7 diciembre, 2010

El jardín del pintor en Eragny de Camille Pissarro

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Laura Pais Belín

Autor: Camille Pissarro.
Cronología: 1898.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Localización: National Gallery of Art Wasshington.Actualmente en la Exposición “Jardínes Impresionistas” del Museo Thyssen en Madrid

joyaA lo largo del desarrollo de la pintura en el siglo XIX podemos ver una persistente inquietud, la preocupación por la luz. Lo apreciamos en los pintores románticos con la búsqueda incansable de intensos encuadres lumínicos, lo advertimos en la utilización tan lírica que hacían de ella los maestros de la Escuela de Barbizon en sus bucólicos paisajes.

Pero esa profunda búsqueda tendría su culminación en el último cuarto de siglo a través de una serie de inquietos pintores que formarán el grupo Impresionista. Serían capaces a través de sus audacias técnicas de plasmar en sus obras la mezcla perfecta entre visión y luz. Logrando una captación de la luz que variaba según la hora del día que quisieran plasmar en la obra o según las circunstancias atmosféricas. Una luz que creaban mediante toques cromáticos sueltos. Puesto que a través de la mancha rápida  estos pintores conseguían las vibraciones de la atmósfera, y por todo ello eran grandes defensores de la pintura al aire libre.

El grupo impresionista estaba formado por personalidades tan dispares como Renoir, Monet, Degas, Pissarro o Sisley, todos ellos tenían algo en común buscaban renovar el panorama artístico alejándose de las normas encorsetadas del momento, por lo que no dudaron en desafiar el arte impuesto por la Academia Francesa y los Salones. Crearon una nueva visión del arte relacionada con la vida moderna y la percepción visual inmediata. Y todo ello se dio en un lugar increíble, el Paris de finales de siglo, que en aquel momento asesoraba el reconocimiento de ser la capital cultural de Europa.

Por entonces entre los pintores más avanzados prevalecía el interés por la pintura de paisaje, ya que este género les permitía pintar directamente del natural, e irse alejando de las regias normas de la Academia.

Entre todos los artistas que formaban el grupo, a la hora de hablar de paisaje nos detendremos en la figura de Camille Pissarro. Artista de gran rigurosidad y coherencia, elegiría la naturaleza como objeto pictórico, convirtiéndose en el gran paisajista del grupo. Pintor constante aportaba unidad a los Impresionistas. Bondadoso y con gran habilidad para el trato humano sería capaz de por lo menos hacer más fácil la existencia del grupo.

Humilde y de carácter afable, era el mayor del grupo y el que conseguía mediar entre los conflictos internos de sus compañeros. Se mantuvo siempre fiel a ellos y fue el único que participó en todas sus exposiciones colectivas. Destacaba por su poca vanidad y  mantuvo fieles seguidores a lo largo de toda su carrera. Mentor de artistas, siempre abierto a planteamientos renovadores, supo apreciar los avances de la pintura, apadrinó a un artista tan peculiar como Gauguin, comprendió los nuevos hallazgos de Cézanne y supo ver antes que nadie el gran potencial de Van Gogh.

Aunque el sueño de su padre era que se dedicase al mundo de los negocios, Pissarro desde niño quiso hacer carrera artística, por eso aunque nació en las Indias Orientales con veinticinco años se instaló en París y allí se dedicó plenamente a la pintura. Asiste a clases a la Academia de Bellas Artes y a la Academia de Jules Suisse, donde se relacionaría con Monet y Cézanne. Su punto de partida y su gran maestro sería Corot, considerado uno de los mejores paisajistas de la época. Y es que aunque después siguiese su propio camino, en toda su trayectoria seguiría fiel a uno de los consejos de su maestro, conseguir el volumen a través de contrastes entre zonas de luces y sombras, puesto que así conseguía la tridimensionalidad sin la utilización de perspectiva.

Pero con el tiempo se irá alejando de la influencia de Corot, lo que hace que su obra en aquella época no tenga buena acogida en el Salón, porque sus temas se consideraban vulgares y burdos, pero también despertará la completa admiración de jóvenes pintores y de escritores del momento como Zola.

