12 mayo, 2014

Cuando el arte es un arma diplomática

Grandes instituciones intensifican el intercambio de obras con fines políticos y comerciales
El Prado envía a Australia una embajada de ‘maestros italianos’

0cuadro

El préstamo de un centenar de obras maestras del arte italiano para su exposición a partir de la semana que viene en la Galería Nacional de Victoria (Melbourne) no solo marca un hito artístico —por primera vez, la pinacoteca deja salir fuera de Europa telas de Rafael (La virgen de la Rosa), Tiépolo (La Inmaculada Concepción) o Annibale Carracci (La asunción de la Virgen)—;también expresa aspiraciones políticas y económicas. Detrás del acuerdo está, entre otros, la Fundación Consejo España-Australia. Promovida por Exteriores, busca hacer camino empresarial en esas tierras. Además, el Prado cobrará un canon (una donación cuyo monto es confidencial por contrato) por la cesión de las piezas.

Zugaza: “Debemos cuidarnos de no convertir todo esto en un puro negocio”

En esta tendencia creciente de Gobiernos y grandes museos y corporaciones empresariales de sumar fuerzas por un bien diplomático común, el Prado, que ya se embarcó en empresas parecidas en Houston o Brisbane (Australia), no está solo. Cuando Croacia ingresó en la Unión Europea en julio de 2013 la Pinacoteca de Brera (Milán) prestó al Museo de Artes y Oficios de Zagreb una de sus joyas, Cena en Emaús, de Caravaggio. Era una forma de amortiguar una relación histórica compleja entre ambos países. Hace unas semanas esa misma tela pintada en 1606 por el maestro toscano (que rara vez viaja) se pudo ver en la Asia Society de Hong Kong. Con el lienzo se quería despejar mercado para que calase un mensaje en China: la Exposición Internacional de 2015 se celebrará en Milán y el gigante asiático será más que bien recibido. “Es un preludio de lo que ocurrirá allí el año próximo”, admite Sandrina Bandera, directora del museo de Brera. El país acumula experiencia en estas lides. En 2013, Italia ya había prestado a la ciudad asiática otra belleza: la Venus de Sandro Botticelli. Y muchos recordarán que el Vaticano mandó uno de sus tesoros, El descendimiento, también de Caravaggio, al Prado con motivo de la visita en 2011 del entonces papa Benedicto XVI.

La vertiente política de esa diplomacia del arte que ahora acapara titulares viene de lejos. Y registró un hito fundacional en el préstamo de la Gioconda para su exposición en 1963 en la National Gallery de Washington. Durante 27 días unas 674.000 personas hicieron cola para contemplar la tabla de Leonardo en la National Gallery. Fue la primera vez que Francia accedía a prestarla. Kennedy (quien acababa de afrontar la crisis de los misiles cubanos) mostró el cuadro como una divisa de libertad. Sin embargo, para Francia era un reconocimiento tácito de la nueva potencia hegemónica a sus ambiciones nucleares. O una plasmación práctica temprana del “poder blando”, como definió en los noventa Joseph Nye, profesor de la Universidad de Harvard, la clase de influencia transnacional que no precisa de ejércitos.

El plan del Louvre Abu Dabi es un desembarco en una región pujante

Paralelo a éste, en los últimos tiempos aumenta imparable el uso diplomático del arte en su vertiente económica, que “está ligada a la situación financiera mundial”, asegura el catedrático, crítico y ensayista Francisco Calvo Serraller. “Existe una apetencia de otras ciudades y países por recibir las colecciones de los grandes museos y ahí habita una forma de financiación que hasta ahora no era tan visible. Pero tenemos que tener la suficiente precaución para no convertir el intercambio de nuestras colecciones en un puro negocio. Eso sería pan para hoy y hambre para mañana”, advierte Miguel Zugaza, director del Prado. Y añade: “Es un camino equivocado pensar que haciendo negocio con tu colección puedes sostener al final el museo”.

Equivocado o no el sendero, responde a un hundimiento de los presupuestos de las grandes instituciones públicas. Cada vez lo toman más museos. Un taxi traslada a la conservadora Carmen Giménez al Guggenheim de Nueva York. A través del móvil su voz suena rotunda. “El interés del museo neoyorquino [abrirá una sede en Abu Dabi en 2017 diseñada por Frank Ghery] es económico. Necesita dinero desesperadamente”. Muchos grandes colosos culturales tienen que encontrar la respuesta a “cómo sobrevivir hoy con unas infraestructuras muy pesadas”, reflexiona Giménez. Sobre todo cuando, por ejemplo, las ayudas públicas para el arte (National Endowment for the Arts) no superan en conjunto en Estados Unidos los 50 millones de dólares (36,3 millones de euros). “Es tan poco a repartir que hay museos, como el MOMA, que ni lo piden”, dice Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía.
Cónsules y pintores

La utilidad económica y política del arte es indudable. Y veterana. “Desde hace muchos años”, recuerda Michael Findlay, director de la mítica galería Acquavella, “Estados Unidos mantienen un programa estatal denominado Arte en las embajadasdestinado a promocionar a sus artistas en el extranjero”.
La propia Acquavella colocó Mutiverse, You Are, I Am, de James Rosenquist, en la Embajada estadounidense en Moscú.
Estas propuestas, impulsadas originalmente por el filántropo David Rockfeller, y el Departamento de Estado, “fue criticada como propaganda imperialista, pero ahora muchos países usan sus embajadas para mostrar obras de artistas nacionales en otros territorios”.

De esta carestía nadie se salva. Sicilia, desde el año pasado, cobra (de media un 0,5% sobre el valor del seguro) por dejar salir sus caravaggios o antonellos da messina de la isla. Y es bien conocido que el Louvre abrirá en 2015 un Louvre Abu Dabi en la isla de Saadiyat. Proyectado por Jean Nouvel recibirá préstamos no solo de la institución francesa, sino también del Museo de Orsay y del Pompidou. Más allá de una propuesta artística es un desembarco económico en toda regla en una de las regiones más pujantes del planeta. Aunque la propia institución, a través del correo electrónico, niega la mayor. “Desde nuestra perspectiva, el arte no es un instrumento político, sino una forma de estrechar lazos entre culturas a través de experiencias estéticas y una mayor exposición a las civilizaciones históricas”.

Pero no todo son transacciones comerciales o intereses políticos. El arte también es embajador de la mejor condición humana. En junio de 2011, la institución holandesa Van Abbemuseum lanzó el proyecto Picasso en Palestina. Prestó a la Academia Internacional de Arte de Palestina el cuadro Buste de Femme (1943). Fue la primera vez que se veía allí un lienzo de Picasso. Khalid Hourani, director de la IAAP, pensó que el éxito de este proyecto “crearía en Palestina un sentimiento de normalidad”. Al menos, por un tiempo, lo logró.

Por Miguel Ángel García Vega en El País