28 junio, 2010

El Imperio Romano

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Rafael Vidal

Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Figura_1¿Cuándo desapareció el imperio romano? Si lanzamos esta pregunta al aire seguramente recibiríamos muchas respuestas y la mayoría de ellas se centrarían en el derrocamiento de Rómulo Augústulo en el 476, de nuestra era, por Odoacro, rey de los hérulos, el cual se apoderó de la península italiana, remitiendo las insignias imperiales al emperador de la parte oriental, cuya capital era Constantinopla (hoy Estambul).

En un reciente debate con profesores universitarios, planteaba que con la Unión Europea había resurgido el imperio romano, lo cual encendió la controversia, aunque al final, la mayoría de ellos, llegaron a aceptar la tesis, bien que colocándose en una perspectiva histórica de dentro de varios siglos, es decir la forma de narrar el tiempo actual desde la dimensión que proporciona los años transcurridos desde que pasaron los acontecimientos.

Lo que me sorprendió fue la falta de definición sobre la perdurabilidad del imperio, recordándoles que Napoleón I, fue coronado emperador como sucesor de Carlomagno. Que el general corso restauró el imperio romano de Occidente, que a su vez se había restaurado en el año 800.

Figura_2No es cuestión de entrar en definiciones complejas de los conceptos “imperio” y “emperador”, en realidad en la antigua Roma, el que ejercía el “imperium”, es decir el poder en un territorio, y fundamentalmente sobre un ejército, era denominado “imperator”, teniendo ambas palabras procedencias republicanas, porque así eran utilizadas por la llamada República Romana. Con Octavio Augusto se inicia el llamado Imperio Romano, designándose a partir de entonces como emperador, al primer magistrado, el cual asume sucesivos títulos, pero entre ellos el de jefe de los ejércitos.

Aunque desde la distancia se observa una ruptura con el pasado la entronización de Octavio como emperador, no lo sintieron, sus contemporáneos, como tal, porque seguía existiendo la misma estructura política y de hecho el emperador lo era de la “República Romana”.

Augusto, fue un título conferido por el senado a Cayo Julio César Octaviano, palabra con la que sólo se designaban a los dioses, principalmente a Júpiter, ostentándolo desde entonces, el emperador, su madre y su esposa.

Figura_3“César”, el segundo nombre de Julio César, tío abuelo de Octavio Augusto, se convirtió en un título imperial, solamente ostentado dentro de la llamada “familia del emperador”, siendo, por supuesto, el primer césar, el propio emperador. Este título ha pasado a la historia identificándolo con el de emperador, como podemos ver en Rusia y Alemania: Zar y Kaiser, considerándose los creadores de los dos imperios como sucesores de los emperadores romanos, el primero parte oriental y el segundo occidental.

Tras el laberinto anterior, es bueno establecer de forma cartesiana una cronología, para conocer los hitos del imperio romano, su supervivencia en el tiempo y la posibilidad de considerar a la Unión Europea como su sucesora.

Figura_4Si tomamos como hito inicial la instauración del imperio romano con Octavio Augusto, podemos indicar que con tal estructura, bien que con diferencias territoriales, se mantiene hasta Teodosio I el Grande, en el año 395, en el que divide el imperio entre sus dos hijos, la parte oriental para Arcadio y la occidental para Honorio.

Un siglo antes, Dioclesiano había dividido la gobernación del imperio, que mantiene su unidad, en dos augustos y dos césares, intentado de esta forma controlar todo el territorio de la presión de los pueblos exteriores y al mismo tiempo asegurar una transición tranquila, cada vez que fallecía un augusto, le debía de suceder uno de los césares. La verdad es que el sistema no funcionó y el imperio entró en una fase de anarquía, que por otra parte ya había sucedido en el pasado, hasta el advenimiento de Constantino, el cual contuvo la descomposición y trasladó la capital a la “nueva Roma”: Constantinopla.

