24 octubre, 2013

El IBEX toma el control del Museo Reina Sofía

Salvador Dalí

Albertis, La Caixa, Inditex, Mapfre, Telefónica y Mutua Madrileña. Salvo esta última (y podría cotizar por sus dimensiones) el resto de empresas figuran en el IBEX y, desde ayer, en el patronato del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. El Boletín Oficial del Estado hacía pública la orden ministerial con el nombramiento de siete nuevos vocales:Salvador Alemany, presidente de Abertis; Emilio Botín Sanz de Sautuola, presidente del Banco Santander; Isidro Fainé Casas, presidente de La Caixa; Pablo Isla, presidente de Inditex; Antonio Huertas Mejías, presidente de Mapfre, César Alierta Izuel, presidente de Telefónica e Ignacio Garralda Ruíz de Velasco, presidente de la Fundación Mutua Madrileña.

La ley del museo establece que el patronato estará integrado por un mínimo de 17 vocales y un máximo de 30, ocho de los cuales tendrán carácter nato, es decir, vitalicio y elegidos a dedo, porque todos son cargos políticos. No es la única injerencia política en el órgano de gobierno de la institución cultural, el ministro de Educación, Cultura y Deporte es quien nombra hasta un máximo de 21, “entre personas de reconocido prestigio o competencia en asuntos relacionados con la Cultura y las Artes plásticas o que se hayan distinguido por sus servicios o ayudas al museo”.

Eso sí, “teniendo en cuenta la presencia equilibrada de mujeres y hombres”. Y para atender la paridad el patronato que en estos momentos está compuesto por 15 vocales designados, tiene dos mujeres.

Patronos o patrocinadores

Como se puede comprobar, la disyuntiva propuesta amplía el perfil de patrono que se busca hasta confundirla con la figura de patrocinadores. Pero como bien se señala en las competencias del real patronato, entre otras muchas, destaca la de “establecer los principios de organización y dirección del museo”. Es el patronato el que fija el rumbo que debe mantener la dirección, al menos sobre el papel. Para Javier Martín Cavanna, director de la Fundación Compromiso y Transparencia, este múltiple nombramiento demuestra que “se confunde la labor de gobierno con la labor de mecenazgo”.

“Este nombramiento, a pesar de que debería ser así, no es pensando en personas que se vayan a encargar del gobierno, control y supervisión de la institución. Es un nombramiento de gente para que te den dinero. De hecho, ya han designado a sus sustitutos. Es un cambio de cromos y de fotos: te doy dinero a cambio de posición”, asegura Martín Cavanna, que a pesar de sus críticas la Fundación que dirige ha señalado al museo como el cuarto en transparencia y le suspende en la comunicación del plan estratégico, figura esencial para conocer los objetivos del mismo.

Al revisar las competencias del órgano y compararlas con las de la Comisión Permanente vemos cómo los vocales designados son apartados de las decisiones fundamentales, que quedan en manos de los cargos políticos. Es un órgano decorativo con nula capacidad sobre los asuntos capitales de la institución. A los patrocinadores se les deja la responsabilidad de “fomentar e impulsar la participación de la sociedad en el enriquecimiento de las colecciones”, entre otras.

En manos políticas

La mencionada comisión está formada por el presidente y vicepresidente del patronato, la Secretaría de Estado de Cultura, la Subsecretaría de Educación, Cultura y Deporte, el director del Museo, el subdirector gerente y dos vocales. Y entre las tareas asignadas se encuentra la compra de adquisiciones, levantamiento de contratos, la aprobación de los presupuestos, depósitos de obras, la adscripción de bienes inmuebles, acordar la salida de obras artísticas fuera de las instalaciones del museo, fijar los precios de las actividades, aceptar aportaciones económicas a favor del museo, aprobar la modificación de la estructura orgánica del museo, aprobar el nombramiento del personal directivo, acordar los nuevos puestos de trabajo del museo y dar cuenta al patronato de sus decisiones.

En países desarrollados de Centroeuropa los nombramientos del patronato en las instituciones culturales públicas es una de las decisiones más importantes de su órgano de gobierno, y suele estar encomendada a una comisión especial de nombramientos, cuya función consiste en proponer al pleno del patronato los criterios y el proceso de selección del futuro presidente o patronos. La búsqueda y selección de los candidatos se hace sin interferencias políticas. Aquí, el BOE deja claro que es el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte el que elige. En España ningún museo tiene nada parecido. Ni mucho menos el Teatro Real.

En este sentido, Javier Martín Cavanna destaca la opción por la independencia que han tomado las empresas del IBEX hace dos semanas: han aprobado la modificación del código de las reglas del buen gobierno, para que la comisión de nombramientos de cada empresa esté presidida por independientes, no por ejecutivos de la empresa. De esta manera se garantiza que el nombramiento de los consejeros de una empresa no responda a los intereses del consejero delegado. Así es como la empresa protege el rigor y la defensa de los intereses propios. Todo lo contrario a las injerencias que la clase política ha tomado en la empresa pública. Esa también es “marca” España.

El mismo anuncio con siete de los hombres más poderosos de este país incluye la posibilidad de delegar plenos poderes en sustitutos para las sesiones. Esa clausula devalúa inmediatamente el nombramiento. “Un museo necesita una combinación de especialistas en arte, que asesoren al director, que puedan plantear un plan museográfico y de adquisición de obras”, explica el especialista, que aclara que al final el director está por encima de todos los órganos con una estructura como la del Reina Sofía. Además, ve un claro conflicto de intereses entre varios de los nuevos patronos que acaban de ingresar, como Santander y La Caixa, porque también tienen proyectos culturales de arte contemporáneo.

Los nuevos cargos asoman con una función tácita que es la de buscar recursos económicos o en su caso, aportarlos ellos mismos. Pero no es la más importante. Deberían gobernar la gestión del futuro, identificando los riesgos y las oportunidades para el museo, pero el actual estatuto del museo aprobado en marzo pasado no lo contempla.

Por Peio H. Riaño en El Confidencial.

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