14 febrero, 2012

El espejo de vestir

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Laura Pais Belín

Autora: Berthe Morisot.
Cronología: 1876.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Localización: Museo Thyssen Bormemisza.

figura1Inquieta, culta, independiente y perseverante  Berthe Morisot nunca abandonaría su gran pasión, una fuerte vocación por la pintura que había nacido en ella desde muy joven. Introduciéndose con firmeza en el panorama artístico de finales de siglo cuando este era un territorio dominado por los hombres. Morisot no sólo demostró moverse con soltura en este mundo sino que dejó claro con su carrera duradera y fructífera que las mujeres tenían  las mismas posibilidades en las artes en las últimas décadas del siglo XIX.
Sería la única mujer que formó parte de uno de los grupos más rupturistas de la historia del arte, los impresionistas, junto a ellos encontró su sitió y junto a ellos vivió para su pintura mientras recreaba en su obra su propia vida.

Berthe Morisot nacía en Bourges en 1841 en el seno de una familia perteneciente a la alta burguesía francesa. Desde niña sería educada junto a su hermana Edma en el gusto por las artes y la música.
Su buena posición económica unida a su interés y su gran capacidad para las artes hizo posible que tuviese una gran formación pictórica. Una formación llevada a cabo por maestros privados, ya que en su época no se permitía a las mujeres una educación oficial en la Escuela de Bellas Artes. Berthe y su hermana serían alumnas del maestro Joseph-Benoît Guichard, el cual exponía regularmente en el Salón, y viendo éste las aptitudes de las hermanas, las alentó a visitar el Museo del Louvre y les aconsejó que copiasen a los grandes maestros.
Y fue así como en 1858 Berthe y Edma conseguían entrar como copistas en el Louvre, acercándose de forma directa al ambiente artístico del momento. Seguramente que debido a los contactos que allí realizaron, creció en ellas el ansia de mejorar y de conocer todas las posibilidades y quizá por ello será en este momento cuando comiencen a pintar al aire libre.
Gracias a su maestro Achille Oudinot conocerán a un gran artista del momento Camille Corot, importante paisajista, que con su técnica fresca y su preocupación por la luz en los paisajes, al igual que un interés a veces olvidado por lo retratos íntimos y delicados de mujeres, había preparado con sus innovaciones técnicas el terreno a los impresionistas.
Corot influyó de forma notable en la artista, convirtiéndose en una de sus grandes discípulas al mismo tiempo que sigilosamente se iba introduciendo en los círculos artísticos.
Moviéndose fácilmente en los ambientes renovadores en 1868 Berthe conocía a Édouard Manet, ella fue su modelo para muchas de las famosas obras del pintor, manteniendo a partir de ese momento una estrecha relación personal y artística, una amistad que se afianzó a lo largo de los años. Llegando a ser familia ya que posteriormente Berthe contraería matrimonio con Eugène Manet, el hermano del pintor.

En 1869 su hermana Edma abandonaba su carrera artística tras contraer matrimonio, pero esto no frenó las ansias creadoras de la artista que continuó en solitario su azarosa actividad pictórica. Su temática por aquel entonces se centraba en la representación de escenas del ámbito doméstico, llenas de intimidad y cercanía convirtiendo a sus propias hermanas y los hijos de éstas en los grandes protagonistas de sus lienzos.

Logrando exponer en el Salón de París en varias ocasiones, su primera participación fue en 1864 con dos paisajes y continuó exhibiendo continuamente en el Salón hasta 1874, año de la primera exposición impresionista, celebrada en el estudio del fotógrafo Nadar. Por aquel entonces un grupo de artistas independientes se habrían camino en París, la ciudad que ostentaba en aquella época el título de ser la gran capital del arte. El movimiento impresionista se había estado formando entre 1860 y 1870 en la capital francesa, buscaba  romper con firmeza su relación con el pasado y abrir el camino a las nuevas investigaciones pictóricas modernas. Defendían la pintura al aire libre, buscaban captar el momento, alejándose de los grandes temas defendidos por la pintura oficial para así poder recrearse con gran libertad en su gran preocupación la captación de la luz, la luz se convierte en la gran protagonistas de sus obras supeditando a la forma y el color. Y todo ello lo consiguen a partir de una técnica nueva, suelta y ligera, lograda a partir de pinceladas vigorosas y cortas que a veces aportaban gran masa pictórica y otras se diluían de tal forma que casi conseguían la ligereza de una acuarela.

Berthe se unió desde el primer momento al grupo de artistas que comenzaron a mostrar sus obras en las exposiciones impresionistas. Sólo una dolencia de su única hija provocó su ausencia en la exposición de 1879, presentándose al resto de convocatorias. La pintora no sólo fue una gran creadora sino también una mujer burguesa, urbana e interesada por la moda y la frenética actividad cultural de la época, relacionándose con intelectuales y artistas como Manet, Renoir, Monet, Pissarro, Degas o Mallarmé.
Con gran soltura adquirió la técnica impresionista de pintar al aire libre, y de esta manera primero creaba pequeños cuadros y bocetos para grandes obras que después terminaba tranquilamente en el estudio.

Morisot pintaba su entorno social pero bajo el amparo y el enfoque de la técnica impresionista, pintaba la inmediatez, su entorno más cercano lo que veía en su vida normal. Todo lo que rodeaba a una mujer de la alta burguesía, escenas domésticas, paseos urbanos, deportes campestres y un mundo íntimo lleno de mujeres y niños, al que se acercaban los hombres, ya que para ellas el mundo masculino estaba totalmente prohibido.