A la muerte de Honorio, hijo de Teodosio, en 423, se suceden en Occidente, nueve emperadores, todos desaparecidos por asesinato, hasta que Odoacro, destituyó a Rómulo Agústulo y envió las insignias imperiales a Constantinopla, declarando que un solo emperador bastaba para gobernar al mundo

El imperio romano de oriente, nunca mejor dicho se “orientaliza”, recogiendo el boato y la divinidad de los reyes persas. Comienza a denominarse al emperador, “basileus” y al imperio “bizantino”, por ser Bizancio la ciudad sobre la que Constantino creó su capital.

Figura_5La ficción creada de volver a la unidad imperial, a pesar que los reinos bárbaros, que se habían aposentado en el occidente europeo, dio pie a los basileus griegos a pensar en someter a su jurisdicción a estos reinos y pueblos, lo cual comenzaron a realizar cuando sus distintas fronteras se encontraron suficientemente protegidas.

Justiniano I, que ha pasado a la historia como “el Grande” e incluso como santo de la Iglesia Ortodoxa, fue en realidad un débil gobernante, teniendo el mérito de saberse rodear de políticos y militares de gran valía, apoyado por su esposa la emperatriz Teodora. De esta forma sus generales Belisario y Narsés sometieron a gran parte del antiguo imperio romano, desde el sur de la península hispánica, norte de África, e Italia. A Belisario, personaje poco conocido históricamente, pero de gran valía militar y enorme lealtad al imperio y a su señor, le dedicaremos un recuadro de la historia.

La restauración del imperio romano fue un espejismo, dado que en poco tiempo, manteniéndose unido, aunque con pérdidas territoriales, la parte oriental, todo el occidente quedó dividido en monarquías medievales.

Desde la época de Constantino, el cristianismo se hace la religión oficial del estado, de tal forma que todos los que no la profesan, entraban en la sospecha de ser enemigos del mismo. En realidad, la intransigencia no era religiosa, sino política. Siglos más tarde, esta misma intransigencia, se produjo en España con la expulsión, primero de los judíos y musulmanes del reino de Granada y posteriormente de todos los moriscos, siendo una decisión política de Isabel I de Castilla, no por su amor a su religión, sino por seguridad, no queriendo que en sus estados existiera una “quinta columna”, que pudiera abrir las puertas a una nueva invasión mahometana, del pujante imperio turco, que se expandía a pasos agigantados por todo el Mediterráneo.

Figura_6La religión oficial se sustentaba en una diarquía espiritual: el Papa de Roma y el emperador. El traslado de la capital del imperio occidental a Ravena, originó un distanciamiento y una disminución del poder del papado, acentuado cuando quedó como único emperador el de Bizancio.

El hecho que un imperio culto, como el bizantino, con una capital de más de un millón de habitantes, la más grande del orbe, estuviera sometida espiritualmente a otra, de unas decenas de miles, los cuales elegían al Papa de la Cristiandad, creaba tensiones religiosas, políticas y sociales de toda índole.

Pepino el Breve, rey de los francos, apoyó al Papa Esteban, incluso le hizo donación de un territorio que con la denominación de “Estados Pontificios”, ha perdurado hasta bien entrado el siglo XIX. Esta donación se basaba en otra que supuestamente había efectuado Constantino.

Carlos, hijo del anterior rey de los francos, que ha pasado a la historia con el sobrenombre de “magno” (Carlomagno), siguió apoyando al Papa frente a terceros, incluso contra el imperio de oriente, siendo coronado emperador el día de navidad del año 800, abrogándose el Papa León III la atribución de designar, por la “gracia de Dios”, al defensor de la Cristiandad, como “imperator augusto”. El hecho causó indignación en Constantinopla, pero en el año 812, se firmó un acuerdo entre los dos emperadores, reconociéndose mutuamente y asumiendo que el imperio romano, permanecía dividido en dos partes, una occidental y otra oriental.

Figura_7Los reyes merovingios y en general todos los medievales, tenían un concepto patrimonial de su reino, de tal forma que lo dividían en su testamento entre sus diversos hijos. Este hecho lo vemos reiteradamente efectuado en los reinos cristianos. Carlomagno, dividió su territorio, manteniendo uno de sus sucesores con una determinada preeminencia sobre los demás, como emperador, pero de hecho el concepto de “imperio romano occidental”, prácticamente desaparece.

