27 enero, 2015

El Museo del Prado adquiere la mayor biblioteca dedicada al cuerpo humano

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El Prado se hace con el cuerpo humano, porque con el intelecto no basta. La institución ha adquirido la valiosa biblioteca coleccionada durante más de tres décadas por el escultor, académico y coleccionista Juan Bordes (Las Palmas de Gran Canaria, 1948), uno de los grandes defensores del hombre como el objeto artístico más importante para el hombre. Los cerca de 600 ejemplares que la componen son la fuente de aprendizaje de una enseñanza que parece haber caducado en las facultades de Bellas Artes, la expresión física de la figura humana, pero que es la protagonista de las colecciones que hacen del Prado uno de los mejores museos de pintura del mundo. Y que hasta el momento carecía de este tipo de referencias bibliográficas al cuerpo entre sus documentos.

El artista explica a este periódico que es una biblioteca hecha “con responsabilidad histórica” y que la vende porque “esa biblioteca no era para mí”. Bordes cuenta que esos libros no eran suyos –a pesar de haberlos comprado, El Prado los ha comprado por algo más de un millón de euros- que son parte de un patrimonio universal y que su labor ha sido la de vivir obsesionado con ellos y con reunirlos.

De hecho, asegura que, en este gran relato de encuentros y casualidades que ha sido la busca y captura de las joyas bibliográficas, muchos de ellos ni siquiera están en las 40.000 mejores bibliotecas del mundo y que reunidos todos en ninguna. Porque esto es una idea que le “sopló” el historiador del arte Ernst Gombrich (1909-2001), que habló de recuperar y reunir tratados sobre la figura. Son antiguos tratados, viejas cartillas de dibujo, las anatomías médicas y artísticas, los manuales académicos que ilustran la figura, son lo que se ha llamado literatura artística. El andamio compositivo de los maestros antiguos.

Sí, el esqueleto de sus pinturas y esculturas es el esqueleto del ser humano y este legado iconográfico es esencial para el conocimiento a fondo de las referencias de la expresión física que utilizó cada uno de ellos. Los volúmenes se dividen, según sus intereses, en los principios del dibujo, la anatomía artística, la proporción humana y la fisiognomía. Todas ellas relacionadas, todas autónomas y todas materias esenciales para la aproximación del aprendiz a la representación del cuerpo.

Referencia humana

“Es una bibliografía que ha sido muy despreciada por los propios libreros. No daban importancia a la figura humana y, en muchos casos, arrancaban sus páginas y vendían las ilustraciones sueltas, como si fueran otra cosa. Por eso esta biblioteca es importante, porque son estudios que no se han emprendido, porque son estudios ilocalizables. Por eso he podido componer la biblioteca, porque no el tema no le interesaba a nadie y sólo yo compraba”, cuenta a El Confidencial.

Así fue como llegó a interesarse hace ya casi veinte años por una pieza rara, que salió en una casa de subastas de París. Todos los indicios que había estudiado le llevaban a Rubens, pero eso sólo lo sabía él y la puja fue fácil, a pesar de que no tenía dinero para pagarlo. Recuerda que ni siquiera el Louvre conocía de su existencia. Se trata del cuaderno del viaje del pintor a Italia, pero no el original, que ardió en un incendio salvo una hoja.

El que compró Bordes es, posiblemente, una copia del hijo de Rubens, con dibujos originales del maestro. “Pero eso lo tendrán que determinar los especialistas en los próximos meses”, aclara el escultor. Aquel libro lo utilizaba el pintor flamenco para enseñar anatomía a sus discípulos, por eso “lo más importante son sus textos, porque es la teoría estética de Rubens”. Pues bien, Bordes lo pagó a cambio de otro libro incunable que guardaba para trueque y ahora acompaña a la biblioteca camino del Prado, pero este como donación.

“Es una biografía para reinterpretar la historia del arte”, ni más ni menos. El apoyo documental es posible, dice, a la obsesión de un particular que ha seguido el rastro a un material muy concreto. “Esto no se lo puede permitir hacer una institución pública”. Pero ya era hora de soltar responsabilidad: “Hay mucha gente que me pedía consultarla. Había gente que venía del extranjero a estudiar los libros a mi casa. Que esté en El Prado la convierte en una biblioteca de referencia pública. Son libros muy caros, que no están ni en el mercado ni en las bibliotecas. Por eso mi motivación en la venta no ha sido económica”.

El contenido de la magna biblioteca ya lo desveló Juan Bordes en el libro publicado por Cátedra Historia de las teorías de la figura humana, hace ahora 12 años. En este catálogo podía leerse la curiosa relación que establece el Bordes escultor con el Bordes bibliófilo: “En contra de la conclusión que sacan quienes conocen mis figuras, confieso que mi desconocimiento anatómico es total. Siempre procedo en la construcción de los cuerpos con un sentimiento o lógica anatómica, y nunca a partir de un modelo exterior”. Crear, investigar y coleccionar, un autorretrato.

Su biblioteca desborda su casa después de años acudiendo a subastas y tiendas, en busca de ejemplares únicos hasta sumar un tesoro que ya no le pertenecía. Porque no es la única línea de colección que mantiene abierta durante todos estos años, la otra en importancia es la que reúne a los juguetes de la vanguardia. Construcciones para jugar en la infancia, juegos de niños que cambiaron el sentido de la historia del arte. Una recopilación bibliográfica de más de 500 piezas, que siguen en su casa a la espera de que alguien se interese por ella: “El que debería hacerlo sería el Museo Reina Sofía”.

Por Peio H. Riaño en El Confidencial.