1 julio, 2015

El empresario Plácido Arango dona al Prado 25 obras de su colección

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La mayor parte de las obras que atesora el Museo del Prado, inaugurado en 1819, procede de las colecciones que durante tres siglos formaron los Habsburgo y los Borbones. El resto ha ido llegando por la vía de las adquisiciones y por desinteresadas donaciones de auténticos amantes de la pinacoteca. El último gesto de amor al Prado lo firma Plácido Arango, empresario de origen mexicano y presidente del Patronato del museo entre 2007 y 2012. Arango ha donado a la pinacoteca 25 obras de su colección de arte antiguo, con derecho a usufructo vitalicio, que reforzarán la presencia de los artistas españoles y de los que realizaron su obra en España.

En el valioso lote hay cuatro artistas que estaban inéditos en el museo: Felipe Pablo de San Leocadio, Pedro de Campaña, Francisco Barrera y Francisco López Caro. El resto enriquece su presencia en las salas: Zurbarán (con tres importantes lienzos), Luis Tristán, Eugenio Cajés, Alejandro de Loarte, Francisco Barreda, Francisco Herrero El Mozo, Francisco de Goya o Corrado Giaquinto. En total hay 15 artistas representados, de los que seis entran en el museo con más de una obra. Son pinturas y litografías que reflejan el gusto personal de Arango y que el empresario adquirió fuera de España.

Para hacer pública la noticia, el equipo directivo del Prado —con su director, Miguel Zugaza, el presidente del patronato, Jose Pedro Pérez-Llorca, y el director adjunto, Miguel Falomir— lanzó una convocatoria de prensa propia de los grandes acontecimientos del museo. Previamente, en el Casón del Buen Retiro se había celebrado una sesión plenaria con los dos nuevos vocales: el hispanista John Elliott y Álvaro Fernández-Villaverde y Silva, marqués de Santa Cruz. No asistió, sin embargo, el nuevo ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, por encontrarse en Santander; no pudo participar de la alegría que mostraron al salir miembros del patronato como Javier Solana, Carmen Giménez, Carmen Iglesias, Emilio Lledó o Rafael Moneo, el arquitecto responsable de la ampliación del edificio de Villanueva, quien calificó la sesión de “histórica”.

Pérez-Llorca arrancó con una buena noticia asegurando que el museo se autofinancia en un 70% y que el resto procederá de las aportaciones del Estado, el objetivo que se había propuesto el Patronato. Explicó que la situación es posible por el aumento de las visitas y las ventas en las tiendas del museo. Las cuentas han sido aprobadas por la intervención general del Estado. El gasto de 2014 fue de 38 millones, dos menos de lo presupuestado.

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“Muy honrado”

A Zugaza y a Falomir les correspondió hablar de la histórica donación de Plácido Arango. El conjunto de las obras donadas se irá incorporando de manera gradual a las salas y se irá viendo en exposiciones temporales, como la programada para el próximo otoño dedicada a Luis de Morales. El 7 de julio, unas diez obras serán presentadas en una sala del museo que ayer estaba aún por determinar. Arango, poco aficionado a las entrevistas, no asistió al patronato ni compareció en la conferencia de prensa, aunque hizo llegar unas palabras: “No hay mayor satisfacción para un coleccionista que ver cómo el fruto de su labor sirve para enriquecer un museo público tan mágico e irrepetible como es el Museo del Prado. Me siento muy honrado al pensar que este grupo de obras principales reunidas a lo largo de mi vida vayan a encontrar su destino final en el Prado, museo al que me encuentro tan estrechamente vinculado como agradecido”.

Zugaza recordó que no es la primera contribución de Arango al museo. En 1991 donó los 80 grabados que integran la primera edición de los Caprichos de Goya, publicada en Madrid en 1799. Contribuyó a la restauración de Las Meninas consiguiendo que viniera a Madrid John Brealey, jefe del Departamento de Restauración del Metropolitan Museum, y colaboró económicamente y medió para que retornara a España La Marquesa de Santa Cruz de Goya.

El director del Prado aseguró que el gesto de Plácido Arango es histórico. “La última donación equiparable sería la de la familia Várez-Fisa. Está en la órbita de legados tan impresionantes como el de Cambó o Pedro Fernández Durán”. Sobre la valoración económica, Zugaza prefirió no hacer estimaciones porque son obras que no están en el mercado y, hasta que no estén depositadas en el museo, las aseguradoras no pueden hacer ningún cálculo. “El valor artístico es inestimable y eso es lo importante”, concluyó el director del Prado.

Por Ángeles García en El País.