6 noviembre, 2013

Eccehomo “made in China”

dinastiaquin

Una chapuza similar a la del Eccehomo de Borja sacude estos días a China. Al igual que ocurriera en el ya famoso pueblo zaragozano, donde la pintora aficionada Cecilia Giménez emborronó un fresco antiguo en la iglesia del Santuario de la Misericordia, una fallida restauración artística ha borrado un mural con varios siglos de antigüedad. El desaguisado ha tenido lugar en el templo de Yunjie, que data de la Dinastía Qing (1644-1911) y es uno de los reclamos turísticos de la Montaña del Fénix, en la provincia nororiental de Liaoning. Allí, y según informan los medios chinos, dos funcionarios municipales han sido destituidos por pintar sobre dicho mural budista varias figuras taoístas con unos colores tan chillones que parecen dibujos animados. A tenor de las imágenes que circulan por internet, que hablan por sí solas sobre el antes y el después de la restauración, lo que la sala ha ganado en cromatismo lo ha perdido en valor histórico.

Así lo descubrió un internauta, apodado Wujiaofeng, que colgó las fotos en las redes sociales y criticó la destrucción del patrimonio cultural chino. Espoleadas por la indignación que provocó su denuncia, las autoridades de la ciudad de Chaoyang abrieron una investigación para depurar responsabilidades.

Restauración «low cost»

Tal y como explicó al diario «Global Times» el vicesecretario general del gobierno de Chaoyang, Li Haifeng, «el abad del templo y los responsables de su oficina turística llevaron a cabo la restauración sin pedir permiso al departamento provincial de protección cultural». Sin contar con ningún tipo de asesoramiento histórico, una empresa local poco o nada cualificada se encargó de la obra, que costaba cuatro millones de yuanes (477.000 euros). Como la oficina turística no disponía de tanto dinero, el propio abad recaudó los fondos para financiar la polémica restauración, que ha acabado costándole el cargo al funcionario responsable de los asuntos del templo y al jefe del departamento cultural del municipio.

Sus cabezas rodaron en cuanto empezaron a circular en Weibo, la versión china del censurado Twitter, comentarios como «el cerebro de algunas personas ha sido pateado por un burro» o «la ignorancia es horrible». Además, el jefe del Partido en la Montaña del Fénix ha recibido un aviso por este serio caso de negligencia, que ha vuelto a poner de manifiesto la escasa protección cultural del legado histórico y artístico de China.

Ni siquiera sus monumentos más valiosos se han librado del expolio o el vandalismo. Durante los últimos años, tramos de hasta cien metros de la Gran Muralla han sido arrancados para pavimentar carreteras. Y, tras resistir durante siglos las invasiones de las tribus bárbaras de Asia, junto a sus piedras milenarias se han celebrado fiestas «rave» que la han dejado llena de basura y orines a la mañana siguiente. Peor aún ha sido la destrucción que el desarrollismo económico ha traído a Pekín, donde solo quedan ya 400 de sus 7.000 «hutong», los tradicionales callejones con casas bajas de ladrillo gris que datan de la época imperial. En el caso del Eccehomo «made in China», los expertos creen que pueden borrar el nuevo mural para salvar los frescos antiguos y restaurarlos, esta vez en condiciones. Pero ya han dejado claro que jamás volverán a quedar como los originales.

Por Pablo M. Díez en ABC.