28 noviembre, 2012

Del Ejército Real al Ejército Nacional: La Constitución de 1812 (2ª parte)

Recuadro de la Historia

Recuadro de la Historia

Dr. Rafael Vidal Delgado
Doctor en Historia y Coronel de Artillería, DEM

EL EJÉRCITO REAL EN 1808

RECUENTO DE UNIDADES
En el momento en que se produjo la invasión francesa, el ejército español, al que se podría denominar como “real” estaba compuesto de la siguiente forma:
En primer lugar estaban las tropas de la Casa Real, formadas por los cuerpos:

1. Guardia de Corps.
2. Alabarderos.
3. Guardias Españolas.
4. Guardias Valonas
5. Brigada de Carabineros Reales.

Estas tropas tenían ciertas prerrogativas por encontrarse en las proximidades del monarca, como por ejemplo que sus grados militares eran muy superiores a los del resto del ejército. Un capitán de Guardias Valonas en caso de pasar a un regimiento de infantería lo hacía con el empleo de coronel, si era en el cuerpo de Alabarderos la diferencia era aun mayor dado que el capitán de este cuerpo era capitán general del ejército.
Los más de siete mil integrantes de estos cuerpos estaban muy bien formados militarmente, dado que previo a la entrada en ellos tenían que superar unos cursos de formación castrense. Sin embargo su experiencia en el mando de tropas era prácticamente nula, lo que se hizo notar en las sucesivas derrotas en la guerra de la Independencia.

 

El resto del ejército, hasta completar algo más de ciento treinta mil hombres se organizaba en dos partes, una encasillada en lo que llamamos como “ejército real” y la otra en el “ejército provincial” o expresado en la terminología de la época: milicias y regimientos provinciales.

Todo el conjunto quedaba organizado en:

a) 34 regimientos de Infantería de línea: a tres batallones.
b) 10 regimiento de Infantería extranjera: a tres batallones y los regimientos suizos a dos.
c) 12 cuerpos de Infantería ligera: era regimientos de un solo batallón.
d) 12 regimientos de Caballería de línea: a cinco escuadrones.
e) 12 regimientos de Caballería ligera: a cinco escuadrones de cazadores y húsares.
f) 4 regimientos de Artillería: no existían divisiones, constituyéndose en numerosas baterías que se asignaban a los ejércitos en campaña.
g) Un número indeterminado de compañías fijas de Artillería.
h) Un regimiento de Ingenieros constituido por dos batallones de zapadores-minadores y diversas compañías desplegadas por toda la geografía nacional.

Aparte de las unidades anteriores se encontraban las provinciales, diferenciándose unas de otras no solo en sus efectivos sino en la misión. Mientras las primeras podían ser proyectadas al exterior, las segundas sus cometidos se desarrollaban, de forma general, íntegramente en el interior del territorio, aunque en la campaña de Portugal de 1807 hubo algunas unidades que formaron parte del ejército expedicionario.

Las milicias provinciales se encontraban formadas por:

a) Cuatro divisiones de Infantería a dos batallones.
b) Cuarenta y dos regimientos de Infantería a un batallón.

Otras unidades seudomilitares eran las compañías de urbanos, las cuales aunque de estructura militar, estaba organizada con personas influyentes de una localidad, que ostentaban la graduación de oficiales, y de otros individuos, todos ellos propietarios, que constituían las clases de sargentos, cabos y soldados. Estas unidades dependían de los respectivos consistorios y tenían una función policial, sin que su organización tuviera un carácter de permanente.
También existían las compañías de Escopeteros, antecedentes directos de la Guardia Civil, siendo unos soldados, dependientes de las autoridades reales en los distintos territorios que se cuidaban de caminos y principalmente fronteras, en especial las marítimas. Muy famosos se hicieron los “Escopeteros de Getares”, los cuales bajo la dependencia del Comandante General del campo de Gibraltar o de San Roque, protegía a las poblaciones de las incursiones berberiscas y posteriormente se dedicó a a la aprehensión del contrabando en la zona del estrecho de Gibraltar.

PROCEDENCIA DE LOS OFICIALES

Expresar que la relación de unidades anteriores era el “ejército real” es decir mucho y al mismo tiempo nada, porque la diferencia esencial entre el ejército de 1808 y el que surge a partir de 1810 es la procedencia de sus oficiales.

Se ha expuesto en la 1ª parte que con los Borbones la formación de oficiales se “academiza”. Los regimientos de infantería y caballería disponen de una academia, al mando de un “maestro de cadetes” en donde estudian compaginando su actividad castrense, los “cadetes de cuerpo”, mientras que los de artillería e ingenieros se integran en un colegio militar de hasta cinco año de permanencia en el mismo.

