28 julio, 2011

El Descendimiento

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Laura Pais Belín

Expuesta como “obra invitada” del 21 de Julio al 18 de Septiembre en el Museo del Prado.
Autor: Caravaggio
Cronología: 1602-1604.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Localización: Museos Vaticanos.

el_descendimientoRebelde, apasionado y uno de los grandes genios malditos de la historia del arte, Caravaggio creó una nueva forma de pintar  y con ella revolucionó una época. Considerado como uno de los mayores exponentes de la pintura barroca se alejó por completo del ideal de belleza imperante en su momento, para recrearse en la búsqueda de la verdad.
Quería mostrar la realidad tal y como era y lo consiguió a través de una pintura fresca, directa y dramática.

Perfecto en la técnica y de personalidad arrogante fue el maestro del claroscuro y el naturalismo, elementos que ya habían sido utilizados con anterioridad pero que él consiguió dotarlos de una intensidad dramática sin precedentes. Hoy en día está considerado como el primer pintor “realista” en el sentido más moderno del término,  y es que si algo tuvo claro desde los inicios de su carrera es que en su obra debía plasmar el mundo que le rodeaba e introducir en sus lienzos la gran verdad de lo cotidiano.
No dudó en romper con todos los convencionalismos de su tiempo, saltándose la tradición o las normas del decoró por ello fue duramente criticado, pero gracias a ello creó su personal estilo lleno de arrolladora vivacidad y pureza técnica.

Nacido en Lombardía y formado en Milán, se sabe que el pintor llegaría a Roma en el año 1592, al principio su estilo no fue tan oscuro como sería más adelante, se especializó en naturalezas muertas y escenas de la vida cotidiana pero muy pronto consiguió patronos entre los príncipes de la Iglesia y los nobles, su estilo cambió rápidamente y su nueva forma de realismo adquirió gran fuerza en sus encargos religiosos.
Desde principios del siglo XVII dedicaría su carrera a ellos, abandonado por completo el resto de los géneros que le habían dado fama como sus precisos bodegones o sus llamativas escenas mitológicas, convirtiendo a la  pintura religiosa  en el eje central de su corta carrera, moriría con tan sólo 37 años.

Hoy podemos afirmar que lo largo de toda su trayectoria artística produjo mayoritariamente pintura religiosa. Aunque con el tiempo se convirtió en uno de los maestros más destacados de este género, sus inicios no fueron fáciles.

Desde un primer momento sus lienzos escandalizaron al público y fueron rechazados por sus clientes, el motivo, el gran realismo mostrado en sus escenas sagradas, en los que se apreciaba cierta vulgarización de los temas religiosos, quizá demasiado  naturalismo para representar personajes sagrados. Y es que Caravaggio no dudaba en elegir a sus modelos entre la gente del pueblo y normalmente entre la gente de más baja condición. Pero el se defendía alegando que una preocupación constante en su obra era ejecutar sus figuras con el mayor realismo posible, rechazando abiertamente corregir las imperfecciones de sus modelos para representarlos más bellos, ya que esa no era la verdad que el quería mostrar.

De esta manera surgió un nuevo tratamiento de la temática religiosa, las escenas eran tratadas por el maestro lombardo como acontecimientos de la vida corriente, mucho más cercanos, llenos de realismo hasta el extremo. Y con una genialidad y perfección técnica que con el tiempo consiguió la aprobación del público.

Sus obras pasaron del rechazo absoluto, al acogimiento entusiasta de la Iglesia, donde el maestro encontró a sus mayores protectores.

Todo ello en un contexto político – religioso que también le favoreció mayoritariamente, la época de la Contrarreforma. Después de la celebración del Concilio de Trento se buscaba un nuevo arte que expresase de mejor forma la doctrina católica en contraposición al protestantismo. Motivando la necesidad de construir más iglesias para difundir la doctrina, por lo que las pinturas religiosas se hicieron imprescindibles para su decoración.

Nos encontramos ante un clima intelectual totalmente envuelto en la piedad personal y el espíritu del Concilio, un contexto  favorable para el nuevo realismo cercano al pueblo que, como nadie Caravaggio mostraba en sus escenas religiosas.

Y para ello no dudo en perfeccionar por completo su estilo. Para los encargos religiosos tendría que utilizar el gran formato, aunque el estaba acostumbrado a lienzos pequeños, lo solucionó eliminado por completo la anécdota y representando sólo la escenas imprescindibles, y todas ellas mostradas de forma extremadamente naturalista. Perseguía el poder captar a los personajes y los representaba buscando el gesto y la expresión concreta que los identificase.

Y quizá el elemento más novedoso y destacable, será el nuevo valor dado al claroscuro, conseguido a través de un foco de luz exterior. Con él recortaba a las figuras en una escena creada a partir de un fondo completamente oscuro.  Una luz perfecta y precisa que nos dirige directamente hacia los mínimos e importantes detalles y al momento clave de la escena.

