23 abril, 2015

El fotógrafo de la candidez

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La Guerra Civil acabó no solo con la vida de muchos españoles y alteró para siempre la de los supervivientes de uno y otro bando. También truncó la brillante carrera de muchos profesionales, sobre todo los defensores de la causa republicana, que desde entonces fueron perseguidos y condenados al ostracismo por los nuevos gobernantes. Por eso, su obra, hasta ahora puntera, moderna e innovadora, pasó al olvido para siempre. Ocurrió con el fotógrafo Gabriel Casas i Galobardes (Barcelona, 1892-1973), autor de unas imágenes que conectaban con la vanguardia europea y corrientes como la Nueva Visión, que llegó a su plena madurez y mayor singularidad entre 1929 y 1939. Tras el conflicto fue denunciado por participar en los Hechos de Octubre de 1934, de haber colaborado con la Generalitat y haber hecho propaganda para la República, entre otros cargos.

Estas acusaciones le llevaron a prisión durante unos meses y a no poder trabajar, tras la aprobación de una nueva ley de prensa, en ningún medio de comunicación. Desde ese momento, su trabajo se redujo a la fotografía para empresas e industrias y, sobre todo, a los retratos de particulares, cayendo tanto él como su obra en el olvido. Hasta hoy que el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), ha inaugurado la exposición Gabriel Casas. Fotografía. Información y modernidad. 1929-1939, la primera gran muestra monográfica que se le dedica, en la que a partir de 120 fotografías (las realizadas entre la Exposición Internacional de 1929 y el final de la guerra de 1939) seleccionadas de un fondo de 20.000 instantáneas que conserva el Arxiu Nacional de Catalunya (ANC) se le reivindica y recupera para el gran público.

El Arxiu Nacional conserva 20.000 de sus imágenes de las que se exponen 120 en el MNAC

Para Juan Naranjo, el experto y comisario de la exposición que puede verse hasta el 30 de agosto, no hay duda de la injusticia que ha sufrido este fotógrafo “uno de los más importantes y reconocidos del periodo de entreguerras” que hasta ahora solo había aparecido de forma puntual en otras muestras y exposiciones, dando una visión muy reducida de sus fotografías.

Según Naranjo, “Casas contribuyó a la renovación de la forma de informar con imágenes, teniendo en cuenta aspectos sociales y psicológicos además de estéticos, y experimentó con elementos del diseño gráfico y la publicidad, así como los propios de la Nueva Visión, en el que a través de fotomontajes, puntos de vista inusuales, con picados y contrapicados, abstracción y repetición de elementos”, se crearon imágenes hasta ese momento inéditas. Sus trabajos fueron ampliamente publicados en las revistas más importantes de la época, como Barcelona gràfica, D’Ací i D’allà, y, sobre todo, Imatges, la gran revista catalana de fotografía que a lo largo de todo 1930 publicó los trabajos más innovadores. Algunos originales se exponen junto a las fotografías de Casas, como los que realizó sobre chimeneas de la ciudad.

La exposición muestra un gran abanico de su producción; una selección de las 20.000 imágenes que se salvaron, ya que el resto fueron decomisadas en 1939 o se perdieron en los múltiples traslado de su estudio. “Una parte, la más comprometida fue confiada a unos familiares para que que la guardaran, pero las malas condiciones de una galería exterior hizo que se extropeara y perdiera todo”, explicó Naranjo, durante el recorrido.

La exposición se ha dividido en cuatro ámbitos “los mejores que describen su obra de aquel periodo”. Desde sus primeros trabajos de formación, su primera especialización en fotografía deportiva, actividades convertidas en espectáculos de masas que ocupaban un buen número de páginas de diarios y revistas y demandaban nuevas imágenes para ilustrar. “Casas fue uno de los pocos autores del momento que recurrió a cuestiones estéticas y psicológicas. Iban más allá de la descripción, transmitían sensaciones al observador, en un momento en el que la fotografía dejó de ilustrar para convertirse en noticia sí misma, dando comienzo al fotoperiodismo”.

La crisis de 1929 llevó a que la ciudad se llenara de grupos desfavorecidos socialmente. Casas, que había sido uno de los fotógrafos oficiales de la Exposición Universal de ese año, captando a reyes y personajes ilustres, giró su objetivo a personas anónimas que vivían la marginación en su piel “realizando un interesante trabajo de denuncia que lo conecta con los fotógrafos norteamericanos de los años veinte y treinta”, aseguró el experto.

Sus retratos reflejan a personas distraídas, sin poses ni posturas rígidas

La muestra se cierra con el apartado de Retratos, en el que Casas no fue ajeno al culto de las celebridades iniciado en el siglo XIX. Aquí se adentró en la fotografía cándida (una técnica inventada por el alemán Erich Salomon) en la que las personas retratadas aparecen distraídas, riendo, hablando o bostezando, pasando de las posturas rígidas y del posado que se practicaba hasta ahora. “Como la imagen del actor Buster Keaton jugando con el sombrero de la periodista Irene Polo de 1930, o la actriz Mary Pickford y Douglas Fairbanks en un balcón barcelonés”, explica Naranjo. En la exposición se pueden ver a personalidades como Manuel Azaña, Francesc Macià, Lluís Companys, Pau Casals, Josep Maria de Sagarra, Caterina Albert o el boxeador Josep Gironés, siempre sin que posaran para él.

Durante la presentación, Josep Maria Sans i Travé, director del ANC ha explicado que la recuperación de Casas comenzó en 1994. En ese momento el archivo del fotógrafo estaba en manos del escultor Robert Llimós (con el que había compartido estudio). Tras un litigio por la propiedad entre Llimós y Núria Casas, la hija del fotógrafo, se llegó al compromiso de que se tenía que poner en conocimiento del público en general. “Hasta ahora no ha habido oportunidad de ponerlas en valor”, reconoció Sans Travé, aunque matizó que todo el fondo es consultable en internet en la página del ANC. Con ayuda de Fundación La Caixa, que colabora con la muestra las imágenes también se verán en los Caixaforum de Girona y Tarragona.

Por José Angel Montañés en El País.