21 junio, 2010

El inicio de la gesta de la Reconquista

cabeceras_Covadonga

Rafael Vidal

Doctor en Historia por la Universidad de Granada

A MODO DE INTRODUCCIÓN
01_covadongaLa información existente sobre cualquier hecho histórico es enorme, yuxtaponiéndose en Internet versiones dispares del mismo acontecimiento, sin saber el lector, en muchas ocasiones, cuál es la verdadera.

La red de redes ha supuesto el mayor avance conocido en la sociedad de la información. Hasta fechas recientes, la elaboración de una investigación histórica, exigía muchas horas de búsqueda en archivos llenos de polvo, leyendo legajo tras legajo, hasta encontrar una supuesta verdad histórica, aún recuerdo los años de mi tesis, deambulando de un lado para otro, desde los archivos del norte, pasando por el general del Ejército en Segovia, Simancas, Madrid, los del Campo de Calatrava y en hemerotecas diversas, y además con suerte, como me comentaban mis compañeros de doctorando, dado que el personaje de mi investigación había vivido en el siglo XIX, un ayer en la historia.

02_covadongaLos historiadores decimos que cada hito histórico que sacamos a la luz, debemos de exponerlo, como mínimo a dos criterios: uno el de la credibilidad de la fuente y otro el de verosimilitud de la información obtenida. Como ejemplo de lo anterior, se muestra con este recuadro, la portada de un libro, propiedad del autor (lógicamente es un facsímil), sobre el cual, durante muchos años, se ha considerado como la “verdad” de lo que ocurrió en los años 711 y posteriores, debido a su “antigüedad”, escrito, según parece durante los siglos XV o XVI, y traducido al castellano en 1606. Es decir ¿se puede considerar fiable y creíble una fuente que ha narrado unos hechos acaecidos ochocientos años antes y que además no señala sobre las que ha bebido? La realidad es que, varios historiadores que han estudiado el texto, lo consideran como un relato libre, de un escritor español, es decir como las novelas históricas que pululan hoy por doquier y a las que tan aficionados somos. ¿Qué verdad se puede obtener de ellas? Entramos con ello en lo que designa como verosimilitud, ¿es verosímil lo que se narra?

Pues bien, debido a la cantidad de información que disponemos en Internet sobre cualquier hecho, y con objeto de no repetir, desde estos recuadros de la historia, ya se expuso en los primeros, pero volvemos a reiterarlo, se pretende presentar una escena o acontecimiento histórico, desde un punto de vista, al que podríamos denominar “original”, haciendo hincapié y presentando al lector, aspectos no difundidos y que por lo tanto pueden ser de su interés.

Hecha esta introducción/aclaración, podemos iniciar la lectura:

03_covadongaLa leyenda es fabulosa y en los anales históricos y mucho más en los propios libros de historia, aparece un hombre -ungido por la mano de Dios, con una mentalidad de la restauración de la monarquía visigótica y con una conciencia de lo que se debía de hacer en los próximos siglos-, Pelayo, el cual al frente de unos cientos de caballeros y apoyados por otros tantos lugareños y venidos de las tierras recién conquistadas por el yugo musulmán, se enfrentan con éxito en el 716 (según algunos datos), a un formidable ejército árabe, que Tariq envía al frente de uno de sus lugartenientes, Munuza. La derrota se produce en las montañas de Covadonga, cuna desde entonces de la nación hispana.

Siendo todo cierto, es preciso clarificar las escenas, no para dañar la génesis de España, al revés para dignificarla y amarla, al mismo tiempo que se amplia ese sentimiento sobre la independencia del invasor, no sólo a Asturias, cuyo nombre es posterior, sino a Navarra y Aragón, que también iniciaron en aquellos años la “reconquista”, aunque como Castilla asumió a partir de los siglos XII y XIII el liderazgo cristiano en la península, hizo parecer la unicidad de ese movimiento reconquistador.

05_covadongaEn aquellos años oscuros del siglo VIII, Mahoma y sus seguidores no se veían por parte de los cristianos como una religión distinta y enemiga, sino como una rama de la Iglesia de Jesucristo, similar a la arriana, la cual negaba la divinidad de Cristo, hijo de Dios, pero como hombre, el más perfecto que se pudiera pensar. Mahoma considera a Cristo el último “profeta”, también para él es perfecto, lo mismo que su madre, María. Los visigodos habían sido arrianos durante siglos, tras la invasión de los árabes, desde una vertiente doctrinal volvían en cierto modo a sus raíces religiosas, de ahí la rapidez con que los invasores ganan adeptos entre la clase gobernante goda. Existen testimonios escritos de los primeros siglos del mahometanismo en donde se tenía esta perspectiva desde el cristianismo. Las diferencias, ya insalvables, entre ambas religiones, empiezan a manifestarse a partir del siglo XI.

Planteada de esta forma la situación entre invasores e hispánicos, se aclara perfectamente el rápido desmoronamiento de la estructura visigótica y la imposición del nuevo orden islámico. La mayor parte de la clase dirigente goda -teniendo en cuenta que los hispano-romanos constituyen la gran masa social, varios millones de habitantes, los cuales laboran la tierra y atienden a las “industrias artesanales” y a la construcción, siguen ajenos a las estructuras de poder, manteniéndose fieles a las creencias religiosas de sus ancestros-, se convierten al mahometanismo.

