24 enero, 2017

El disco duro del museo virtual

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Sólo existe en el mundo virtual. Y para experimentarlo (ver ya no es suficiente) hay que ir al otro lado. Si en la fundacional Tron (1982), que expandió la computación gráfica, el protagonista entraba dentro de un ordenador, descubriendo un universo ciber punk casi filosófico, ahora el visitante de un museo se introducirá en las obras. Literal y virtualmente. Adiós al museo tradicional. Al Harddiskmuseum se accede con gafas de realidad virtual. Yen un entorno que parece un museo celestial -la sensación es la de estar en una academia clásica suspendida en un cielo azul entre nubes- se despliegan obras digitales únicas, que sólo existen en ese disco duro: desde un código de gifts de colores creado por la artista new media Yael Kanarek hasta un viaje psicodélico y lisérgico de Labinter a través de la visualización de datos que habría triunfado en Woodstock. O un paseo galáctico por las distintas fases de la Luna a cargo del artista visual argentino Sebastián Tedesco. Universos múltiples almacenados en un disco duro, que deviene algo así como la piedra Rosetta del arte digital.

El Harddiskmuseum nace casi como una contradicción: es un objeto físico cuál obra de arte tradicional, un disco duro a modo de escultura que, sin embargo, almacena lo intangible, archivos digitales de un nuevo arte. Su creador, el artista e historiador del arte Solimán López sonríe y admite esa contradicción intrínseca. «Hasta ahora, no existía ningún dispositivo físico que se autoproclamara como custodio de la memoria digital. Nuestra cultura contemporánea se almacenará en un disco duro», reivindica en Arts Santa Mònica, donde ha instalado su Harddiskmuseum. Dentro del disco duro, en ese espacio de realidad virtual, Solimán López ha colgado su Manifiesto intangible, tan poético como metafórico, que resume en una imagen todo el significado del mundo digital. Apuntas con láser del mando (la llave para moverse por ese entorno virtual)al Manifiesto y una estilizada ola de agua invade la pantalla de seis metros por cuatro. El agua es la metáfora de lo digital, que López utiliza para referirse a ese océano infinito de datos, información, imágenes y archivos. «El mundo digital es líquido», compara. Yél ha buceado en ese océano de bits para crear un nuevo entorno museístico, un nuevo formato en el que expone a los nuevos talentos del arte digital que, a menudo, no encajan en un museo tradicional.

Aunque el verano pasado, Solimán López ya emprendió una gira por Sudamérica, ésta es la primera vez que el Harddiskmuseum permanece en una sala (hasta el 29 de enero en el Espai Balcó). «Cuando creé el Harddiskmuseum al principio lo expuso como si fuese una instalación de galería. Fue un error, lo admito. El Harddiskmuseum tenía que ser una acción performativa, exige otro tipo de aproximación. Por eso la realidad virtual es el mejor espacio para experimentarlo», explica López, pionero del arte multimedia y director del Departamento de I+D+Ide la Escuela Superior de Arte y Tecnología de Valencia. El joven estudio VRANVIC -cuyo lema es Virtual Reality is Closer Than Ever- ha desarrollado el programa y el espacio para este museo virtual, una nueva manera de ver el arte digital. Su diseño remite a un falso neoclasicismo, como si fuese un Olimpo griego en versión 4.0., en el que se despliegan una peanas de mármol con el título y autoría de las obras(de momento son 39 piezas que sólo existen en Harddiskmuseum, no se encuentran on-line). A golpe de mando láser el visitante abandona Arts Santa Mònica para entrar en otro mundo:con Système se abre un universo pop hipersaturado con monedas que caen del cielo, cual videojuego de Mario Bross; de mano del escultor Gabriel Rut aparece una escultura tridimensional con todos sus lados y dimensiones;y con el Windowslogy de María Cañas casi se despliega un videoclip experimental. Porque eso es el Harddiskmuseum: una nueva manera de experimentar el arte de nuestro siglo.

Por Vanessa Graell para El Mundo