5 junio, 2013

El arte que llegó del cielo

Chrysler

Las primeras pinturas rupestres y los últimos paisajes románticos tienen algo en común. Sus autores tuvieron que conformarse con pintar el panorama observado desde la perspectiva que permitía el ojo humano. Podían subirse a una colina o asomarse al balcón de un edificio, pero el punto de vista permanecía relativamente horizontal. Hasta que esa visión, imperturbable durante más de 200 siglos, se vio alterada por la invención del zeppelin y la construcción de los primeros rascacielos. Y la mirada del artista no tuvo más remedio que cambiar con ellos.

Una nueva exposición en la sucursal del Centro Pompidou en Metz -situada en la Lorena más siderúrgica y a pocos kilómetros de la frontera con Alemania- indaga hasta el 7 de octubre en cómo esos avances técnicos cambiaron para siempre la percepción del mundo que tenían los artistas. A través de 500 obras de pintores, fotógrafos, ilustradores y cineastas, la exposición Vues d’en haut (Vistas desde arriba) recoge la irrupción de la verticalidad en el arte, explorando un punto de vista que hoy damos por sentado, pero que a finales del siglo XIX supuso una pequeña revolución para el ojo. Lo demuestra con una ambiciosa panorámica que abarca desde las primeras imágenes tomadas por Nadar y James Wallace Black en sus viajes en globo hasta las espectaculares panorámicas contemporáneas de Andreas Gursky, pasando por nombres como Claude Monet, Georges Braque, André Kertesz, Georgia O’Keefe, Gerhard Richter, Ed Ruscha, Sophie Ristelhueber o Wolfgang Tillmans.

“El progreso técnico, desde la invención del aerostato hasta la de Google Earth, nunca ha dejado insensible al artista. La creación artística no surge de la nada. La cultura visual de cada momento queda necesariamente plasmada en ella”, explica la comisaria Angela Lampe, cuya muestra aspira a interpretar el arte del último siglo desde una perspectiva innovadora, como toda la programación de la iconoclasta segunda sede del Pompidou. “Todas las exposiciones de este museo, que tiene vocación de laboratorio, aspiran a encontrar nuevos puntos de vista para observar la historia del arte. Nosotros hemos aplicado esta máxima de manera literal”, bromea.

Tullio Crali

En el reflejo artístico de la vista de pájaro, sobresale la fascinación por la belleza del paisaje que parece experimentar todo pintor, así como un evidente sentimiento todopoderoso que más tarde utilizaría la propaganda política. Monet ya pintó las Tullerías desde lo alto de un edificio, mientras que Caillebotte también se subió a una azotea para pintar los tejados nevados de París. Sería solo el preámbulo de un interés creciente por la verticalidad, que se acentuó tras el nacimiento de la prensa ilustrada, que privilegió el plano cenital por su espectacularidad. Los propios pintores se sirvieron de la fotografía para dotar a sus obras de un mayor realismo. Picasso capturó instantáneas de los paisajes de Horta de Sant Joan antes de convertirlos en lienzos cubistas, mientras que Delaunay tomó prestadas varias imágenes aéreas aparecidas en la prensa para pintar la famosa serie sobre la Torre Eiffel que realizó en 1922.

El uso de la vista aérea se intensificó durante las dos guerras mundiales, cuando se convertiría en un elemento esencial de la iconografía militar. Reconocidos artistas participaron en la empresa, como el fotógrafo Edward Steichen, entonces a cargo del archivo de las fuerzas estadounidenses en Francia. El vorticismo de Wadsworth y el supremacismo de Malevich tomaron prestados estos planos sin escala ni horizonte, que parecen acompañar la emergencia de la abstracción. La muestra lo refleja con obras de Klee, Kandinsky, Albers y Moholy-Nagy, que pregonará una “nueva experiencia del espacio” a través de la vista de pájaro. En el cuadro, el paisaje queda reducido a un puñado de formas geométricas similares a la de un mapa del campo de batalla. Mondrian reconocería la influencia de un Nodo holandés que exponía la estrategia militar francesa utilizando una serie de pequeños cuadrados negros y grises. La muestra contrapone las imágenes a su Composición nº 5, que tal vez no hubiera existido si no hubiera sido espectador de aquella noticia bélica.

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Durante la emergencia de los totalitarismos, la perspectiva vertical fue adoptada por los partidarios de la aeropittura futurista, como en los cuadros de aviones pintados por Tullio Crali, además de ser utilizado por la propaganda nazi. Leni Riefenstahl abrió su película El triunfo de la voluntad con Hitler sobrevolando los cielos, antes de descender en plano picado sobre el estadio de Nuremberg. El campo contrario también usó y abusó del recurso, como demuestran las fotografías de Margaret Burke-White en la revista Life, convertida en inconsciente soporte de propaganda de los logros de las tropas estadounidenses en Europa. En la segunda mitad de siglo, el traspaso de la verticalidad a las dos dimensiones se convertirá en una de las preocupaciones mayores de los pintores. Jackson Pollock pintó sus cuadros “como si cayeran bombas sobre el lienzo”, como describiría su esposa a través de una metáfora significativamente militar.

La muestra se alarga hasta nuestros días, reflejando cómo el arte se ha amparado de las nuevas formas de captar imágenes en picado. En la última sala, un puñado de jóvenes artistas, como Alex Maclean y Mischka Henner, no dudan en utilizar la verticalidad de manera crítica. El primero recoge los efectos del maltrato medioambiental a través de imágenes que reflejan la expansión de manchas de petróleo en una naturaleza que ya tiene poco de salvaje, mientras que el segundo se sirve de imágenes captadas en Google Earth, que distorsionan el aspecto real de sedes institucionales por motivos de seguridad. “Las primeras imágenes a vista de pájaro provocaban una fascinación beata y maravillaban por el progreso técnico que implicaron. Hoy despiertan cuestiones éticas, se refieren a una supervisión institucional excesiva y alertan contra lo panóptico en un mundo repleto de drones y cámaras de vigilancia”, concluye la comisaria.

Por Alex Vicente en El País.