Las guerras de la segunda mitad del siglo XVIII hacen ver las carencias de los oficiales españoles en relación con los de otros ejércitos europeos, por lo que para compensar la deficiencia se crean una serie de academias en Barcelona, Badajoz, Pamplona, Orán, Ceuta, Ávila, Puerto de Santa María, etc., generalmente donde había una guarnición numerosa. Las academias estaban regentadas por oficiales facultativos de artillería e ingenieros, aunque no tenían carácter oficial y las enseñanzas obtenidas debían ser refrendadas en las academias regimentales.

Por Real Decreto de 14 de enero de 1790 se suprimen todas las academias, excepto la de Barcelona, y se crean las Reales Academias de Cádiz y Zamora, refundiéndose en 1805 en la de Zamora.

Mención aparte merecen las llamadas “Tropas de la Real Casa”, que tal como se ha recogido en anteriormente, se componía de cinco cuerpos: Guardias de Corps, Guardias Alabarderos, Carabineros Reales, Guardias de Infantería Española y Guardias de Infantería Walona, en los cuales los soldados tenían la consideración de oficiales del ejército y los oficiales podían ser hasta capitanes generales. Durante los primeros años en estos cuerpos, se tenía la consideración de cadete y se recibían enseñanzas teórico-militares en el Seminario de Nobles y Casa Real de Pajes, de tal forma, que en principio, estas unidades eran una buena escuela de mandos; el inconveniente era que la mayoría de los que ingresaban en estos cuerpos permanecían en ellos toda su vida, por lo que su experiencia militar era nula, aunque muchos de los generales existentes en 1808 procedían de este tipo de formación militar, pasando al ejército con una determinada graduación militar.
Todos estos oficiales se consideraban del “rey” que era la autoridad que les había otorgado sus correspondientes despachos.

EL EJÉRCITO JUNTERO

El ejército peninsular español al iniciarse la guerra de la Independencia ascendía a siete mil oficiales y unos ciento treinta mil hombres. No conocemos el número total de ellos que no aceptaron el gobierno intruso, pero lo que está claro era que para hacer frente al ejército napoleónico había que disponer de un mayor número de unidades y unos oficiales con capacidad suficiente para mandarlos.

Las diferentes Juntas crearon academias militares, unas en lugares fijos como Granada, Cuenca, el Real Colegio de Olivenza o la Academia Militar de Sevilla, y otras constituyendo batallones, generalmente de estudiantes universitarios, como el Batallón Literario de Santiago, el Universitario de Valladolid, Escolares de león, Imperial de Toledo, Estudiantes Artilleros de Valencia, Maestranza de Ronda o el de la Universidad de Salamanca.

Todas las juntas se declararon “soberanas”, consecuencia de la dejación de funciones del hasta entonces “soberano”. Al ser “soberanas” consideraron que no tenían ninguna subordinación a cualquier gobierno o junta que se declarara suprema.

Como países “soberanos” ejercieron como tal, nombrando a los generales de sus ejércitos y emitiendo los despachos de oficial. De esta forma la geografía nacional se llenó de generales que anteriormente habían sido simplemente capitanes, comandantes o tenientes coroneles.

 

No existía una dirección de la guerra conjunta, sino que cada Junta señalaba sus directrices estratégicas a sus ejércitos, los cuales manifestaban de cara al ejército napoleónico una clara descoordinación, porque el ejército de Galicia obedecía a la Junta gallega y el de Extremadura a la extremeña y de esta forma se produjo la situación esperpéntica que en la batalla de Medina de Rioseco en donde la propia Junta gallega aconseja a su general en jefe Blake que desconfíe del capitán general castellano por considerarlo “proclive a los franceses”. Ante esta situación el mariscal Bessieres muy inferior en efectivos se abate sobre uno de los contendientes españoles, mientras que Blake permanece expectante, para después de derrotar a Cuesta, derrotar al primero.

El ejército o mejor dicho los ejércitos “junteros” fueron causa de las continuas derrotas a lo largo de 1808 y 1809.

La batalla de Bailén a pesar de ser una victoria española no dejó de tener su fallo estratégico, al tener que convenir las dos juntas, la de Sevilla y Granada, el general que mandara al conjunto, recayendo en Castaños, no porque fuera el más hábil, sino porque era el general de Sevilla que ponía más tropas en combate, mientras que la de Granada, aunque tenía un capitán general, don Ventura Escalante, al disponer de menos tropas, tuvo que resignar el mando en su segundo el mariscal de campo Teodoro Reding. Es decir los ejércitos junteros actuaron como si fueran ejércitos combinados o de dos naciones independientes, en los cuales ostenta el mando supremo el general del país que más tropas aportan a la causa bélica.

