26 noviembre, 2014

El duque de Huéscar recibe la herencia envenenada de las joyas artísticas de Alba

huescar

El azul lapislázuli revienta sobre los fondos dorados y hace gritar los rojos. El rostro redondo, los pequeños labios apretados y esos ojos achinados de la madre de Jesús que interpelan al espectador parecen recién pintados. El estado de conservación de la tabla firmada por Fra Angélico a principios del siglo XV, La Virgen de la Granada, la convierten en la joya de la colección de arte protegida por la Fundación Casa de Alba, creada por María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y de Silva, el 4 de mayo de 1976, para mantener íntegro el legado histórico de la familia.

Tras el fallecimiento de la duquesa de Alba, es el duque de Huéscar quien recibe la responsabilidad de mantener viva la fundación, compuesta en su creación por 219 óleos, 54 dibujos, 177 acuarelas, 137 miniaturas y 52 tapices, el archivo y la biblioteca del palacio de Liria y los muebles y objetos existentes en el mismo en el en palacio de Monterrey. Además, la fundadora se comprometió a entregar a la Fundación, en el plazo de 10 años, 50.000.000 de pesetas, con destino meramente patrimonial para el sostenimiento de la Fundación.
La herencia tendrá que mantenerse con menos dinero del que contaba la anterior propietaria y buscar nuavas fuentes de financiación propia

Fuentes cercanas a la familia, que han trabajado en la conservación de las colecciones, aseguran que al primogénito le ha tocado “un marrón”. Una herencia envenenada que tendrá que mantener con menos dinero del que contaba la anterior propietaria, que se ha preocupado en invertir en su conservación a lo largo de estos años. Carlos Juan Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo recibe impecables, según las mismas fuentes, las colecciones artísticas, bibliográficas y documentales, que a lo largo de los siglos ha reunido esta casa ducal. El perfecto estado de revista de sus posesiones palaciegas obedecía a una frase que la duquesa solía repetir: “No es un museo, es mi casa”.
Una visitante ante una de las piezas de la muestra de Centrocentro Cibeles. (EFE)Una visitante ante una de las piezas de la muestra de Centrocentro Cibeles. (EFE)

Desde hace dos años, el duque de Huéscar ha buscado la rentabilidad a las joyas artísticas, como quedó patente en el montaje de la exposición Legado Casa de Alba, en el CentroCentro Cibeles, donde pudieron verse las 150 piezas selectas de la colección. Las condiciones del contrato que la familia firmó con el Ayuntamiento de Madrid no se han vuelto a repetir: el 90% de lo recaudado fue para las arcas de los Alba y no hubo ni un minuto de gratuidad durante los seis meses que permaneció abierta a 10 euros, en la casa consistorial de la capital. Pasaron 160.000 personas.

Por amor al beneficio

Ni un minuto de gratuidad, a pesar de que fueron los madrileños quienes adelantaron 170.000 euros para montar una muestra “costosísima”, como la calificó el director del centro, Tono Martínez. Por si fuera poco, todos los beneficios devengados de la tienda y los patrocinadores quedaron en manos de la familia, calificados en la muestra como “grandes mecenas del arte”. Este periódico pudo saber, gracias a las fuentes del CentroCentro, que la tasación de las obras para contratar el seguro fue valorada en más de 300 millones de euros. El resultado económico se acercó al millón de euros y se fraguó una de las mayores operaciones de enriquecimiento privado de los últimos tiempos.

La familia lo volverá a repetir, cuando en septiembre mande a Dallas, al Meadows Museum, la misma exposición que se vio en Madrid. El director de la institución norteamericana, Mark Roglan, confirmó ayer a este periódico que la exhibición se mantiene y que pagarán por ella un alquiler, aunque ha preferido mantener la cantidad en la más estricta confidencialidad. Lo curioso es que la colección del empresario Abelló, que en estos momentos puede verse también en CentroCentro Cibeles, viajará y se mostrará en el mismo museo estadounidense sin cobrar un alquiler.

La casa Alba ha tenido uno de los árboles genealógicos menos problemáticos, hasta hoy. El tránsito desde el gran coleccionista de la familia, Carlos Miguel Fitz-James Stuart (1794-1835), XIV duque de Alba, se ha mantenido sin separaciones, gracias a la sucesión entre primogénitos. Ese vínculo inalterable del conjunto de bienes se mantendrá gracias a la figura de la Fundación: “Los familiares, en el supuesto de que formen parte del Patronato de la Fundación, que es el órgano de gobierno, no tienen facultades para modificar o cambiar la voluntad de la persona que decidió afectar esos bienes al cumplimiento de un interés general”, explica Javier Martín Cavanna, director de la Fundación Compromiso y Transparencia. Es decir, los bienes integrados como dotación patrimonial no son propiedad de la familia de la Casa de Alba. “Al constituirse como Fundación, salieron del patrimonio familiar y se destinaron al cumplimiento de un fin de interés general”, añade el experto.

Las obras de Palma el Viejo, Podenone, Goya, Tiziano, Rubens, Guido Reni, Luca Giordano, Fra Angélico, Perugino, El Greco, Ingres, Mengs, Ribera o Velázquez no podrán ser vendidos, ni hipotecados si no están autorizados por el Protectorado del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. El organismo que “vela por el cumplimiento de los fines fundacionales, de acuerdo con la voluntad del fundador”, concederá la venta de los bienes si considera que “existe justa causa debidamente acreditada”, como la bancarrota.

La Fundación Casa Alba no publica en su web los estatutos por los que se rige, sin embargo podríamos tener como ejemplo a la Fundación Casa Medina Sidonia, que sí los publica, para aclarar el caso en el que se precisen recursos económicos para mantener el patrimonio cultural. En el artículo quinto de los mismos aclara que la Fundación es por tiempo indefinido, pero especifica que la fundadora prevé que, en caso de carecer de medios económicos para mantener el patrimonio cultural, la institución se extinguirá. Y todo será donado, generosamente, a la Fundación Municipal de Cultura del Excelentísimo Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda.

Por Peio H. Riaño en El Confidencial.