21 septiembre, 2010

El arte de ser mecenas (y Thyssen) (El País)

La hija del barón Thyssen contraataca. Relevante coleccionista, exhibe ahora en Gijón una selección de sus obras de arte contemporáneo. Un estilo muy distinto al de Tita Cervera, con quien mantiene serios desencuentros.

thyssenAl intentar recobrar mentalmente la imagen de Francesca Thyssen-Bornemisza, lo primero que viene a la mente es una foto a color. Cualquiera. Quizá una polaroid de tonos y perfiles ya levemente borrosos, con el rojo cobrizo de su pelo, la piel suavemente bronceada y sus ojos verde azulado como de película antigua en tecnicolor. La cita es en un elegante hotel londinense, el Browns de Mayfair, auténticamente aristocrático. Y todo lo que puede reforzar esa identidad satisface a sus empleados que se yerguen al complacer a su huésped, Francesca de Habsburgo, esposa del archiduque Carlos de Habsburgo-Lorena, jefe de la casa real de Austria, príncipe de Hungría. Títulos no reconocidos actualmente en ambos países.

Ella está en la ducha, dice por teléfono al recepcionista, pero invita a que la espere en el salón de su suite. ¿Saldrá como una Venus  de Boticelli a atender a la prensa? La idea llega ligada inevitablemente a la entrevista que se publicó en estas mismas páginas con su madrastra, Tita Cervera, viuda de su padre, el barón Heinrich Thyssen-Bornemisza, hace unos meses. Tita recibió a la periodista desnuda, en sus habitaciones, con la naturalidad de quien no tiene nada que ocultar. Ambas mujeres están fatalmente unidas por lazos familiares y patrimoniales. Una fatalidad que las ha llevado a enfrentamientos y reconciliaciones. Un tira y afloja constante, cierta rivalidad. A Francesca se le ha negado la posibilidad de exponer parte de su colección de arte contemporáneo en las salas del Museo Thyssen de Madrid -de cuyo patronato forma parte-, y las va a presentar ahora en el centro de arte Laboral de Gijón a partir del 6 de octubre. Y no, no aparece desnuda en la habitación del hotel. Sale descalza y sonriente, con desparpajo juvenil e informal. No hace falta ni mencionar a Tita, es ella quien lo hace al preguntarle las razones por las que su exposición no se presenta en el museo madrileño.

“Es muy difícil trabajar en el entorno de Tita”, dice. “Está en todo y a la vez es una persona profundamente insegura. Tiene una personalidad muy fuerte, pero en el fondo tiene muchas dudas, sobre todo cuando se trata de tomar decisiones rápidas o permitir a otro miembro de la fundación hacer algo importante. En realidad, creo que ella no entendió lo que yo pretendía hacer. Hubo muchas discusiones que terminaban en temas muy superficiales. Ya no quise insistir. Mi proyecto solo tenía sentido si la idea era recibida con entusiasmo”.

La hija del barón y de su segunda esposa, nacida hace 52 años en Lausana (Suiza), creó en Viena en 2002 la Fundación Thyssen-Bornemisza Art Contemporary (conocida como T-B A21). Tiene cerca de medio millar de obras de artistas actuales, pero la misión que se ha impuesto no es la de simplemente comprar y exponer. Lleva años embarcada en la producción de proyectos artísticos. Es decir, un artista de reconocida trayectoria le presenta la idea de una pieza de gran envergadura para la que se requiere un presupuesto especial. Si es aceptada, la fundación la financia y tiene opción de compra sobre ella. Francesca Thyssen tiene una isla en Croacia, en la región de Dubrovnik, llamada Lopud. Desde hace cuatro años encarga a destacados artistas internacionales que realicen obras específicas para el lugar. Este año, Olafur Elliason ha creado con un haz de luz una línea del horizonte que va cambiando con las distintas horas del día.

“Hubo dos aspectos de mi propuesta que no convencieron a Tita”, prosigue. “El primero es que yo quería exponer algunas de las piezas más grandes en las salas más amplias del museo, donde se encuentran actualmente los maestros modernos. Y el segundo es que yo quería instalar alguna de las piezas en el hall de entrada y eso implicaba descolgar temporalmente los retratos hechos por Macarrón de los Reyes y de Tita y mi padre, y eso Tita no lo admitía. Mi intención era también pintar de blanco ese espacio y colocar ahí algunas de las obras encargadas a artistas internacionales”.