Durante la guerra de la Independencia los oficiales y aun más los generales tienen que combatir con su hoja de servicios bien custodiada, debido a que los despachos de empleo les habían sido conferidos por juntas “soberanas” diversas y desean que al terminar la contienda, el Gobierno que surja les ratifiquen todos aquellos mandamientos.

La guerra necesita de oficiales, bien para crear nuevas unidades y para remplazar las bajas de los existentes, por fallecimiento o por extrañamiento en tierras francesas. ¿Dónde encontrar hombres que en pocos meses puedas ser buenos oficiales? La respuesta es inmediata: solamente la Universidad española puede proporcionarlos y de esta forma se ingresa en las distintas academias con dos o tres años de universidad, sea mayor o menor.

Surge con ello la primera diferenciación del ejército real, en donde los oficiales pertenecen a la nobleza y un pequeño porcentaje procedente de la clase de sargentos, que pueden ascender a oficiales tras un servicio de más de veinte años. A partir de 1808 y a través de los ejércitos “junteros” se ingresa por conocimientos y se asciende por capacidad técnica y táctica para el combate.

Tenemos pues los elementos que van a diferenciar el ejército del antiguo régimen, el llamado “real”, al recogido en la Constitución de 1812, primero su dependencia: ya no dependen únicamente el rey y como segunda condición y trascendental: su procedencia. La guerra hace que para alcanzar el grado de oficial no es condición “sine qua non” ser de familia noble o llevar más de veinte años de servicio, sino que se ingresa por sus conocimientos y los universitarios son los que más pueden aportar, gracias a su saber científico, base de la formación castrense que nace con la Revolución Francesa.

La introducción en el ejército de este elemento distorsionado de la anterior realidad iba a provocar el cambio sustancial que se produjo. La Universidad podía considerarse lo más avanzado de la sociedad española y su entrada en el ejército iba a transformarlo radicalmente.

La realidad es que a principios de 1810 no queda nada del ejército del antiguo régimen y la Junta de Sevilla, reconocida como Suprema por todas las demás, se refugia en la plaza de Cádiz y ante el conocimiento de su incompetencia política, en un juego como el de la Ley para la Reforma Política de 1976, declina su poder en una Regencia, declarando a Fernando VII “incapacitado para reinar” y asignándose el tratamiento de “Majestad”. Es precisamente en febrero de 1810 cuando verdaderamente se produce un cambio revolucionario en España.

EL EJÉRCITO TRAS LA CONSTITUCIÓN DE 1812

INTRODUCCIÓN

Primero efectuaremos una disección del texto constitucional y a continuación se expondrá que lo recogido en el texto no era más que la forma de actuar y sentir de la sociedad española en los duros años de guerra contra el invasor. Con ello se quiere expresar que el ejército que surge tras la Constitución de 1812, aunque parezca paradójico es un ejército nacido desde la Universidad.

CONSIDERACIONES GENERALES AL TEXTO CONSTITUCIONAL

Dicho todo esto, veamos las consideraciones generales que se podrían efectuar sobre la Constitución de 1812.

a. El texto ha sido el más prolijo de la historia constitucional española, con 384 artículos, cuando la actual Constitución de 1978, incluyendo en el articulado las disposiciones transitorias, adicionales, finales y derogatorias, no alcanza los doscientos. Parece como si los diputados constituyentes hubieran querido atar cabos, desarrollando temas, funciones, misiones y estructuras que debieran haber sido cometido del propio desarrollo legislativo de la Carta magna.
b. Dedica un título completo, el VIII a la “fuerza militar nacional”, en sus dos vertientes de “tropas de continuo servicio” y las “milicias nacionales”. Esta referencia a las fuerzas armadas se irá cada vez más restringiendo, de tal manera que en la actual Constitución de 1978 se recoge en el artículo 8º y en otros pocos, referentes a los derechos y deberes de los españoles y a las funciones que le corresponden al Rey como jefe supremo de las mismas.
c. A lo largo del texto constitucional hace continuas llamadas a las Fuerzas Armadas, bien en su composición, mando, declaración de guerra, acciones ofensivas y defensivas, actuaciones territoriales, etc., de tal manera que en una buena parte, parece como si los diputados constituyentes, hubieran querido equilibrar el sometimiento de la fuerza militar a dos estamentos: la Corona y las Cortes. No hay que olvidar que cerca de cuarenta diputados militares integraban esta primera convocatoria, los cuales podían ser considerados los más “ilustrados” del estamento, siendo la mayoría de empleos inferiores a coroneles o capitanes de navío.

