8 noviembre, 2010

El geógrafo de Jan Vermeer van Delft

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Laura Pais Belín

Autor: Jan Vermeer van Delft.
Localización: Städel Museum. Frankfurt am Main.
Hasta el 23 de enero de 2011, en “La Edad de Oro de la pintura holandesa y flamenca del Städel Museum” del Museo Guggenheim de Bilbao.
Cronología: 1669.
Técnica: Óleo sobre lienzo.

imagen_1A lo largo de la historia los factores sociales, político, económicos y religiosos siempre han influido sobre el arte, prueba de ello y quizá uno de los testimonios más representativos de esa influencia será el devenir de la pintura en los antiguos Países Bajos durante el siglo XVII. En los siglos anteriores Bélgica y Holanda tuvieron una cultura en común, pero con la reforma religiosa llegó la división en dos zonas totalmente diferenciadas. Por un lado Bélgica que bajo dominio español era monárquica, católica y aristocrática, frente a ella Holanda protestante, democrática y burguesa. Lógicamente la nueva situación afectaría al panorama cultural, se reflejó en la pintura influyendo por completo a los ideales artísticos. Variarían tanto los temas elegidos, como la forma de tratarlos, hasta la clientela e incluso el tamaño de las obras.

Aunque tal vez lo más novedoso dentro de este ambiente de cambios lo encontramos en el género realista, el género predilecto de la burguesía holandesa y para el que solían preferir el formato pequeño. Para poder decorar sus casas llenas de comodidad y confort, alejadas de la pompa y el gusto de la nobleza de palacio. Por todo ello aparece en la escena pictórica el llamado cuadro de interior, con escenas domésticas, del día a día, paisajes de campo, urbanos o bodegones.

El gran maestro del género típicamente holandés de cuadro de interior será la figura de Jan Vermeer de Delft. Sus cuadros de interior fueron la fiel expresión de la vida burguesa holandesa, siendo capaz de mostrarla con una delicadeza y poesía inigualable. Con sus obras se convirtió en el gran intimista de la pintura del momento, invitándonos en cada uno de sus lienzos a entrar en el interior de estancias meticulosamente definidas.

Nació una generación después que Rembrandt, pero la trayectoria vital y artística del maestro holandés transcurrió apartada de los grandes centros tradicionales habitados por pintores y clientes. Vivió en la pequeña ciudad de Delft y allí desarrolló toda su carrera, era hijo de un tejedor y marchante de arte. Heredó este negocio del padre y gracias a él tendría cierta solvencia económica. Pocas noticias hay sobre su formación, se sabe que en el año 1653 era miembro del gremio de pintores de Delft, siendo director del mismo en cuatro ocasiones, esto probaría la buena consideración que tenía entre la comunidad de pintores. Y también en ese mismo año contraería matrimonio, siendo padre de familia numerosa, tendría once hijos. Pocos datos sabemos de su trayectoria, se sabe que en su época el gran maestro de la pintura holandesa era Rembrandt, pero en Vermeer no vemos su clara influencia, creando un estilo muy personal y realmente meticuloso en sus pequeñas tablas.

Al principio quiso ser pintor de historia, pero muy pronto  dejaría atrás su aspiración para convertirse en el gran pintor de pequeñas escenas domésticas. Pudo ser que al no conseguir encargos de este género, terminó sucumbiendo a crear temas más comerciales, los de la vida cotidiana. Aunque no se conformó en olvidar por completo el tema de historia, lo que hizo fue llenar sus escenas íntimas de alegorías, símbolos y significados narrativos.

Vermeer no dejó una herencia pictórica numerosa, se sabe que pintó poco y aunque en vida fue valorado no se pagaban grandes cantidades por sus obras. Tan sólo se conservan  35 obras suyas y por cierta documentación de la época se cree que podría haber pintado diez más, que hoy en día se encuentran en paradero desconocido. Y también existe una obra que se  le atribuye.  En conclusión estaríamos hablando de un patrimonio artístico formado solamente por 46 obras en su totalidad,  quizá por ello es difícil estudiar su trayectoria artística.

