18 septiembre, 2013

El futurismo de Fortunato Depero invade La Pedrera

Depero

La última exposición sobre el futurismo que se vio en Barcelona fue en 1996 en el Museo Picasso. ¡Ya era hora de que alguien se acordara de este movimiento! Así lo creen los responsables de la programación de La Pedrera, que abren el otoño con “Depero y la reconstrucción futurista del universo”.

El legado de Fortunato Depero (1892-1960) invade las salas de exhibición de este edificio modernista coetáneo del futurismo. La muestra se ha organizado en perfecta armonía con el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Trento y Rovereto, que conserva el legado del artista y que ven este evento como una oportunidad para conocer a uno de los artistas más destacados del futurismo italiano.

En este recorrido fascinante descubriremos al Depero pintor, escultor, escenógrafo, arquitecto, escritor y diseñador gráfico. Y lo hacemos de la mano de Antonio Piazza, un comisario que reúne todas las virtudes para hacer de cicerón porque es arquitecto y profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona (UPC). “Queremos descubrir a una de las grandes figuras del futurismo italiano que escribió, junto a Giacomo Balla, el manifiesto Reconstrucción Futurista del Universo”, afirma Pizza.

Los futuristas fueron grandes amantes de los manifiestos. En concreto, Depero y Balla, defendieron que el futurismo interviniese en los diferentes ámbitos de la vida cotidiana. La exposición acoge obras de Balla, Boccioni y Severini, para que entendamos el contexto en el que trabajó Depero. “De las ciento treinta obras plásticas, más de la mitad son de Depero, que abarca veinte años, desde la publicación del Manifeste futuriste en 1909, hasta 1930, año de su retorno a Italia después de haber estado dos años en Nueva York, “la metrópolis futurista por excelencia”, comenta el comisario.

Artes escénicas y la publicidad

“Hemos recreado la escenografía y el vestuario que hizo para el ballet de Stravinsky y Le Chant du Rossignol que tenían que representar los Ballets Rusos pero que no se llegó a estrenar”, añade Pizza. El alma futurista de Depero también impregnó objetos como las botellas de Campari o los lápices Venus.

La obsesión por las máquinas también es palpable en este viaje en el tiempo. “Nosotros, los futuristas, adoramos las centrales eléctricas, las estaciones ferroviarias, los transatlánticos gigantescos, las fábricas en diabólica efervescencia productiva, los aviones, los trenes bala”, declaraba Depero en 1926 mientras ideaba motocicletas-vaca, flora mecánica o árboles de hormigón.

María Güell en ABC.