DISECCIÓN DEL TEXTO CONSTITUCIONAL

La Constitución de 1812 enuncia por primera vez la misión de las Fuerzas Armadas, debiendo transcurrir ciento cincuenta años, para que otra Ley Fundamental, la de Principios del Movimiento Nacional de 17 de mayo de 1958, la consignara, manteniéndose casi con la misma letra en la actual Constitución de 1978. Los diputados de 1812, dieron fe de naturaleza a un nuevo ejército, de tal manera al que asignaron la obligación de conservar la integridad y la independencia de España que, aunque recaía en el rey, lo era como jefe supremo de las Fuerzas Armadas, consignándose en su artículo 356 que “habrá una fuerza militar nacional …, para la defensa exterior del Estado y la conservación del orden interior”.

Aunque el artículo 171 de la Constitución concede amplias atribuciones al Rey, como la de “declarar la guerra y hacer y ratificar la paz, dando después cuenta documentada a las Cortes” (punto 3º); “mandar los ejércitos y armadas y nombrar los generales” (punto 8º) y “disponer de la fuerza armadas, distribuyéndola como más convenga” (punto 9º), quedaba restringidas estas prerrogativas, principalmente la del punto 3º, al tener que oír el dictamen del Consejo de Estado, entre otras cuestiones para “declarar la guerra y hacer los tratados”. Es decir el poder omnímodo del soberano quedaba muy cercenado, aunque con la visión actual nos parezca insuficiente. De hecho esta consideración de que ya no ostentaba la soberanía de la nación, cuestión que posteriormente trataremos, fue la que propició el primer golpe de estado, protagonizado por el monarca y su camarilla, de la historia convulsa de los siglos XIX y primera mitad del XX españoles.

Con respecto a las competencias de las Cortes en temas relacionados con la Defensa Nacional, se anula cualquier relación de la Corona con respecto a ella, de tal manera que, en su artículo 131, les faculta “Aprobar antes de su ratificación los tratados de alianza ofensiva” (punto 7º); “fijar todos los años a propuesta del rey las fuerzas de tierra y mar, determinando las que se hayan de tener en tiempo de paz, y su aumento en tiempo de guerra” (punto 10º) y “dar ordenanzas al ejército, armada y milicia nacional en todo los ramos que los constituyen” (punto 11º).

Así mismo, la Constitución de 1812, dedica un Título completo, el VIII, a la “fuerzas militar nacional”, en donde se remacha lo expuesto en el artículo 131, desglosando y detallando algunos aspectos.

Al mismo tiempo inicia lo que sería la “milicia nacional” en el siglo XIX y que tanta importancia tuvo en las revoluciones de la centuria. Los artículos que tratan el asunto no entran en demasiadas profundidades, probablemente por desconocimiento de lo que puede ser y hacer la milicia, pero sí tocan dos puntos importantes: su carácter provincial y que el Rey no podrá disponer de ella, fuera de su respectiva provincia, sin otorgamiento de las Cortes (artículos 356 y 257). La milicia nacional es una clara identidad hacia la “guardia nacional” francesa.

Las restricciones impuestas por la Constitución de 1812 al monarca en estos aspectos, pueden considerarse inusitados con otros textos de la época, siendo, por otro lado, lógicas, dado el costo, sin beneficio apreciable, de los Pactos de Familia que durante el siglo XVIII desangró a la nación con el único fin de expandir el poderío de los Borbones. Los Pactos continuaron con el emperador de los franceses y llevó a la postre al lugar donde se debatió, elaboró y promulgó la Constitución de 19 de marzo de 1812, es decir a la ciudad de Cádiz, sitiada por el ejército francés.

Es decir la Constitución crea el “ejército nacional”, distinto, al “real”, de tal manera que las competencias del monarca sobre él no son omnímodas, sino muy matizadas y vigiladas por las Cortes, en donde no lo olvidemos “residía la soberanía nacional” (artículo 3º), perteneciendo a ellas el “derecho de establecer sus leyes fundamentales”, efectuando con ello una verdadera revolución en el régimen “absolutista” español, asemejándose en mucho a los principios que dieron origen a la Revolución Francesa.

FINAL DEL RÉGIMEN DE FERNANDO VII

Aunque en esos años del sitio de Cádiz se constituyó, casi de forma definitiva el cuerpo de Estado Mayor, no hubo formación específica para su ingreso, integrándolo oficiales destacados de marina, artillería e ingenieros.

