16 julio, 2013

El Espacio Thyssen en Sant Feliu se consolida con “Sisley, Kandinsky y Hopper”

Thyssen Sant Feliu

El Monasterio benedictino de Sant Feliu de Guíxols vuelve a ser cita obligada este verano para los amantes del arte. El Espacio Carmen Thyssen inaugura hoy la exposición «Sisley-Kandinsky-Hopper» con el firme propósito de presentar una exposición anual que acerque la colección de la baronesa a una de las poblaciones que más quiere y donde tiene una residencia en la que pasa largas temporadas.

«Atrás queda el ambicioso proyecto de un museo Carmen Thyssen en Sant Feliu porque estamos pasando una crisis muy importante, pero sí que quiero estar presente en este monasterio durante los meses de estío», explica la baronesa, que ha formado un gran equipo para llevar a cabo esta aventura. Junto a ella, la comisaria Pilar Giró, con la que se entiende muy bien y en la que ha vuelto a confiar para esta suculenta selección de cuadros que podemos disfrutar hasta el 13 de octubre.

«La propuesta es un recorrido pictórico desde la mitad del siglo XIX hasta mediados del siglo XX que intercala obras internacionales y pintura catalana», concreta Pilar Giró, que reanuda su táctica de poner un diálogo los diferentes lienzos, tal como hizo con mucho éxito el año pasado en este mismo espacio con la muestra «Paisajes de luz, paisajes de sueño. De Gauguin a Delvaux» que tuvo 38.000 visitantes. Autores nacionales, europeos y norteamericanos tiene hueco en este fascinante viaje por el romanticismo, el naturalismo, la modernidad y la vanguardia.

El velero de Hooper

La muestra está formada por 54 cuadros que proceden de los museos Thyssen Bornemisza de Madrid y Carmen Thyssen de Málaga. Pero, sin duda, el gran reclamo, que ya brilla en los autobuses de la zona y en miles de banderolas, es el velero «Martha McKeen», de Edward Hopper. «Es un cuadro que siempre ha estado en mi corazón —explica Carmen Thyssen— y que podía formar parte de la colección que, se si todo va bien, se expondrá en el Pabellón de la Reina Victoria Eugenia de Montjuic». Este Hopper lo compró junto a su marido en 1980.

«Las obras de Hopper son muy escasas, en su madurez apenas pintó cien cuadros y sólo dos de ellos dedicados al mar, éste y uno que está en Whashington; Hopper es sin duda el pintor americano más importante del siglo XX», explica Tomàs Llorens, uno de los grandes especialistas en pintura moderna, que fue comisario junto a Didier Ottinger de la exposición «Hopper» en el Museo Thyssen-Bornemiza de Madrid. «Toda la colección de Tita Cervera tiene como eje el paisaje y tuvo la fortuna de comprar este hopper que va en esta línea —añade Guillermo Solana, director de la Fundación Thyssen Bornemisza de Madrid—. Vemos un mar sólido más que líquido, y unas gaviotas que miran fijamente a un punto, parece el comienzo de un viaje que no sabemos a dónde va».

Otra de las recomendaciones es «La portuguesa», de Robert Delaunay. Un enorme óleo que pintó en Portugal y que es una explosión de colores y de formas. Catorce de las obras que se pueden ver Sant Feliu de Guíxols nunca habían participado antes una exposición temporal, entre ellas algunas de Miquel Villà i Bassols, Martí i Alsina o Joan Pinós.

Préstamos y «viaje» a Barcelona

Aprovechando la presentación de la nueva exposición, la baronesa Thyssen destacó que lleva catorce años de préstamo gratuito a Madrid y que en noviembre replanteará esta situación. «También en noviembre tengo que aclarar el futuro del proyecto para llevar parte de mi colección al Pabellón Reina Victoria Eugenia de Montjuïc. Creo que Barcelona necesita que yo esté allí para conseguir la isla de museos como ocurre en Berlín donde todos los museos están a la misma altura. El MNAC está muy ilusionado y ya he comido con su director Pepe Serra que tiene mucho empeño en que salga este proyecto», explicó. La baronesa también planteó que las colecciones de Madrid, Málaga y el futuro centro de Barcelona tengan un «movimiento rotativo importante».

Por María Güell en ABC.es