La colección del Museo Thyssen abarca obras desde el siglo XIII hasta finales del XX y fue formada por el abuelo y el padre de Francesca, los barones Heinrich Thyssen-Bornemisza (1875-1947) y Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza (1921-2002). “Tal vez no era el momento para proponer la exposición”, reflexiona Francesca. “Pero no puedes coger una colección construida a través de tres generaciones de la misma familia durante 150 años, la que es probablemente la colección privada más espectacular que hay en el mundo, y luego dejar fuera, de manera no oficial, su continuación. Arte que puede estar al mismo nivel que lo demás y llegar a tener la misma grandeur”.

Entre las piezas que Francesca Thyssen va a exhibir en España se encuentran obras de artistas como Ai Weiwei, Doug Aitken, Maurizio Cattelan, Carsten Höller, Los Carpinteros, Sergio Prego o Pipilotti Rist. Todos ellos de sólida reputación y trayectoria artística.

“El thyssen no es un museo de arte contemporáneo, no se expone arte de ese tipo, y es el argumento que usan en mi contra”, afirma Francesca. “Y yo estaría de acuerdo en que algo así no encajara en sus reglas curatoriales, pero es a la vez una secuencia lógica en la increíble continuidad de la historia de los Thyssen como coleccionistas. Y no hay otros motivos. Mi abuelo estaba fascinado con Rodin, mi padre conoció mucho a Roy Lichtenstein, a Andy Warhol. Tuvo una excepcional relación con Lucian Freud… Mi propósito de exponer en el Museo Thyssen era demostrar la continuidad del coleccionismo en la familia. Tita se ha hecho una importante coleccionista también. Y me parece interesante resaltar esta particularidad íntimamente relacionada con la colección del museo. Actualmente hay otros museos que están incorporando el arte contemporáneo en ocasiones puntuales, como el Louvre, el Prado, el Metropolitan… Hay también un marketing interesante. Pero no les parecieron razones suficientes”.

La continuidad es algo que preocupa mucho a Francesca Thyssen. “Está en los estatutos que yo soy la única persona que puede donar obras a la colección”, señala. “El museo no acepta otras donaciones. Y tendría mucho más sentido que mis obras terminaran allí y no en Londres u otro lugar. Parte de las obras son demasiado grandes para exponerlas todas allí, pero teniendo en cuenta que Tita ha tardado diez años en decidir -y todavía no está decidido- qué va a pasar con su colección, es algo que está por ver. Además, ella y el Gobierno han utilizado los intereses de los 25 millones de euros del fondo de indemnización estatal del museo para agregarlos a sus presupuestos. Muy pocos museos tienen un fondo de indemnización, y nosotros, los hijos, insistimos en la época de Villa Favorita a nuestro padre que este museo lo tuviera. Y de un momento para otro este fondo desapareció para construir el segundo edificio del museo, sin un acuerdo previo. Han pasado casi diez años y sigue sin haber acuerdo al respecto”.

Es un tema que ella va calentando a medida que habla, aunque lo hace sin furor o resentimiento. “Hay puntos de discusión muy críticos. En la colección de Tita hay cuadros que pertenecieron a mi abuelo y a mi padre, y que le fueron entregados a ella. No olvidemos que hay dos colecciones en su colección. Las obras que ella compró y las que se le dieron. Y ella siempre ha dicho que pertenecerían al museo. Hubo muchas discusiones sobre si su colección debía integrarse o no, y yo siempre dije que mientras esté sujeta al acuerdo actual, estas piezas debían estar para siempre en el museo, aunque la parte de Tita esté en su propio edificio. La herencia es algo que mi padre concebía como continuidad. El siguiente paso se puede dar en cinco años o algo más, y hay que tener muchos asuntos resueltos antes de que Tita pueda desaparecer. Y luego está el asunto de Borja (hijo de Tita adoptado por el barón), que ha surgido hace poco. Sus reclamaciones de algunas obras. Todo eso se tiene que resolver en privado y con decisión, en vez de pelearse y airearlo todo a través de los medios. Me alegro de no estar envuelta en eso”.

