19 mayo, 2014

El Macba comienza su revolución desde el interior

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En todos los armarios se esconde algún esqueleto. Así lo sintetiza el apacible interior de un piso burgués con su gran chimenea y su convencional papel de pared, habitado por un oso embalsamado más patético que amenazador. La obra, creada en 1981 por Carlos Pazos, abre el recorrido de La herencia inmaterial. Ensayando desde la colección, primera entrega de Aquí comienza nuestra historia, un tríptico expositivo, que a lo largo de dos años irá desgranando la historia de la década de 1980, a partir de los fondos del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona. “Pazos es una figura esencial para el arte español de aquellos años y esta pieza cáustica, triste, histriónica, autorreferencial e irónica, sintetiza perfectamente el espíritu de la época”, explicó Valentín Roma, comisario de la muestra, encargado por el director del Macba, Bartomeu Marí, de llevar a cabo el resetdel museo, junto con Beatriz Preciado, comisaria del próximo montaje de la colección.

La herencia inmaterial toma su título del libro homónimo de Giovanni Levi, teórico de la microhistoria, una rama de la historiografía que se centra en las micro rupturas y los procesos casi inadvertidos, más que en los macro eventos y las efemérides obligadas. De allí que la muestra ofrezca una visión menos previsible y un relato más personal, tan sólo sacando aspectos menos celebrados de artistas más que conocidos o extrapolando algunas obras de su contexto habitual. Es el caso de Bruce Nauman, presente con una serie de litografías en vez que sus célebres vídeos o de Joan Ponç que no aparece en el marco del Dau al Set, sino junto con Tony Oursler, Hans Peter Feldmann y Javier Codesal. Pese a que se incorporó al fondo a finales de los 90, también es casi desconocida la obra de Joseph Beuys: la bandera de la Free International University for Creativity, un gran proyecto colectivo de creación y aprendizaje, realizado junto con el Nobel de literatura Heinrich Böll. La pieza se exhibe en el apartado dedicado a la autorreferencialidad, uno de los más densos, que reúne también los retratos de Martin Kippenberger, cuando estaba en Sevilla, a la condesa de Alba y de Romanones, la revisión de las performances de Vito Acconci a manos de Mike Kelley y Paul McCarthy y una impresión de Muntadas que parodia el revival de la pintura.

En la selección de 109 obras, de las que una decena pertenecen a la colección de la Fundación La Caixa actualmente depositada en el Macba, haya muchas que no se han exhibido antes. “Más que sacar el inédito, nos interesa establecer nuevas relaciones”, aseguró Roma, que ha resumido los aspectos principales de los años 80 en seis ámbitos temáticos, salpicados por publicaciones diversas, que ilustran la evolución del panfleto de los 70 hasta el blog de finales de los 90.

La muestra cuenta además con varias piezas sonoras, empezando por la Misa Flamenca de Enrique Morente, que no funcionan como hilo musical, sino que tienen entidad de obras autónomas. La música se convierte en protagonista principal sólo en la última sala, donde se pueden escuchar diferentes compilaciones que abarcan desde el Rock Radikal Vasco hasta la Ruta del Bakalao, pasando por el pop aflamencado.

El recorrido ofrece también algunos aperitivos de lo que vendrá: un despliegue importante de piezas anticlericales de Brossa, cuya esperada retrospectiva ha sido aplazada a 2017, obras de Miralda, que tendrá su personal a finales del próximo año y de Art & Language, protagonistas en septiembre de la última muestra en el Macba del ex conservador jefe Carles Guerra.

Valentín Roma presenta también El ojo escucha. Eugeni Bonet: pantallas, proyecciones, escritos, una muestra que repasa la trayectoria de Bonet como comisario, artista experimental y teórico, a través de una selección de sus programaciones audiovisuales, sus películas y film-esculturas y sus escritos desde 1975 hasta la actualidad. “La muestra, que ha sido concebida como un zoom de la colección, marca una escala de revisión, más reducida pero también más intensa de la antológica, ideal para el tipo de figuras y obras que queremos reivindicar”, concluyó Roma.

Para que el público pueda disfrutar el alud de proyecciones, el Macba inaugura una nueva política de precios: con una entrada se podrá acceder a lo largo de todo el mes cuantas veces se desee.

Por Roberta Bosco en El País.