Un siglo más tarde, Otón I, que había sustituido a su padre, como rey de Germania, fue coronado en Aguisgrán en el 936, asumiendo los títulos de rey y sacerdote, tal como lo había hecho Carlomagno, comprometiéndose a restaurar el imperio. El apoyo que proporcionó al Papa Juan XII contra sus enemigos, propiciaron su coronación, tomando el título de emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, pasando, con el transcurso de los años de ser un título hereditario a serlo electivo, entre los príncipes alemanes.

El Sacro Imperio permaneció hasta 1804, con la coronación de Napoleón I por el Papa de Roma (en realidad el autócrata se coronó a sí mismo y a su esposa, dándole el Pontífice simplemente la bendición).

A principios del siglo XVI, un joven príncipe, Carlos de Flandes, fue el heredero único de sus cuatro abuelos, recibiendo por parte de padre el Sacro imperio (tuvo que sostener su elección) y los territorios de los Países Bajos y los de la casa ducal de Borgoña, y por parte de madre, Castilla con todas sus posesiones americanas y los reinos de la Corona de Aragón, expandida por el mar Mediterráneo.

Figura_8El nuevo emperador que ha pasado a la historia como Carlos I de España y V de Alemania, cedió la corona imperial a su hermano Fernando y la de España y Países Bajos a su hijo Felipe II.

Sesenta años antes de ser coronado Carlos V, desaparecía el imperio romano de oriente o bizantino. Desde que en 1204 los cruzados se adueñaron de Constantinopla, al conocer determinados acuerdos de los bizantinos con los sarracenos, puede decirse que el imperio romano de oriente, aceleró su decadencia, aunque tendrían que transcurrir doscientos cincuenta años, para que el sultán turco Mehmed II, sitiara la ciudad y tras meses de ímprobas pruebas de valor de los soldados y ciudadanos, y a su frente Constantino XI Paleólogo, las defensas fueron rebasadas y el fin de una era se simbolizaba en la pérdida de la primera ciudad de la Cristiandad.

La conmoción en Europa fue enorme, de tal manera que se vaticinaba el fin del mundo. Se toma la fecha del 23 de mayo de 1453 como el inicio de la edad Moderna.

La caída del imperio de oriente, realzó el prestigio del de occidente, lo que no fue óbice para que en el plano temporal los distintos reinos cristianos europeos se enfrentaran en cruentas guerras, unas por motivos religiosos y otras por políticos o territoriales, considerándose por muchos historiadores, entre ellos este autor, que las guerras que asolaron a Europa durante dos siglos tuvieron más de civiles que de otra tipología.

La entronización de Napoleón marcó la desaparición del Sacro Imperio Romano Germánico y el nacimiento del efímero imperio napoleónico que, a semejanza del de Carlomagno, se quiso implantar en Europa.

Había diferencias sustanciales entre las ideas imperiales de Carlos V y Napoleón, el primero quiso instaurar una Europa de las patrias, con un poder moderador y reconocido por todos, en la figura del emperador. Napoleón quiere también la preeminencia imperial, pero como poder terrenal al que debía someterse todas las naciones y estados europeos.

En 1815 el sueño del imperio europeo desaparece y de hecho el antiguo emperador del sacro imperio, prefiere serlo del austrohúngaro.

A lo largo del siglo XIX Europa se convulsiona buscando identidad y unidad, primero es la convergencia de las pequeñas nacionalidades en pro de la nación común, y de esta forma nacen el imperio alemán (Segundo Reich), cuyo emperador toma el nombre de “césar” (kaiser en su idioma), considerándose heredero del Sacro Imperio. Italia, que al ser promovida la unidad por la casa de Saboya, prefiere la instauración de la monarquía, aunque con la pretensión de convertirse en emperador de otras naciones de Europa y África; y por último el imperio austrohúngaro, amalgama de múltiples nacionalidades que les cuesta encontrarse sometidas al poder de Viena.