Sin embargo podríamos decir que seguía la misma línea que sus compañeros ya que aunque desde escenarios diferentes pintaba lo mismo que sus colegas impresionistas cada uno elegía lo que estuviese más próximo dentro de un mundo burgués. Sin excepción, sus cuadros muestran unos temas equivalentes al de sus colegas masculinos.
De la misma manera que Edgar Degas, también de clase burguesa, pintaba el mundo del ballet, las carreras de caballos o Claude Monet  pintaba la belleza o los nenúfares de su jardín o a sus hijos. La obra de la pintora está llena de escenas cotidianas donde las mujeres, los niños, los desnudos y los paisajes son sus claros protagonistas, un fiel reflejo de su personal visión del mundo que le tocó vivir.

Desde un principio su técnica se basaba en un tratamiento de pinceladas suaves acompañada de una rica paleta de colores que se enriquecía con maravillosos toques de luz. La luz y el color envolvían tanto sus escenas exteriores como sus delicados interiores donde sus figuras se movían con una sensual delicadeza.
A partir de 1873 su técnica evolucionó hacia una pincelada mucho más expresiva con un tratamiento mucho más libre del toque. Ésta se vuelve más rápida y plana, representando fielmente la atmósfera de todas sus escenas, consiguiendo a partir de este momento una estética plenamente impresionista.

En 1877 en un piso alquilado por Gustave Caillebotte en el número 6 de la rue Le Peletier se celebraba la Tercera Exposición Impresionista. Entre las obras que presentaba Morisot se encontraba “El espejo de vestir” también conocida con el título en francés  de “Psyché”, relacionado este último título con el nombre del espejo de vestir que aparece en la obra, un espejo de estilo imperio que pertenecía a la pintora. Aunque se dice también que el título podría tener un doble significado al referirse a Psyché la joven amada de Eros.  El tema que ya había sido utilizado por varios pintores de la época como Manet o Degas, donde las mujeres aparecían delicadamente probándose vestidos ante el espejo. Tuvo una calurosa acogida y prueba de ello son las numerosas menciones a la obra aparecidas en la prensa del momento.

La pintora sentía predilección por las escenas íntimas protagonizadas por la mujer, pero a ellas unía su otra pasión, el interés por el efecto de la luz. En esta obra podemos ver los dos elementos, recreándose en la representación de una joven que se viste en la intimidad de su habitación, en un interior dominado por la luz que entra a través de amplios ventanales.
El lienzo destaca por estar abordado con una exquisita técnica, la artista se esmera en la utilización de una pincelada libre, flexible pero dominada por toques suaves y una intensa y certera luminosidad que nos acerca a una escena cotidiana llena de lirismo en la que una joven se está probando ropa pausadamente, en la soledad buscada frente al espejo. La artista siempre estuvo preocupada de manera especial por el estudio de la luminosidad y el color y compartió el interés de los demás impresionistas por los reflejos de luz, de ahí la aparición de numerosos espejos en sus obras de interiores.

Pero si hay algo que siempre supo hacer Morisot es elegir el perfecto y justo momento para representar en su obra y aunque cotidiano y cercano elevarlo a gran categoría pictórica. Y esto lo logra porque poseía un personal intimismo a la hora de abordar el tema, como es este lienzo donde una muchacha vestida de blanco se contempla buscando un maravilloso toque femenino al conjunto que lleva.
La luz invade por completo toda la estancia a partir de los amplios ventanales de los laterales, al mismo tiempo que los visillos intentan suavizar el fuerte foco de luz, y cuyos reflejos salpican el sofá y las cortinas. Una luz  que llega hasta la joven y que resbala por toda su figura creando zonas sombreadas llenas de increíble ligereza.
A través de un gran virtuosismo técnico utilizando una pincelada rápida, fresca, vibrante, en la que a veces sus trazos ligeros parecen tomar direcciones opuestas y todo ello para crear un efecto atmosférico en el que los contornos se diluyen. Aunque sin olvidar su firme y seguro dibujo ya que gracias a él podemos construir la composición de la obra.
En lienzos como éste la artista muestra su perfecta técnica impresionista, obras que son capaces de recrear el silencio de los espacios, la ternura cercana de los personajes y la frescura de lo cotidiano para así construir piezas de inigualable belleza y poesía.

Pese a que su relación con los pintores impresionistas fue estrecha y eran frecuente las reuniones en su casa con artistas e intelectuales de la época.  Durante mucho tiempo  la figura de Berthe Morisot quedó ensombrecida por el conjunto del movimiento y en especial de los pintores masculinos. Pero no olvidemos que la artista siempre supo buscar su sitio y prueba de ello es que en 1892 en la Galería Boussod – Valadon le dedicaría una retrospectiva de gran éxito.
Los últimos años de su vida estarán unidos a tristes acontecimientos la muerte de Manet en 1883, la de su esposo Eugène en 1892, y la de su hermana. Situación que provocó que educase sola a su hija Julie Manet, cuando la muerte le sobrevino a los cincuenta y cuatro años, confió el cuidado de su hija a sus dos grandes amigos amigos, Edgar Degas y Stéphane Mallarmé.

La frescura luminosa de su paleta, la factura libre y vigorosa, al igual que la atmósfera poética de sus lienzos, son reconocidas y admiradas. Compartía con los pintores impresionistas su interés por la captación de la luz y el color en su obra pero destacó por tener un estilo lleno de delicadeza y sensualidad muy particular. Conscientemente utilizó su propia vida y el mundo que le rodeaba para crear su imaginario pictórico, mostrándonos en cada una de sus obras pequeños bocados de realidad pero siempre llenos de intimismo, sutileza y un lirismo arrollador.