Los sucesivos emires musulmanes eligen para dirigir los territorios a los antiguos gobernantes godos, entre ellos Munuza, que es elegido gobernador de las tierras astures. Munuza, se nos presenta como árabe o bereber cuando no lo era, sino godo convertido a la nueva religión.

Uno de los subordinados de este gobernante es Pelayo, sin conocerse si había también profesado la nueva religión o se mantuvo fiel al Papa de Roma, pero desde luego, estuvo durante varios años manteniendo el orden y la tranquilidad, dentro de la nueva situación política.

Dice la leyenda que Pelayo tenía una hermana de gran hermosura, pretendida por Munuza, el cual para hacer más fácil su conquista, envió al primero a la corte del emir:

“…violenta pasión de Munuza, el gobernador de Gijón, por una hermana de D. Pelayo en edad muy florida y de hermosura extraordinaria, con la que aquel se unió, aprovechando la ausencia de D. Pelayo, á quien antes acordó, con muestra de amistad, enviarle a Córdoba sobre ciertos negocios al capitán Tariq, que aún no era pasado en Africa. Esta afrenta de su hermana y deshonra de su casa fue la que decidió á Pelayo; y después de regresar de su embajada y haber disimulado algún tiempo su enojo hasta mostrar que holgaba de lo hecho para lograr ocasión favorable á su venganza, recobró su hermana, huyó con ella, y en el valle que hoy se llama Cangas, y entonces Cánica, tocó tambor y levantó estandarte” 1.

1. OLAVE Y DÍAZ, Serafín. “Reseña histórica y análisis comparativo de las Constituciones Forales de Navarra, Aragón, Cataluña y Valencia”. Madrid, 1975. Pág. 17. Olave cita al padre Mariana como origen de sus reflexiones.

06_covadongaTenemos pues la causa del levantamiento de Pelayo, nada patriótica, sino personal, de afrenta a su casa. Tal vez Munuza ya tenía esposa, pero como la nueva religión permitía más de una, quiso también disponer de la hermana de su subordinado:

“Cosa muy cierta que D. Pelayo vino á ser muy gran privado de este gobernador (Munuza), tanto que comunicaba con él los negocios de más importancia, como refiere Morales, el Obispo de Veja, el de Toledo y el de Tuy” 2.

2. OLAVE Y DÍAZ. Ob. Cit. Pág. 18.

Pelayo se hace fuerte en las agrestes montañas de los Picos de Europa, en la cumbre de Covadonga, hasta donde su antiguo superior se dirige con una fuerza, más de policía que militar, para hacerlo volver a la obediencia y recuperar también a su nueva esposa.

No se conoce la fecha del enfrentamiento, seguramente en los alrededores del 720, lo cierto es que Munuza tiene que retirarse. El emir de Córdoba se encuentra inmerso en la conquista de las Galias, a más de tener que hacer frente a las sublevaciones musulmanas del territorio, sin dar importancia a aquella acción menor, que en nada supone que humille su autoridad.

07_covadongaExiste otra versión de la situación en Asturias:

“…Munuza berberisco quizá, como Tariq, se prendó de la hermana del antiguo espatario de Rodrigo y que, para triunfar en sus amores, envió a Pelayo a la capital del emirato. Tradiciones árabes igualmente remotas y fidedignas le presentan como rehén en Córdoba” 3.

3. SÁNCHEZ ALBORNOZ, Claudio. “Orígenes de la Nación Española. El Reino de Asturias”. Biblioteca de la Historia. Madrid, 1985. Pág,s. 95 y 96.

Poco cambia la historia en la nueva versión. El combate de produjo, según Sánchez Albornoz en el 722. La guerra civil a la que durante más de treinta años se enfrentaron los emires del Califa de Damasco, impidieron que se redujera a la obediencia a los rebeldes asturianos.

Ante la imposibilidad de defender y mantener el orden en todo el territorio peninsular, los emires deciden replegarse a la línea del Duero, dejando un desierto entre las montañas norteñas y la provincia musulmana. El milagro se ha producido y en los valles astures y gallegos se empiezan a concentrar los cristianos del valle del Duero, obligados a emigrar por la política de tierra desértica del gobierno de Córdoba.

La historia dice que Pelayo no tomó el título de rey. No lo hizo porque no podía hacerlo, aunque a sus sucesores, elegidos según la tradición visigótica, la historia los reconoce como tales, de ellos hablaremos en otro recuadro de la historia.

La “famosa batalla de Covadonga”, inicio de la nueva España, no fue tal, sino un simple combate entre cientos de godos. Las casualidades hicieron el resto y unas tierras peninsulares quedaron libres de la dominación musulmana, creándose en ellas una rudimentaria administración bajo la autoridad de Pelayo y sus sucesores, iniciándose la “gesta de la reconquista”.

¿Puede desdecir este razonamiento histórico la gloria de la fundación del reino de Asturias? Rotundamente no, porque en este caso, lo verdaderamente maravilloso y sorprendente es que tras un combate, sin llegar a la entidad de batalla, se consiguiera por parte de Pelayo, no sólo el objetivo táctico de detener a Munuza, sino el estratégico que el poderoso emirato musulmán, se olvidara de aquel conjunto de hombres y tierras, que como indica certeramente con Claudio Sánchez Albornoz, fue el origen de la Nación Española.

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