25 noviembre, 2013

“Dos jinetes en la playa” o las mentiras de la familia Gurlitt

F2D52FA69588C90E0D875E9DA90CB--644x400– La obra de Max Liebermann es uno de los cuadros bajo sospecha de haber pertenecido a judíos perseguidos por el nacionalsocialismo, ahora lo reclama uno de los herederos de David Friedmann, quien la compró en 1905

La historia de “Dos jinetes en la playa”, del pintor alemán Max Liebermann, es un símbolo no solo del expolio al que fueron sometidos los coleccionistas judíos durante la época nazi, sino también de las mentiras con que la familia Gurlitt ha intentado legitimar su posesión del llamado “tesoro de Múnich”.

“Dos jinetes en la playa” forma parte de las más de 1.400 obras de arte encontradas en el piso de Cornelius Gurlitt en el barrio muniqués de Schwabing.

Es, además, uno de los cuadros bajo sospecha de haber pertenecido a judíos perseguidos por el nacionalsocialismo y, como tal, está entre los que han sido publicados en la plataforma www.lostart.de.

En realidad, en el caso de “Dos jinetes en la playa” lo que hay es más que una sospecha. El cuadro, según han recordado medios de comunicación alemanes, perteneció al coleccionista judío David Friedmann que lo había comprado en 1905 en el galería Casirer de Berlín.

Friedmann cedió el cuadro para exposiciones en muchas ocasiones y por ello, como recuerda en su edición de hoy el diario “Süddeutsche Zeitung”, que la obra era de su propiedad está documentado en diversos catálogos.

El cuadro debió pertenecer a Friedmann al menos hasta 1938. A partir de esa fecha muchos coleccionistas se vieron obligados a vender sus obras a precios muy bajos para pagar los impuestos especiales que les impuso el nacionalsocialismo.

Es probable, sin embargo, que el cuadro haya estado en su casa de Breslau, en la actual Polonia, hasta su muerte, en 1942, cuando la colección fue subastada y lo que se recaudó fue a parar a las arcas de la Alemania nazi.

El cuadro reapareció en 1945, en manos de Hildebrand Gurlitt, el padre de Cornelius Gurlitt, que aseguró a las autoridades aliadas que la obra había sido propiedad de su familia ya antes de 1933.

Los aliados aceptaron esa versión, similar a la que Gurlitt ofreció en su momento sobre otras obras que estaban en su poder.

Ahora, casi setenta años después del fin de la II Guerra Mundial, sus palabras están en cuestión, así como la propiedad de por lo menos medio millar de obras encontradas en el piso de Cornelius Gurlitt.

La reclamación de un heredero

En el caso de “Dos jinetes en la playa” hay un heredero que reclama el cuadro, David Toren, un sobrino nieto de David Friedmann que vive actualmente en Nueva York.

En muchos de los otros casos, se está intentando ubicar herederos que tengan derecho a reclamarlos, aunque muchos consideran que la situación jurídica es altamente complicada.

De momento, el fiscal de Augsburgo, Reinhard Nemetz, encargado del caso, ha anunciado que devolverá a Cornelius Gurlitt parte de su colección -cerca de 300 piezas- pero ha aclarado que solo entregará aquellas obras en las que no haya duda alguna de que es el propietario legítimo.

“Por ejemplo, los cuadros pintados después de 1945 o aquellos cuadros que sean obra de sus parientes”, explicó Nemetz en declaraciones al “Süddeutsche Zeitung”.

En cambio, según Nemetz, aquellos cuadros que hayan sido comprados a judíos perseguidos, que se veían obligados a vender sus propiedad debido a la presión, habrían llegado a la familia Gurlitt a través de un negocio ilícito.

“Ese tipo de negocios son nulos desde su comienzo, según los principios del derecho civil. En un caso así, el comprador no puede adquirir propiedad legítimamente”, dijo Nemetz, dejando claro que tampoco Cornelius Gurlitt, como heredero, sería propietario legítimo.

En el caso de “Dos jinetes en la playa”, David Toren espera en Nueva York con la esperanza de recuperar el cuadro que recuerda haber visto en el salón de la casa de su tío abuelo hasta poco antes de que estallase la II Guerra Mundial.

La fiscalía, mientras tanto, tiene que hacer frente a muchas críticas por haber mantenido casi 18 meses el hallazgo del llamado “tesoro de Múnich” en secreto.

por EFE, ABC