Pasará una temporada en Londres junto a Monet, conocería el paisaje inglés y la figura de Turner, su influencia haría que su técnica se vuelva más suelta y de gran ligereza cromática

Así partiendo de los consejos de Corot, envuelto siempre de las novedades impresionistas y aportando su visión del paisaje inglés de Turner, Pissarro fue creando su propio estilo de forma tenaz y al que siempre permanecería fiel. Su paleta de colores al principio era un poco oscura pero poco a poco los pardos y el negro van desapareciendo de su paleta para recrearse plenamente en todos los colores de la naturaleza.

Camille Pissarro se caracterizó en su trayectoria vital y artística por permanecer siempre fiel a sus principios. Se le considera el pintor de lo sólido, de lo terrestre, de la iluminación uniforme, que la muestra a través de los caminos, los árboles o los tejados  a lo largo de todas las estaciones del año. Su obra ha pasado a la historia como el tándem perfecto entre la tradición del paisaje más clásico de Corot y la actitud de los pintores más modernos de su época.

Buscaba aprovechar todas las oportunidades que le daba pintar al aire libre. Y quizá la obra “El jardín del artista en Eragny” es un claro ejemplo de la frescura y espontaneidad de este tipo de pintura. Pertenece a una etapa muy tranquila de la vida del maestro, el momento en el que se traslada a Eragny, alejado de París e inmerso en la vida tranquila y apacible junto a su familia. Por entonces prestará mayor atención a la figura humana en escenas de la vida cotidiana en el campo, se acerca a la vida rural, pero aunque aparezca la figura no alterará su estilo ya maduro.

Recupera uno de sus temas favoritos, el huerto trasero de su casa en el que trabaja una mujer que se funde en una composición vibrante llena de luz y de color. Una escena cotidiana y cercana, en la que muestra una frescura increíble a través de su paleta de colores en la que se recrea con el manejo de la luz. Y en la que su pincelada se ha vuelto más libre, ya que es al mismo tiempo es más corta más jugosa y por supuesto más cargada de luz. Como podemos apreciar en este lienzo nunca llegó a perder la solidez de la composición, pero va prestando mayor atención a como influyen unos tonos sobre otros, y también destaca como ha conseguido que su pincelada se vuelve cada vez más fragmentaria pero también  más empastada y más cargada de materia. El buscaba de alguna forma poder frenar los efectos disolventes de la pincelada y la materia que se mostraba en el lenguaje impresionista, mostrando en el cuadro ese carácter de inmediatez y un aire compacto.

Crea el cuadro a base de mezclas complicadas de color que aclara con la utilización del blanco porque así conseguía una tonalidad general luminosa. Y el protagonista como siempre el verde, que es el color que predomina en su paleta y para él el color del paisaje.

Dato curioso es que el artista rechazaba el uso del barniz, algunos críticos de la época se quejaban de la densidad del toque de Pissarro y de la utilización exagerada del azul y el verde, decían que sus cuadros eran monótonos, mientras que muchos otros admiraban estas características, muestras de un trabajo serio y perseverante.  Para conseguir este acabado el maestro se vería obligado a cultivar una superficie mate, porque rechazaba el uso del barniz  ya que sabía que con el tiempo se oscurecía y cambiaría el cromatismo del lienzo, incluso se sabe que en el reverso de un cuadro dejaría escrito”Por favor, no barnice este cuadro”. Quizá sería éste uno de los pequeños secretos de uno de los grandes maestros de la luz y del color.

Pero si hay algo que destaca en su obra es la intimidad sincera que consigue en sus escenas de naturaleza. Cuadros como éste en el que la serenidad, la quietud, el detalle, la atmósfera, nos acerca de lleno a la obra de un artista que era capaz de percibir a través de su mirada el justo momento de vida en la naturaleza. Una escena cotidiana pero llena de frescura, cercanía y vida.
A lo largo de su carrera nunca perdió el entusiasmo y su pasión por el espectáculo de la vida que se mostraba en cada uno de sus lienzos con una ligereza y belleza inolvidables.