Si hay una obra que representa como ninguna este estilo personal y único será El Descendimiento. Considerada una de las obras claves del artistas lombardo, fue el único lienzo que tendría una gran acogida y fantástica crítica en el momento que fue presentado ante el público, en él, podemos apreciar todos los elementos de la pintura de una artista que saltándose todas las normas de su época revolucionaría para siempre el mundo del arte .

La obra había sido un encargo muy especial, Pietro Vittrice, mayordomo y guardarropa del Papa Gregorio XIII, había muerto a principios del año 1600. Poseía una capilla en la nueva iglesia de Santa María in Valicella, y será su sobrino quién después de su muerte entre finales de 1601 y 1602 encargaría un cuadro de altar a Caravaggio. La capilla se cerraría por completo a principios de1602 para volver a ser abierta en 1604, con la gran pintura de Caravaggio colocada sobre el altar, en la que se representaba el Entierro de Cristo, en el mismo momento de presentación de la obra recibió la gran alabanza de la crítica y el público.

Un gran lienzo en el que se mezclaba perfectamente las referencias a la Antigüedad Clásica y a los grandes maestros del XVI como Rafael, pero en el que no abandonaba el realismo que le hizo famoso. Una increíble pieza que destacaba por su monumentalidad, su fuerza en la composición y su inigualable dramatismo.

El maestro logra una composición dinámica gracias a la utilización de una marcada línea diagonal que marca el eje central de la escena y un fuerte contraste de luz que dirige nuestra mirada al momento crucial del descendimiento, representado con una insuperable viveza.

El punto de vista de la composición se ha bajado para monumentalizar a las figuras y meternos de lleno en el sepulcro, pero también utiliza un primer plano directo para introducirnos en el lienzo, con  la figura de Nicodemo, que vuelve su cara al espectador y de esta manera lo incorpora de forma directa en la escena, y a su lado San Juan Evangelista, que juntos portan el cuerpo de Cristo. Su mano pintada con un realismo sobrecogedor apenas roza la losa donde debía ser lavado, ungido y perfumado, lo cual probablemente constituye una alusión al propio Cristo como piedra angular y fundamento de la Iglesia.

Utiliza el fondo negro para destacar las figuras y lograr que tengan valores escultóricos, no le interesa mostrar el fondo, ni los términos intermedios, la profundidad o la anécdota, se centra en las figuras recreadas por la luz y la perfecta técnica, para mostrar la fuerza del momento representado.

Uno de los elementos más atractivos fuerza de la escena es el impecable manejo de la luz, un efecto de luz exterior que cae de izquierda a derecha y de arriba a abajo, dejando el fondo en un negro absoluto, donde se recortan las figuras y al mismo tiempo con los contrastes de luces y sombras nos dirige hacia los detalles.

Esta valoración de la luz condiciona la técnica y la paleta de colores, así busca la delimitación de las figuras con contornos  muy precisos que las independizan del fondo, rellenando la composición con una gama de colores neutros como los tierras, acompañados del rojo y blanco para remarcar el dinamismo de la escena.

Su luz simboliza la presencia de lo sobrenatural, de lo divino. Con ella acentúa el realismo pero al mismo tiempo atenúa los colores.

Sin olvidarnos de uno de los grandes elementos de su estilo, el dramatismo, conseguido a través de los gestos, como se aprecia en la representación de las mujeres. Frente a la serena actitud de la madre de Cristo; María Magdalena, que seca sus lágrimas con un paño blanco, y María de Cleofás, que, desolada, alza sus brazos al cielo. Mostrando de esta forma en cada una de ellas las maneras diversas y complementarias de manifestar el dolor.

Después de observar esta obra podemos afirmar que el extraordinario efecto que producen sus cuadros se asienta en un prodigioso dominio de la técnica pictórica. Caravaggio un genio inigualable que durante siglos fue olvidado pero que hoy en día se encuentra entre las grandes figuras de la historia del arte.

La pintura fue requisada en 1797 por el ejército napoleónico con la intención de integrarla en el Musée Napoleón de París, siendo restituida a Roma en 1817, momento en el que entró en la Pinacoteca Vaticana.
El Descendimiento, procedente de los Museos Vaticanos, visitará por primera vez España entre los días 21 de julio y 18 de septiembre, ya que será expuesto en el Museo del Prado como parte del programa ‘La obra invitada’.
El préstamo de la obra,  ha sido favorecido por la próxima visita a Madrid del Papa Benedicto XVI y será la pieza central de una programación especial del Prado, un recorrido temático titulado La Palabra hecha imagen. Pinturas de Cristo en el Museo del Prado, que nos ofrece un completo  itinerario por  las distintas salas de la colección del Museo centrándose en otras trece obras maestras de temática religiosa.