14 febrero, 2013

El arte español pierde competitividad en Arco

La hemeroteca reconoce que esta crónica que usted lee ahora mismo se ha escrito en los últimos tres años: en Arco, la feria de arte contemporáneo que arranca este jueves, cada vez se vende menos. Este año, con la escalada del IVA hasta el 21 %, artistas, galeristas y coleccionistas reconocen que el abismo al que se han enfrentado es el más peligroso de todos los tiempos desde su creación hace más de 30 años. Un enorme tortazo que ya vaticinó el artista español más cotizado del mercado, Miquel Barceló: “Arco será una debacle”, apuntó el artista mallorquín un mes antes de la inauguración de la feria.

“¿Para qué van a comprar en Madrid si en cualquier otro sitio del mundo es más barato?”, se preguntó irónicamente Barceló. Hoy son los coleccionistas quienes reconocen que desde el aumento en 8 puntos el IVA del arte en España vuelan hasta Alemania por 40 euros y compran en galerías berlinesas artistas españoles a mejor precio, con 14 puntos de diferencia de impuestos.

Los coleccionistas españoles compran en galerías europeas obra de artistas nacionales porque se venden con un IVA 13 puntos menorNarcís Pujol nunca falla a Arco. Este año también comprará en la feria, pero ha reducido su asignación de compra a la mitad. Él es uno de los que vuelan a Europa en busca de un precio competitivo. Su recorte presupuestario es la merma de beneficios de las galerías, que venden la mitad de lo que vendían. Es tajante cuando advierte que la industria no está a salvo y el aumento del IVA le ha dado la puntilla. “El coleccionista desempeña un trabajo a largo plazo y no se le puede exigir que cada año invierta mucho dinero. El músculo financiero ha desaparecido y los galeristas están cansados de Arco, que debe reinventarse”, asegura.

Fuga de capitales

Emilio Pi es un coleccionista que se dedica al videoarte y mantiene vivas las expectativas en esta nueva edición, en la que se han seleccionado 202 galerías de 30 países distintos. A Pi le interesan las 55 que llegan en los programas comisariados, sobre todo las latinoamericanas y las del país invitado, Turquía. Reconoce el esfuerzo que ha hecho la dirección de Arco por incluirlas porque es el único contacto que puede tener con ellas. El problema es que buscará entre lo que no conoce, es decir, lejos de las galerías nacionales.

Su ilusión está reñida con la realidad determinada por Hacienda. “La tentación es evidente: prefiero la gestión con una extranjera porque es más barato. España no es Europa por el IVA, hay una situación competitiva injusta. La diferencia es tremenda”, reconoce. También dice que si una obra le gusta mucho el IVA no será un problema, a pesar de que “el presupuesto no es el de hace unos años”.

El sector no ha logrado la rectificación de la medida antes de la inauguración de la feria. Ni siquiera la reunión en Moncloa con Pablo Hispan, asesor de Rajoy en terrenos culturales, ha logrado parar una situación tan dramática como paradójica: entre una galería española y, por ejemplo, una alemana no sólo les separará una pared, sino un IVA abismal. Hay artistas representados en la feria por unas y otras y se encontrarán mucho más baratos en las extranjeras.

Un daño irreparable

“El perjuicio es enorme porque nos es imposible ser competitivos”, sentencia Alberto de Juan, representante del consorcio de galerías de arte contemporáneo y dueño de Max Estrella, una de las más insignes y rigurosas. Tiene el don de la templanza y la mesura y prefiere hacer el balance de Arco una vez haya finalizado. Sin embargo, avisa del “grave error” que se cometió al aplicar un camino equivocado que ya tuvieron que rectificar Holanda, Grecia y Portugal.

Los galeristas confían en que la medida sea rectificada de manera inmediata y con urgencia para poder ser competitivos en EuropaÉl estuvo en Moncloa y tiene esperanzas en que la medida se corregirá. Como toda ilusión es algo infundado, más si tenemos en cuenta que es una decisión política. “Las trabas no las va a poner Hacienda. Las trabas las pondrán los políticos no los técnicos; los técnicos son conscientes del problema que se ha creado”, explica. Pide una rectificación urgente e inminente.

“Mi stand cuesta 40.000 y sólo espero no perderlos. Las perspectivas no pueden ser peores: no soy competitivo porque mis precios son más altos que los de otra galería de la UE. Ningún cliente europeo me va a comprar a mí porque el mercado no reconoce al artista español. Tenemos la ilusión por los suelos, las cosas como son”. La cita es de Pepe Martínez Calvo, de Espacio Mínimo, quien muestra sin rodeos su preocupación y malestar.

Acepta el papel del coleccionista español que marcha a comprar a cualquier otro país europeo, porque él mismo define a su propio negocio como “galería emigrante”, es decir, que subsiste gracias a las ventas que hacen en otros países. “Deberíamos cotizar fuera”, apunta entre la ironía y la amenaza.

La mitad de la mitad

Una de las grandes esperanzas de cada edición de Arco es el paseo del director del Museo Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, entre los stands. Ayer hizo su ruta de cada edición, preguntando e interesándose. Pero ni siquiera la institución de referencia del arte contemporáneo español podrá ayudar a superar esta crisis acentuada por una mala decisión impositiva. Reconoce a este periódico que no tiene más de 300.000 euros para invertir en compras, justo la mitad que gastó el año pasado. Aun así siguen siendo el mejor cliente de Arco. Como referencia citamos el precio de una de las piezas más recientes y más polémicas: Los encargados, de Santiago Sierra y Jorge Galindo, se vende a ese precio.

“El IVA afecta a nuestras compras porque hay que añadirlo a nuestras compras, que han sufrido un importante recorte. Es una rémora muy importante, sobre todo cuando un artista está representado por varias galerías internacionales”, añade. ¿El Reina Sofía compraría en una extranjera para ahorrar? “Nosotros no, tenemos obligación de trabajar por el lugar en el que estás. Pero un coleccionista privado lo hará”.

Helga de Alvear comparte la cara del coleccionista y del galerista, porque en la feria compra y vende. Trata de calmar su desazón como puede y aun así asegura que Arco será una buena oportunidad para encontrar buenas ofertas. Cuenta que si sólo venden las galerías extranjeras, el “futuro de Arco está incierto en Ifema”. El panorama que describe es terrible. Reclama mayor protección para los artistas, pide reconocimiento a su trabajo como se hace para un escritor o un músico. Y dispara una imagen increíble: “Hay artistas que van a un comedor social a comer”.

Por Peio H. Riaño en El Confidencial