Los anteriores imperios/reinos/repúblicas (de hecho Francia se convertirá en tal tras la derrota de Sedán en 1870), pretenden ser continuadores del imperio romano de occidente. Este hecho provoca la llamada “paz armada”, preparándose cada contendiente, como si de una partida de ajedrez se tratara, para situarse en la situación idónea para dominar a los demás.

La primera guerra mundial entre los imperios centrales y el resto de Europa, barre el concepto estricto de imperio en una familia, pero no erradica la necesidad de la unidad política, y de hecho, tras una período de paz, otra vez “armada”, veinte años más tarde se llega a la mayor conflagración que ha conocido la historia de la humanidad, la Segunda Guerra Mundial, en donde Hitler pretende resucitar de nuevo el Sacro Imperio Romano Germánico (Tercer Reich), bien que no con el espíritu de Calos V, sino con el de Napoleón.

La historia reciente es de sobras conocida, la idea de unidad europea se encuentra en la mente de todos, así como la de paz y hermandad entre los pueblos de la misma sangre. Europa comienza a constituirse, no a través de un poder hegemónico, como hasta la fecha se había intentado realizar, sino por consenso democrático, primero se crea la Comunidad Económica Europea y posteriormente la Unión Europea, la cual, vista desde el exterior y transcurridos más de veinte años desde su nacimiento, se observa como una confederación de estados/naciones, con un enorme potencial en el contexto de las naciones de la Tierra.

La Unión Europea es una unidad monetaria, una unión política, un mercado de trabajo unitario, una defensa común, una voz en la diplomacia mundial, y poco a poco se va acentuado su simbiosis, de tal manera que es más que probable, que dentro de cincuenta o cien años, sea un hecho que la unidad del imperio romano se haya restablecido, no con los estereotipos de Carlos V o Napoleón, sino de una forma nueva, en donde el ciudadano tiene su voto y poder en el conjunto de todos los europeos.

Hoy día, dos mil años más tarde de la desaparición de imperio egipcio, vislumbramos la unidad que tuvo a lo largo de tres mil años, desde la construcción de las pirámides de Keops, Kefrén y Mikerinos, en el 3.000 antes de Cristo, hasta la ocupación de Egipto por Julio César, en los años anteriores a nuestra era, pues bien, es más que probable, que los historiadores que analicen la historia de la humanidad, dentro de cuatro o cinco mil años, vean la continuidad del imperio romano, en esta Europa de los pueblos, de las naciones o de las patrias.

NOTAS A LAS FIGURAS:

En la figura 1 se puede observar la evolución del Imperio Romano, desde Octavio Augusto, hasta su reconquista por parte del emperador bizantino, Justiniano, pasando por la división imperial de Teodosio y la descomposición del Imperio Occidental a causa de los pueblos bárbaros.

La figura 2, representa la instauración, como sucesor del Imperio Romano Occidental, del imperio carolingio, y su transformación en Sacro Imperio Romano Germánico, el cual según la historia del pueblo alemán, se le denomina el 1º Reich.

La figura 3 reconstruye el antiguo imperio de Carlomagno en la persona de Napoleón el Grande y la instauración del imperio Austrohúngaro, considerándose la casa de Austria al margen, como sucesor del Imperio Romano.

Tras la derrota de Napoleón III en Sedán en 1870, el cual había resucitado el imperio de su tío Napoleón I, los alemanes se consideran depositarios del Imperio Romano y constituyen el Imperio Alemán o 2º Reich, contemplándose este acontecimiento en la figura 4.

La derrota de los imperios centrales tras la Primera Guerra Mundial, propició el surgimiento de un nuevo imperio, esta vez disfrazado de república. Hitler, sin tomar la denominación de “kaiser (caesar)”, se consideró sucesor del Sacro Imperio, imponiendo por ello al estado creado como 3º Reich (figura 5).

Establecida la paz en Europa y en el mundo, la idea del resurgimiento del Imperio Romano sigue en pie, y a partir de los años cincuenta, comienza un movimiento político de unidad, que germina en la Unión Europa de veintisiete países europeos, gran parte de ellos integrantes del antiguo Imperio Romano (figura 6).

En las figuras 7 y 8 pueden verse representaciones, escultóricas y pictóricas de algunos de los protagonistas del Imperio Romano.

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