A partir de 1810, lo que queda del antiguo ejército es una simple reminiscencia, porque todos los regimientos están compuestos de soldados voluntarios/forzosos, de oficiales procedentes de academias militares y en su gran mayoría universitarios, siendo los generales, los comandantes y tenientes coroneles de 1808, con un espíritu mucho más ajustado a las nuevas técnicas castrenses y más aperturistas políticamente.

Los diputados constituyentes lo único que hicieron es dar carta de naturaleza a ese nuevo ejército, el cual tuvo una extraordinaria incidencia en la vida política de la España del siglo XIX.

Fernando VII cuando regresó a España, restituido en el trono por Napoleón de forma ilegal, dado que el acuerdo debía ser firmado por los gobiernos de Francia y España y este último no lo hizo, se encontró con un ejército “nacional”, que aceptaba y acataba los planteamientos de la Constitución de 1812, pero apoyado por un grupo de generales y diputados, dio el golpe de estado del 4 de mayo de 1814, declarando la “monarquía absoluta” y nulos todos los decretos, órdenes, acuerdos, convenios, etc. firmados durante su ausencia. El golpe se hizo con el pueblo, que ignorante de todo se había idealizado al personaje, hasta idolatrarlo como “el deseado”, aunque contra el pueblo, porque toda la sociedad fue sometida a la mayor depuración que haya conocido la historia española, incluidos por supuesto a la oficialidad del ejército.
La oficialidad nacida al amparo de la Constitución de 1812 se consideró “liberal”. Empleando un símil actual, de “izquierdas”, protagonizando los más de dos mil pronunciamientos militares, asonadas, rebeliones, levantamientos, etc. hasta 1876, en donde tras la tranquilidad y el bipartidismo político traído por Cánovas del Castillo, el ejército se dedicó con prioridad a su función: la de defender a España al margen de cualquier ideología.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Desde hace centurias, casi todos los principios de siglo, se producen grandes cambios sociales, económicos y políticos en España. El siglo XVI comienza con la España imperial y con el nacimiento del ejército permanente, los famosos tercios; el XVII es una total continuación del anterior, aunque con un sentimiento de agotamiento y decadencia; en el XVIII surge la entronización de la casa de Borbón, desterrando el viejo y caduco sistema político de los “Austrias”, creándose un nuevo ejército y armada a similitud de Francia, nacen los regimientos de infantería y caballería y se estructuran como cuerpos facultativos ingeniero y artillería. El siglo XIX es el del cambio total, de tal manera que una persona nacida en 1780 encuentra irreconocible la España de 1820, por supuesto la ideología y sistema político es consecuencia de la Revolución Francesa; surge la idea de “Patria” y con ella el derecho y el deber  de los ciudadanos de servirla con las armas y defenderla de sus enemigos exteriores e interiores; comienza en gran medida el “hombre actual” en su vestimenta, en sus relaciones sociales, en la proliferación de la prensa que difunde noticias; en el nacimiento, todavía incipiente de una España industrial, con la máquina de vapor y en la década de los veinte el Ferrocarril, verdadera revolución en el transporte. En el ejército y la armada se encuentra en sintonía con ese principio de siglo, nutriéndose de contingentes “nacionales”, siendo sus cuadros de mando personas con la suficiente preparación, al margen de su condición social, con un acicate añadido, que gracias al servicio castrense, se puede obtener títulos de nobleza y por ende ser “nobles”.

El Ejército de 1812 es totalmente distinto del de 1808. Fernando VII con su vuelta al absolutismo y su intento de erradicar seis años de la historia, como si no hubieran tenido lugar, pretendió convertir de nuevo al ejército nacido en las academias militares preconizadas por las Cortes de Cádiz, en un ejército real, pero el intento era vano, aquel ejército había dejado de existir en 1810.

El Ejército de 1812, con la obligación contenido en el artículo 361 del texto constitucional de que “Ningún español podrá excusarse del servicio militar, cuando y en la forma que fuere llamado por ley”, obligación que hoy día permanece, doscientos años más tarde, recogida en su artículo 30 como un derecho y un deber fundamental de los españoles

Málaga, 25 de julio de 2012
En este día España celebra el día de su Patrón Santiago. En este mismo día las tropas de los reyes Católicos conquistaron la ciudad de Trípoli.; Napoleón se apoderó de El Cairo y Emilio Aguinaldo, héroe de la independencia filipina de España, se insurrecciona en 1901, ante la opresión de las fuerzas estadounidenses.