18 marzo, 2013

Cuando los impresionistas intentaron ganar dinero

'Tres bailarinas de ballet', de Edgar Degas, una de las piezas exhibidas en la Frick Collection

En la nueva exposición impresionista de la Frick Collection, en una pequeña mansión en la Quinta Avenida, no hay grandes lienzos de paisajes de colores vivos. Los autores son Gauguin, Manet, Toulouse-Lautrec, Degas o Pissarro, pero sus obras son dibujos y grabados, la mayoría en blanco y negro, gris o marrón, y muchas están pegadas a la actualidad.

Los pintores intentaban ganar dinero con el nuevo mercado más masificado que permitía la reproducción de sus cuadros en serie, cuando el desarrollo de la fotografía se mezclaba con las nuevas técnicas para la producción y distribución de arte. “Esto era la modernidad… Y las técnicas ayudaban a un arte más democrático y políticamente creativo”, explica Jay Clarke, comisaria de la exposición organizada por la Frick con obras de la colección de la familia Clark, herederos del emporio de la máquina de coser Singer y fundadores de un museo en Massachusetts.

“Eran técnicas más dadas a la caricatura, el realismo y la interacción con la fotografía”, cuenta la comisaria frente a una caricatura obra de Monet de un hombre resfriado de gigante nariz, pañuelo en el bolsillo y tabaco entre las manos. Monet (u Oscar Monet, como firmaba al principio) empezó así igual que otros que hacían grabados dedicados sólo a su publicación en revistas y en series limitadas de las primeras editoriales con tiendas en la calle. “Era un momento de gran confusión… Lo bueno se mezclaba con lo malo, pero era muy emocionante”, explica la experta.

Más allá de intentar ganar dinero con el gran público, algunos disfrutaban experimentando. La exposición de 58 obras incluye una llamativa serie de Gauguin de cinco litografías en un papel de pergamino amarillo intenso impreso sobre una plancha de cinc con una técnica llamada cincografía. Las mujeres de Arles, esbozadas casi como calaveras de aire abstracto mientras se acurrucan, o las campesinas de la Bretaña, de proporciones caricaturizadas, están dentro de la serie conocida como ‘Volpini Suite’. Gauguin la llamó así en honor al propietario de un café donde varios artistas decidieron exponer sus obras en una feria alternativa a la oficialista exposición universal de 1889. El innovador amarillo era un homenaje a los girasoles que tanto gustaban a Gauguin y al color de la casa que compartió con Van Gogh en Arles.

Toulouse-Lautrec también disfrutaba experimentando con los impresores y adoraba los efectos que podía conseguir con distintas planchas. La colección incluye sus obras (después masificadas como póster) de las prostitutas y bailarinas del Moulin Rouge, entre ellas algunas de su célebre serie ‘Elles’. “En muchos casos se consideran escandalosas y en su época no se vendían bien”, explica Clarke.

Algunos esbozos llegaron a estar prohibidos. Se expone el dibujo de ‘La ejecución de Maximiliano’ de Manet, que retrata la muerte del hermanastro de Napoleón III a manos de los revolucionarios mexicanos. El incidente fue tan polémico que el Gobierno francés prohibió la circulación de la ilustración hasta la muerte del artista, frustrado porque le gustaba hacer de cronista. En otro grabado llamado ‘La barricada’ contó la represión de los rebeldes en las calles de París en 1871. El aire de boceto y los detalles parecen indicar que Manet estaba presente en la escena.

Más allá del contenido, la línea rápida del dibujo tampoco gustaba a algunos críticos clásicos. Una de las obras expuestas, ‘El boulevard de Rochechouart’ de Pissarro, uno de sus mayores panoramas de París, fue definida por un experto de la época como “la obra de un borracho”.

La exposición ‘The Impressionist Line from Degas to Toulouse-Lautrec: Drawings and Prints from the Clark’ está abierta hasta el 16 de junio de la Frick Collection de Nueva York (1 E 70th Street). La entrada cuesta 18 dólares (unos 14 euros).

Por María Ramírez de El Mundo.