1 septiembre, 2015

Eduardo Souto de Moura elige el Partenón en la Acrópolis

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Cuando el presidente Obama le entregó a Eduardo Souto de Moura el Premio Pritzker de 2011, evocó el estadio municipal de Braga que el arquitecto construyó aprovechando el hueco de una antigua cantera para que, desde un talud vecino, quienes no pueden pagar la entrada pudieran ver los partidos. Souto cuenta que para elegir un edificio favorito “no se puede pensar demasiado”. Y se decide por el Partenón de Atenas. Estas son sus razones: “La primera es que es un inmueble aislado que construye un territorio”. Recuerda verlo desde la ventana de su hotel y comprobar que, con el tamaño de una casa, construía el skyline de Atenas.

Una segunda razón es que su implantación en la Acrópolis ha provocado una manera de mirar las cosas. “Todos los objetos: los coches, las motos se fotografían a 20 grados, en contrapicado, de abajo arriba”. ¿Por qué deriva eso del Partenón? “Porque solo hay una manera de verlo: te obligan a utilizar unas escaleras, a llegar desde abajo, no hay alternativa”.

La tercera razón para Souto es que “tiene una parte falsa. Eso me gusta mucho”. “Los triglifos de la fachada son falsos porque no funcionan para recibir la madera de la cubierta”, explica. Para el autor de la Casa das Histórias Paula Rego, en Cascais, esta deformación acentúa la gravedad, subraya el peso visual del inmueble, magnifica su presencia y le confiere incluso serenidad.

Una razón más por la que al segundo premio Pritzker portugués –el otro es Álvaro Siza– le gusta el monumento griego es porque es un edificio multifuncional: “Ha sido un templo, un almacén de pólvora…”. Y a esto añade la doble escala –el kilómetro y el milímetro–; le impresiona “cómo un edificio puede tener la fuerza de convertirse en una geografía y, a la vez, tener las piedras dibujadas detalladamente”. “Al final, es el edificio más copiado de todo el mundo. Los romanos lo copiaron, el Renacimiento también, el neoclasicismo lo hizo de nuevo…”. ¿Y los modernos? “Al menos las proporciones. Le Corbusier lo metía siempre en los planos de sus viviendas para indicar las proporciones”, explica.

Souto ha visto el Partenón tres veces. La primera, cuando, ya arquitecto, fue a dar una conferencia a Atenas. La segunda viajó con su maestro, Fernando Távora, “que no se quería morir sin ver Grecia”. Cuenta que Távora estaba enfermo y que ver el Partenón le cambió el humor. “Le devolvió el habla”. Fue su viejo profesor quien le explicó que “los templos griegos están siempre en el centro, ni arriba ni abajo, en el centro es donde viven los dioses”.

Por lo demás, Souto de Moura siempre ha llegado al Partenón rodeado de turistas. “Una miradita y regreso al autobús”. Por eso, la tercera vez, cuando fue con Pía, su esposa, se escapó. Saltó la valla, quería verlo desde otro ángulo. Y se quedó hasta que los guardas le advirtieron de que debía salir de allí.

El arquitecto cuenta que Jacques Lacan defendió que los edificios de la Acrópolis determinaron toda la historia de la arquitectura estableciendo los tipos, las proporciones, la simetría y la manera de mirar. Explica también que a él le gusta más destruido que un poco reconstruido, como está ahora. “Es como las mujeres que al cumplir años empiezan a estirarse. Llegado un punto, no reconoces sus gestos, pierden la naturalidad”.

Eduardo Souto de Moura
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Oporto, 1952. Premio Pritzker en 2011, supo sumar lo inesperado a la perfección fría de la modernidad. Autor del mercado de Braga y del estadio de la ciudad, ha firmado la sobresaliente transformación del monasterio de Santa Maria do Bouro en hotel.

Por Anatxu Zabalbeascoa en El País Semanal.