15 octubre, 2013

El arte a la fuga de Muñoz Ramonet

Muñoz Ramonet

Ni rastro de Goya, Murillo, Rembrandt o El Greco. Muchas alfombras, incontables lámparas de araña y decenas de sofás Luis XVI, pero nada de barroco español y francés colgando de las paredes. El Ayuntamiento de Barcelona abrió ayer las puertas del codiciado palacete de Julio Muñoz Ramonet y, como era de esperar, entre los más de 1.000 objetos que se han inventariado no aparece ni una de las piezas maestras con las que el empresario barcelonés sentó las bases de su imponente colección y escribió, sin darse cuenta, la primera página de una increíble historia de conflicto patrimonial.

Se trata de un amplio y valioso muestrario de arte, sobre todo pintura, que Muñoz Ramonet empezó a amasar cuando se hizo en 1950 con parte de la colección del empresario y mecenas Ròmul Bosch i Catarineu -más de 2.000 piezas de pintura románica y gótica; barroco español, francés y flamenco; y pintura contemporánea catalana- que no se corresponde en absoluto con lo que uno ve en nada más entrar en el palacete de la calle Muntaner. “En algún listado decía que había cuatro Goyas y no hemos visto ninguno”, señaló a modo de ejemplo el concejal de Cultura, Jaume Ciurana, sobre una “fuga” de obras maestras que viene a coronar casi dos décadas de litigios y desecuentros entre el consistorio y las cuatro hijas de Muñoz Ramonet.

Las descendientes del empresario nunca aceptaron que su padre, fallecido en 1991, obviase sus nombres en el testamento y legase al Consistorio la colección de arte, voluntad final que las hijas trataron de evitar ocultando la existencia del testamento, negando su validez y, en última instancia, sacando del palacio las obras más valiosas de la colección.

Continente y contenido

El conflicto parecía cerrado cuando, en marzo de 2012, una sentencia del Tribunal Supremo señaló a la ciudad de Barcelona como legítima beneficiaria del legado de Muñoz Ramonet. La capital catalana recibía más de 6.000 metros cuadrados repartidos entre jardín y dos edificios diseñados por Enric Sagnier a los que, sin embargo, no tuvo acceso hasta el pasado 25 de julio. Se cerraba de este modo un litigio de 17 años que, sin embargo, suma ahora una nueva derivada. Porque, pese a que el Ayuntamiento ya tiene el continente, falta el contenido. O parte de él.

De ahí que, después de que el consistorio abriese ayer por primera las puertas del palacete y organizase una visita de prensa para anunciar su intención de convertirlo en equipamiento público -todo apunta a que se convertirá en la biblioteca del barrio-, las preguntas sigan siendo las mismas. Esto es: ¿Qué ha pasado con las obras desaparecidas? ¿Dónde han ido a parar las piezas de Sorolla, Zurbarán, Monet, Delacroix o Tiziano?

Es cierto que durante el recorrido se muestran decenas, centenares, de cuadros amontonados en pasillos o adornando los innumerables salones de la casa, pero salvo alguna pieza de Ramon Casas, Joaquín Mir y Anglada Camarasa y algún lienzo atribuido a Rembrandt (todo pendiente de autentificar) los grandes nombres brilan por su ausencia. “Faltan muchas de las obras que Muñoz Ramonet dejó al Ayuntamiento, muchas de ellas significativas, por lo que la voluntad del consistorio es llegar hasta el final en la ejecución de la sentencia judicial y que estas piezas se acaben entregando a la ciudad”, aseguró Ciurana.

«Menoscabo patrimonial»

El objetivo del Ayuntamiento, añadió Ciurana, no es otro que cumplir con la última voluntad de Muñoz Ramonet y consagrarla finca de la calle Muntaner al “fomento, la divulgación y la defensa de la cultura”, por lo que, además de agotar la vía civil, se está estudiando formalizar «acciones penales» contra las hijas del empresario barcelonés para que devuelvan las obras. Y es que, segun defiende el constitorio, puede haber «un menoscabo patrimonial muy importante para el conjunto de los ciudadanos».

El trabajo será doble ya que, además de seguir dirimiendo el asunto en los tribunales, los 1.015 objetos inventaridos deben ser catalogados, autentificados y constrastados con otros listados de los años 1950, 1968, 1971, 1998 y 2005. A modo de ejemplo, el Ayuntamiento destaca que mientras que en inventarios anteriores se habían catalogado 977 piezas contando únicamente pinturas y esculturas, el nuevo recuento que finalizó anteayer arroja una cifra ligeramente superior que, sin embargo, incluye pinturas, lámparas, muebles, vajillas y cualquier elemento catalogable.

Esa criba, añadió Ciurana, servirá para cuantificar las obras desaparecidas y recuperar una colección que está considerada como una de las más importantes de España y cuya medida la encontramos, en parte, en dos piezas concretas: «La Anunciación», de Goya, y «La Virgen del Pilar», de El Greco.

Por David Morán en ABC.