11 febrero, 2014

El arte en serie de Warhol revela a un Miguel Berrocal bizantino

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En el momento exacto en que la cultura de consumo mostraba sus primeros signos de agotamiento, Andy Warhol revolucionó el mundo con un arte nuevo, un arte de consumo basado en la reproducción en masa y en el poder arrebatador de la imagen. Cualquier objeto era susceptible de pasar a la posteridad, hasta una lata de sopa, cualquier rostro podía quedar grabado como una marca indeleble en el ideario planetario, fuera el de Mao o el de Marilyn Monroe o el del escultor malagueño Miguel Berrocal.

Lejos de ser caducos, como el estilo de vida que reflejan, los retratos de Warhol se han aquilatado con el paso de las décadas, configurando una marca universal muy apreciada por los atesoradores de arte. De vez en cuando, una casa de subastas saca al mercado alguno de estos cuadros, como ocurrirá este lunes en Londres, cuando Phillips venda al mejor postor uno de los dos retratos que el artista norteamericano hizo del malagueño.

Esta subasta coincide además con el 80 aniversario del nacimiento en Villanueva de Algaidas de Miguel Berrocal, uno de los escultores más insignes de su época. No en vano, fue nombrado en 1968 Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por parte del Gobierno francés, premio que recogió de manos de André Malraux; y además gozó en vida del aprecio y el reconocimiento de artistas como Miró, Dalí o Magritte.

Primer encuentro

Berrocal y Warhol se conocieron en 1981 en Nueva York, adonde el primero había viajado para exponer en la galería Arnold Katzen y, por qué no decirlo, para conocer al segundo, del que había odío multitud de historias y leyendas allende el Atlántico. De este primer encuentro surgió un primer retrato, que se encuentra en el Museo Andy Warhol de Pittsburgh, en Pennsylvania, y que muestra al malagueño con un fondo argento, radiante, translúcido.

Dos años más tarde, en un nuevo viaje del escultor español a la Gran Manzana, Warhol dio un paso más allá y ejecutó un retrato en el que lo muestra a medio camino entre una estrella de cine y un emperador bizantino: vestido con un elegante frac, esgrimiendo un grueso puro habano en la mano y mirando con determinación al frente, casi con jactancia. La escena está aureolada por una pátina dorada y salpicada de polvo de diamante, al estilo de los iconos de las iglesias ortodoxas, como si se tratase de una auténtica divinidad.

Figuras sagradas

«Desde la época bizantina y medieval, el oro fue el fondo para la representación de los santos, figuras sagradas y gobernantes. De manera similar, Berrocal es presentado al espectador como un objeto para ser adorado», recoge el catálogo de la casa Phillips.

De igual forma, el texto incide en los vasos comunicantes que existen entre los dos artistas: la exploración del concepto de arte como producción de masas y el interés acerca de la cultura capitalista y consumista que tuvo su apogeo en el siglo XX. Ahí radica la esencia del «Pop Art» de Warhol y también de las reproducciones que Berrocal realizó con ayuda de las artes gráficas, que le permitieron hacer su obra más accesible al gran público.

Esta forma de entender el arte y la vida confluyen ahora en la serigrafía dorada del escultor malagueño (de 101,6 x 101,6 centímetros y técnica mixta), que tiene un precio de salida de unas 300.000 libras (365.800 euros). Una cantidad asequible para muy pocos bolsillos, que viene a demostrar que hasta el arte hecho en serie tiene un precio.

 

por FRANCISCO JAVIER FLORES ABC