9 diciembre, 2014

El mecenazgo final de Emilio Botín

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El autor: Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (Sevilla, 1599- Madrid, 1660)

Del naturalismo al paisajismo radical

Diego Velázquez fue un pintor barroco, considerado uno de los más grandes de la pintura española y figura indiscutible en la pintura universal. Pasó sus primeros años en Sevilla, donde desarrolló un estilo naturalista para después radicarse en Madrid, donde con solo 24 años entró en la Corte, fue nombrado pintor de Felipe IV y, cuatro años más tarde, encumbrado a pintor de cámara, el cargo más importante entre los pintores del rey, del que llegó a ser muy amigo. A esta labor dedicó el resto de su vida. Murió el 6 de agosto de 1660.

1. Los protagonistas: una familia modesta. La gran composición titulada Educación de la Virgen muestra a una Virgen María muy joven junto con su madre, santa Ana, quien le enseña a leer en compañía de su marido: san Joaquín. En esta obra, Velázquez sitúa a la santa familia en un ambiente sombrío, hoy incompleto: el lienzo ha sufrido cambios en su formato, a juzgar por el ángel cortado en la parte superior del cuadro, y los fragmentos de un perro y de un gato en la parte inferior.

2. Las pruebas: técnicas y pigmentos de la época. Varias pruebas técnicas permiten fechar la realización del cuadro hacia 1617, cuando Velázquez estaba saliendo del taller de su maestro, Francisco Pacheco. Se sabe que lo pintó sobre la típica preparación parda conocida como ‘barro de Sevilla’ que más tarde abandonó; se sabe también que, como en otras de sus obras sevillanas, mezcló azurita y ocre para sustituir un pigmento verde real en la ropa de san Joaquín.

3. El lugar: como en casa. La escena presenta un entorno propio de un hogar, cálido, rodeado de detalles domésticos: una mesa baja cuyo cajón abierto deja ver varios objetos. Sobre ella, un plato y un cuenco con caldo. San Joaquín sujeta, en su mano izquierda, un cesto con huevos. Un perro y un gato adormilados completan la escena plácida. Esta obra es también llamada ‘el Velázquez perdido de Yale’, por haber sido hallada en el sótano del museo de la Universidad de Yale en 2010.

4. La luz: naturalismo tenebrista. La iluminación del primer plano de la escena procede de dentro del espacio, que hace que sus protagonistas emerjan de la oscuridad. Ilumina la frente de la niña con especial brillo y se refleja en el blanco del velo de santa Ana, en el libro y en algunas otras superficies claras, dejando el resto de la escena en la sombra. Esta iluminación tenebrista es característica de sus primeros años en Sevilla, influenciado por Caravaggio y sus seguidores.

5. La Virgen María: una alumna ficticia. Pese a ser una escena educativa, nadie atiende al libro. Los adultos se miran entre sí, y la niña contempla al espectador mientras su dedo finge recorrer las letras que forman las palabras. Esta representación podría ser una reacción a la crítica que su maestro hizo a otros artistas, quienes decía Pacheco habían osado representar a la Virgen aprendiendo a leer cuando ella, por su privilegiado rango, no necesitaba ser enseñada.

6. Pincelada: de una mano joven. La mano de Velázquez se aprecia en las pinceladas: largas y sueltas en los pliegos de las vestimentas, que caen con peso propio y dibujan paisajes insólitos por todo el lienzo en especial sobre los mantos del ángel, de santa Ana y de la niña; o cortas y profundas en las arrugas de la frente de san Joaquín, similares a las de otro personaje de su obra Almuerzo, expuesta en el Hermitage y para la que es probable que haya contado con el mismo modelo.

Para saber más: Espacio Santa Clara. Calle Becas, s/n. Sevilla. Hasta el 15 de enero de 2015. Más información: http://espaciosantaclara.org.

Por Suzana Mihalic en XL Semanal.