Siente que su padre le pasó el testigo del coleccionismo de la familia. Francesca Thyssen estudió arte en la Universidad londinense de Saint Martins y creció viajando con su padre a exposiciones y museos de todo el mundo. El barón es una figura central en todo esto. “Siempre admiré su pasión y amor por el arte”, explica Francesca. “Tuvo mucho de pionero en sus intercambios artísticos con la Unión Soviética. Fue también el primer coleccionista europeo a gran escala de arte norteamericano. Le pregunté una vez cuál era el privilegio que le daba el ser tan rico, y me dijo sin pensárselo dos veces: ‘La libertad. Nunca la pierdas ni dejes que te la quiten’. Quiso usar el arte como lenguaje para abrir vías durante el periodo soviético. Me llevó consigo a Hungría, tenía pasión por el país de sus ancestros”.

thyssen2Y prosigue, como si fuera una obsesión: “Cuando se casó con Tita, ella tenía mucho en contra de esas raíces, quería que cortara con lo que lo relacionara a su pasado, a sus anteriores matrimonios. Otra demostración de esa patológica inseguridad que tiene Tita. Mi padre donaba de vez en cuando dinero a los húngaros en el exilio, a los húngaros en Transilvania, a la Iglesia católica en esa región. Unos 100.000 dólares por aquí o por allá, cosa que no afectaba a su fortuna, pero que para ellos significaba mucho. También donó dinero al Tíbet. Todas esas iniciativas filantrópicas acabaron. Es algo que yo he querido continuar con una pequeña fundación en su nombre. La Fundación Kászon. Porque nosotros somos Thyssen-Bornemisza de Kászon, una pequeña región en Transilvania”.

La relación de Francesca Thyssen con el arte y los artistas se parece más a la de una mecenas que a la de una acumuladora de objetos. “El papel del coleccionista privado, yendo otra vez a la historia, tiene que ver con la filantropía. Con hacer posible la realización de obras”, opina.

Su papel está ahora muy de acuerdo con el nuevo coleccionismo de arte. “A través de la adquisición vas conociendo a los artistas que te interesan, y llega un momento en que te hacen partícipe de una idea que no podría realizarse sin una inversión importante. Y así empezó todo. Queriendo participar de los sueños de esos artistas. El proyecto del que me siento más orgullosa es Küba: un viaje contra la corriente. Consiste en 13 vídeos que se instalaron en una barca que recorrió el Danubio durante cuatro meses, a contracorriente, siguiendo la antigua ruta que llevaba desde Rumania, Bulgaria, Serbia y Montenegro, Croacia, Hungría y Eslovaquia hasta el corazón de Austria, en Viena. Lo hicimos en 2006, cuando Austria presidía la UE y esta se estaba ampliando a países como Bulgaria o Rumania. Queríamos resaltar los asuntos de las minorías y sus identidades culturales en estas regiones”.

La exposición ‘pasajes?.

Viajes por el hiperespacio reúne en Gijón una veintena de piezas pertenecientes a la T-B A21. Esculturas e instalaciones que proponen al espectador situarse en el centro de ellas, recorrerlas… ¿Y por qué España? “Tengo muchos amigos en España, me encanta el espíritu de la gente. Me encanta la comida, bailar, salir, pasármelo bien. Lamento no hablar el idioma. Y me pierdo porque todo el mundo habla a la vez”, afirma Francesca Thyssen recobrando el espíritu del savoir vivre que no ha dejado de cultivar. “En cuanto al aspecto artístico, Benjamin Weil, a quien conozco hace muchos años, me propuso exponer en Laboral. Él conoce la colección muy bien y de ahí vino el contacto. Por otro lado, me interesa mucho la actividad que tienen los museos de las distintas regiones de España en cuanto al arte contemporáneo. Y está ese nuevo museo de la coleccionista Helga de Alvear en Cáceres, muy bueno. Ella también emprende proyectos interesantes, me gustaría conocerla. España ha dado algunos de los mejores artistas del siglo pasado y en este parece haber perdido eso. Quizá quedan los nombres de Barceló y alguno más. Pero las cosas se están empezando a mover. Y eso, junto al periodo de recesión, suelen ser buenos momentos para el mundo del arte”.

La muestra ‘Pasajes. Viajes por el hiperespacio’ podrá visitarse en Laboral. Centro de Arte y Creación Industrial de Gijón (Asturias) desde el próximo 6 de octubre hasta el 21 de febrero de 2011.

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