de España. Como los astronautas del Apolo 13, los responsables del museo exclamaron: «Tenemos un problema». «Nos hemos explicado muy mal, es culpa nuestra». Quien entona el «mea culpa» es Pepe Serra, antiguo director del Museo Picasso de Barcelona, que desde 2012 se halla al frente del MNAC. Ha puesto el museo patas arriba y lo explica con un entusiasmo contagioso. Tenía claro que este museo no podía seguir anclado en el pasado, viviendo de las rentas del Románico y, mientras tanto, el arte catalán mirándose el ombligo. Renovarse o morir. Para llevar a cabo sus ideas –que bullen en su cabeza a la velocidad de ese AVE que coge semanalmente a Madrid para tratar asuntos con el Ministerio o con sus colegas (para 2017 estudia un proyecto con el Prado)– cuenta desde 2013 con la ayuda de Juan José Lahuerta como jefe de colecciones.

El museo atesora una colección de más de 268.000 piezas: 4.822 pinturas, 3.209 esculturas, 2.132 piezas de arte decorativo, 110.000 dibujos, 13.000 fotografías y 135.246 monedas. La joya de la corona del museo, situado en el Palacio de Montjuïc (construido para la Exposición Universal de 1929), es su colección de arte románico, realmente impresionante. Pero también cuenta con importantes colecciones de Gótico, Renacimiento, Barroco (Tiziano, El Greco, Velázquez, Rubens…) y arte moderno. En 1995 pasó a llamarse Museo Nacional de Arte de Cataluña y desde 2004 se exhibía en sus salas una selección de unas 600 obras de arte moderno que dejaba mucho que desear: tanto en la selección de las piezas como en el enfoque museográfico.

«Nuestra mirada no puede ser local. No hay una división entre arte catalán y arte no catalán. Hay Románico en Cataluña y en Asturias, pero no románico asturiano ni catalán. Se trata de explicar la modernidad desde Barcelona para dar una visión del mundo. Queríamos acabar con las limitaciones y crear espacios de libertad. Está Nonell, pero también Zuloaga, Solana y Romero de Torres. Contamos un relato distinto, con una proyección hacia fuera», explica Serra a ABC mientras recorremos las salas junto a él y Lahuerta. En el corazón de una Cataluña donde quieren levantar fronteras, el MNAC, a contracorriente, apuesta por hacerse un hueco destacado en la centralidad artística del país y en el terreno internacional.

Mucha obra inédita

En los 4.000 metros cuadrados de la primera planta se muestran 1.350 obras de 260 artistas, de las cuales solo unas 300 se exhibían anteriormente. Ello da una idea de que un tanto por ciento muy alto de piezas (unas 900) son inéditas o poco conocidas. En tiempo récord (unos seis meses) Lahuerta ha puesto en marcha una vistosa y escenográfica museografía –ha costado 462.894 euros, a los que hay que añadir 427.000 más de adecuación de espacios–. En esta planta se exhibía antes el Barroco, que se muestra, de momento de manera provisional, en la planta baja. Hay un proyecto de futuro muy ambicioso en el que el MNAC quiere crecer hacia la ciudad, ocupando algunos pabellones de la Feria de Barcelona. El objetivo: llevar allí toda la colección moderna, así como las exposiciones temporales. Pero ese proyecto, si fructifica, será dentro de unos años.

De momento, el museo presentaba ayer su remozada y flamante Colección de Arte Moderno. Para su puesta en valor ha contado con la ayuda de la Obra Social «La Caixa». Distribuida en cuatro ámbitos –«La ascensión del artista moderno», «Modernismo(s)», «Novecentismo(s)» y «Arte y Guerra Civil»– y un epílogo (la posguerra), el recorrido arranca en el siglo XIX, con nombres como Fortuny, Casas, Madrazo…, y acaba con Dau al Set. Lejos de limitarse a las artes tradicionales (pintura, escultura, dibujo, grabado), se incorporan al discurso museográfico carteles, ilustraciones, caricaturas, fotografías, cine, arquitectura, artes decorativas… No hay salas monográficas: los artistas, conocidos y desconocidos –hay muchos descubrimientos–, van y vuelven, aparecen y desaparecen, integrados en un contexto nacional e internacional. Así fue como realmente ocurrió. Un complejo relato que aborda, sin complejos, todas las aristas. Sin silenciar ninguna, sea cual sea la ideología.

Aparte de las propias colecciones del MNAC, se han firmado acuerdos de colaboración con el Macba (cede obras de vanguardia de los 50) –no hay conflicto entre ambos museos por el reparto de colecciones–, la Sagrada Familia (13 obras de Gaudí y 9 de otros artistas modernistas), la familia de Josep Maria Jujol (ha hecho un depósito de 8 piezas de mobiliario), la Filmoteca de Cataluña (4 filmes), un coleccionista privado español (carteles de la Guerra Civil)… Son éstos algunos de los puntos fuertes de la colección moderna del MNAC, que quiere ser un referente del modernismo. Pero también un referente del periodo de la Guerra Civil (atesora fondos muy destacados, entre ellos, algunos procedentes del Pabellón de la República Española en la Exposición Internacional de París del 37) y de la historia de la fotografía. No en vano tiene legados tan importantes como los de Joan Colom y Oriol Maspons.

El canon, por los aires

El canon salta por los aires. Son muchas e interesantes las historias que nos cuenta esta colección: nos colamos en los talleres de los artistas, viajamos al París bohemio del cambio de siglo, a la Barcelona modernista de Els Quatre Gats… Entramos en las bellas casas modernistas (se incluyen todas las puertas de un piso de la Casa Batlló); visitamos las Galerías Layetanas –su bodega fue el centro de difusión del novecentismo, como Els Quatre Gats lo fue del modernismo–; admiramos un espléndido políptico, «Retablo del amor», de Romero de Torres (un desnudo femenino luce junto a una monja), rescatado de los almacenes, donde estaba desmontado; una preciosa maqueta de la Tate Gallery realizada por Sert… Recorremos todos los ismos de la vanguardia y constatamos que, como reza su lema, «es un museo que no hemos visto nunca».

Renovación del depósito de la Colección Thyssen

La histórica Colección Thyssen, que adquirió el Estado español en 1993, se halla en el Museo Thyssen de Madrid. Pero una parte de ella está depositada en Cataluña. Primero estuvo en el Monasterio de Pedralbes y después fue a parar al Museo Nacional de Arte de Cataluña. En estos momentos hay 55 obras depositadas en su sede. El acuerdo de esta cesión era por diez años. Se firmó en 2004, por lo que de aquí a fin de año habría que renovarlo. «Hemos empezado ya a hablar con el Ministerio de Cultura», afirma Pepe Serra, quien quiere poner en valor esta selección de obras, que ahora se halla casi «oculta» en el museo. El MNAC cuenta, además, en su colección de arte moderno con dos préstamos de la colección de la baronesa: «La catedral de los pobres», de Mir, y un Torres García.

Por Natividad Pulido en ABC.