18 junio, 2013

El Barroco se mide con el arte actual en el Guggenheim Bilbao

cerda--644x362Barroco exuberante. De Cattelan a Zurbarán. Manifiestos de la precariedad vital” es una ventana abierta a revisar con la mirada fresca del siglo XXI la gran obra pictórica del XVII, en un ejercicio dialéctico diferenciado, que huye de percepciones estéticas y paralelismos temáticos, liberado por fin lo barroco de su tradicional corsé academicista. En esta ocasión, la suiza Bice Curiger, comisaria de la muestra procedente del Kunsthaus de Zúrich, abandona toda catalogación de estilo y otros formalismos para centrarse en el universo de vivencias bien reconocibles para el espectador contemporáneo en lo que llama “vitalidad precaria”.

Más de un centenar de obras conforman el nuevo paisaje visual del Guggenheim, donde se yuxtaponen libremente obras de Zurbarán, Langetti, Magnasco o Ribera con las de artistas contemporáneos comoCattelan, Paul McCarthy, Cindy Sherman o Glenn Brown. La muestra exhibe la complicidad de los creadores de uno y otro tiempo en cuanto a sus inquietudes y mentalidad alborotada, muy lejos del equilibrio clásico. “Muchas de las preocupaciones de los artistas del Barroco están presentes en el arte contemporáneo (…) Es justamente esa precariedad de la vida ante la inminencia de la muerte la que otorga su mayor intensidad, a veces dramatismo”, ha explicado Juan Ignacio Vidarte, director de la pinacoteca bilbaína, que albergará esta exposición hasta el próximo 6 de octubre.

El arte, liberado

El reparto en salas asume algo de guión cinematográfico, con fogonazos muy diversos entre cada uno de los espacios, como saltos de cámara. En todas las salas domina una poderosa confrontación visual, que llama a vivir la experiencia del arte sin categorizaciones: qué más da si es obra moderna o antigua. Lo burlesco y lo grotesco, las conductas impulsivas y groseras que trasgreden la norma de la armonía clásica se ofrecen por igual en el Barroco y el Neobarroco.

Escenas del campesino de taberna, laboratorio de seres primitivos que juegan a las cartas y se atiborran de comida con las manos, tienen su réplica actual en la “Cerda” de Paul McCarthy, que reposa exhausta en medio de la primera sala. La referencia al exceso y la superficial opulencia, heredada de la corte y nobleza del XVI, tienen una vez más su mejor espejo actualizado en los retratos de Cindy Sherman.

Frente a la perfección y al valor que en sí mismo caracteriza el Barroco como expresión artística, la exposición inunda el museo de vida desatada, sin cánones, como demanda el creador contemporáneo. Los seres fantasmagóricos que enturbian al hombre del Barroco conviven aquí con la pareja de perros y polluelo de Maurizio Cattelan, personajes normalmente excluidos dentro de un museo. “El arte se ha liberado hoy de los dictados del estilo”, proclama la comisaria de la muestra en defensa de la rebelión de barrocos y contemporáneos.

 

por ITZIAR REYERO,ABC