Era un artista meticuloso y cuidadoso, mimaba cada detalle del proceso artístico. Desde la minuciosa preparación del soporte, ya que primero le imprimía al lienzo una base de encolado y después aplicaba varias capas de gris – pardo preparado con yeso mezclado con blanco de plomo, y finalmente a través de veladuras finísimas conseguía llegar a representar fielmente las texturas gracias a un hábil modelado.

Sus obras se caracterizan por una excelente sencillez en la composición, una o dos figuras son las protagonistas de un escenario realista, representadas siempre en la actividad de labores diarias. La luz increíblemente interpretada y la belleza de los colores conseguidos a través de una técnica prodigiosa, lo convirtieron en un artista audaz y moderno.

Prueba de todo ello es la obra del Geógrafo que nos acerca a uno de sus minuciosos interiores, una obra llena de serenidad y múltiples sugerencias al espectador. “El geógrafo” y  “El astrónomo” fueron dos lienzos que se concibieron como cuadros pareja y permanecieron juntos hasta 1729. Dato importante es que junto a la obra “En casa de la alcahueta” son los únicos tres lienzos fechados por Vermeer.

En el lienzo se distingue hasta el menor de los detalles, puesto que gracias a la acción de la luz surge el volumen, se producen las sombras y se crea el espacio. El tratamiento de la luz alcanza una sutileza máxima, porque es capaz de captar la suavidad de las luces dentro de la habitación, consiguiendo iluminarla en cada zona con intensidades diferentes, según la necesidad interpretativa.  La luz entra en la habitación cerrada por una ventana, por el ángulo superior izquierdo, y atraviesa la escena protagonizada  por la figura del geógrafo, una luz que no sólo sirve para iluminar sino para crear profundidad, puesto que el primer término con poca luz da paso a un segundo plano más iluminado y así sucesivamente hasta llegar al final de la escena. Consigue una atmósfera transparente, pero al mismo tiempo la luz da independencia a cada uno de los elementos de la escena.

Sobresale la fuerte individualización y aislamiento de la figura del geógrafo,  por su quietud y representación serena desempeñando sus quehaceres diarios.

Una de las cosas que llama la atención es su maestría a la hora de llegar a configurar grandes espacios en pequeñas pinturas. Se decía que eso lo lograba porque primero creaba la figura y después la habitación luminosa para acogerla. Gran observador, representaba lo esencial en un instante determinado. Sencillamente era capaz de revelar en un instante toda la acción de la obra, y con todo lujo de detalles nos hace partícipe de ello. En este caso el instante en el que el protagonista se inclina sobre la mesa, sobre lo que podría ser un mapa, y medita con serena concentración.

Otra dato a destacar es su paleta de colores tan personal, un cromatismo fresco y brillante, que consigue cambiar y trasmitir a través de la utilización de la luz natural. Aunque emplea pocos colores a todos ellos es capaz de dar diferentes matices. Siempre está presente su azul, tan típico de la cerámica de Delft y que en el lienzo toma protagonismo en la vestimenta de tipo oriental del geógrafo.

Y como elemento curioso es la presencia de mapas en sus lienzos, los mapas se convirtieron en algo habitual en sus composiciones. Y en esta obra cobran mayor relevancia debido al tema central del lienzo, la representación de un geógrafo en la intimidad de su estancia. Pero debemos señalar que normalmente en la decoración de los interiores burgueses de sus obras, Vermeer muestra gran predilección por los mapas. Y es que los mapas en el siglo XVII eran un lujo costoso por lo que el pintor los utilizaba para mostrar la riqueza de las personas representadas pero al mismo tiempo alude también al nivel educativo, ya que en aquellos momentos la cartografía era aun una ciencia precoz, pero su prestigio crecía de manera persistente.

Perfecta y certera precisión a la hora de captar las calidades, colores y formas. Vermeer de Delft se semeja a un fotógrafo que es capaz de suavizar los contrastes sin llegar a deshacer las figuras y las formas. Puede dulcificar los contornos pero al mismo tiempo mantiene la solidez y la firmeza en el dibujo. La mezcla de precisión, suavidad y dulzura es lo que hace que sus obras muestren un encanto tan personal y único.  Con su pequeña trayectoria, moriría arruinado a los cuarenta y tres años, el maestro holandés pasaría a la historia por dar con genial maestría un toque de belleza única y especial a una escena en principio sencilla y cotidiana.