29 septiembre, 2016

El Liceo pide cuatro millones de euros para asegurar su viabilidad

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El teatro arrastra una deuda crediticia de 15 millones

El teatro del Liceo barcelonés se presentaba hace tres años como un gran buque que navegaba por un mar lleno de escollos que estaban a punto de llevarle a la suspensión de pagos. Remontada la situación, el Liceo, si desea seguir siendo el teatro de ópera que es, requiere de una inyección de recursos que plantea el director general del teatro, Roger Guasch, en el marco del Plan Estratégico de Sostenibilidad hasta 2021 en el que trabaja.

Así, el Liceo demanda una aportación extra anual de cuatro millones de euros a las administraciones de su consorcio: Ministerio de Cultura, Generalitat y Ayuntamiento de Barcelona. Y así lo reconocieron todas en la comisión técnica que ha trabajando en ello desde febrero. El teatro arrastra una deuda crediticia de 15 millones.

En las últimas tres temporadas, el Liceo ha revertido los cierres en los que acumulaba déficits y ha pasado de los números rojos de 4,3 millones de euros del ejercicio 2012-2013 o los 3,9 millones de la siguiente a cerrar 2015-2016 con un ligero superávit de 26.000 euros. “En estos tres años hemos hecho los deberes en cuanto al incremento de actividad del teatro y con ella los ingresos propios y también hemos remontado el mecenazgo aunque ahí tenemos que avanzar más”, reconoce Guasch en una conversación en su despacho en el que no caben más gráficos. Se ha pasado de una ocupación media del 79%al 86% de la última temporada con un público que rejuvenece: de una media de 57 años a 52. Lo que le cuesta más es crecer en patrocinio. “La temporada se ha cerrado con ingresos por mecenazgo de seis millones de euros, un 14% de los ingresos del Liceo”, detalla Guasch.

Lo que puede colocar al teatro, de nuevo, en serias dificultades es lo que denomina un “déficit estructural” por la deuda financiera que arrastra de 15 millones de euros y por el obligado pago de las pagas extraordinarias atrasadas de tres años a los trabajadores, que obliga a una dotación extra de un millón de euros anuales hasta 2021. Una cantidad a la que hay que añadir el pago de 2,5 millones de euros cada año (hasta 2016 solo pagaba 800.000 euros anuales en intereses) por la deuda bancaria y otros 600.000 para afrontar inversiones vitales del teatro.

“La conclusión de la comisión es que es un déficit estructural que requiere una aportación extraordinaria de las administraciones de cuatro millones de euros anuales en los próximos años”, explica Guasch. De ellos, tres debería aportarlos el Ministerio de Cultura, al que por estatutos le corresponde el 45% de las subvenciones públicas pero que desde la temporada 2012-2013 no ha ido más allá del 37%, según el Liceo.

“Complicada situación”

“El diagnóstico es claro; ahora hace falta voluntad política: no podemos recortar más si el teatro debe seguir siendo lo que es y mantener la calidad artística y técnica”, subraya Guasch, que se queja de que la coyuntura política actual del Gobierno es una traba. Algo así confirma el ministerio, que alega que la “complicada situación política” imposibilita tomar decisiones como una aportación extraordinaria. Subrayan, no obstante, que Cultura hizo una aportación extra de 4,1 millones de euros en 2014 dentro del plan de viabilidad del teatro. “El Liceo debe obtener más ingresos por mecenazgo y buscar otras vías de financiación”, explican portavoces del ministerio que ponen como ejemplo el Teatro Real: “La dependencia del Real de las subvenciones es del 30% y la del Liceo bordea el 50%”. Y añaden que el Liceo tendrá los máximos beneficios fiscales al mecenazgo hasta 2019, medida extraordinaria aprobada por el pasado Consejo de Ministros.

Las administraciones catalanas refrendan su compromiso. La Generalitat aportará la parte que se determine del millón de euros. La Diputación de Barcelona también manifiesta esa voluntad. Y el Ayuntamiento, la suya con el 10% que le toca por estatutos. Mientras, el Liceo se prepara para arrancar la temporada con Macbeth (Verdi) el 7 de octubre.

Por Blanca Cia para EL PAÍS