12 febrero, 2014

Cuando Degas estaba solo

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“El dibujo no trata de lo que se ve, sino de lo que se puede hacer que otros vean”, aseguró Edgar Degas, que trasladó esta filosofía a todos los aspectos de su vida. Áspero y ermitaño de cara a la sociedad, Degas fue “el observador más agudo de la naturaleza humana que el arte haya tenido desde Rembrandt”, según confiesa Robert Flynn, el comisario de la exposición ‘Degas: Impresionistas en privado’ a la que la Fundación Canal da cobijo desde mañana hasta el mes de mayo.

Parisino, hijo de banqueros, un frustrado proyecto de abogado, especialmente agrio. Edgar Degas se zambulló en el mundo del arte muy joven pero hasta los 30 años no presentó sus trabajos en una exposición. “Nuestro Raphael trabaja todo el tiempo pero no ha terminado todavía nada y los años pasan”, decía una misiva entre dos de sus familiares.

Durante esa casi década y media, el joven francés trabajó como copista en el museo del Louvre. “Hay que copiar a los maestros una y otra vez, y sólo cuando se tiene claro que se es un buen copista te está permitido dibujar un rábano del natural”, decía, mientras se empeñaba en “trabajos de investigación sobre el dibujo” y en retratar a su familia. Esas obras, que se encontraban en su despacho cuando el murió, son parte de la colección que Flynn Johnson ha traído a Madrid con la intención de indagar en el alma y el pensamiento de uno de los grandes impresionistas.

“Al contrario que otros de su movimiento lo que más le interesa a Degas es el ser humano”, comenta el comisario, y esto se deja ver perfectamente en esta exposición. Los jinetes y las bailarinas de Edgar se hacen casi invisibles entre los retratos, cuerpos y extremidades que el pintor dibujó a modo de práctica. Robert Flynn, a través de estos dibujos, algunas fotografías, una escultura y obras de otros artistas amigos de Degas, intenta dar a conocer la personalidad, la vida y las relaciones sociales del parisino. “Son obras que él hacía para sí mismo, se corresponden a una investigación propia”, afirma Flynn.

La exposición se divide en dos bloques, el primero exclusivo de Degas y un segundo que nos muestra ‘El entorno’ de pintor. Jean Auguste-Dominque Ingres, su gran ídolo, Edouard Manet-Charles, Paul Cézanne Pisarro o Mary Cassat son algunos de los artistas con los que Edgar mantenía una buena relación y cuyas obras, emparentadas con los ‘degas’, también cubren las paredes de la exposición. En esta segunda zona también podemos encontrar unos monotipos de árboles que Picasso adquirió para utilizarlos posteriormente como inspiración para muchas de sus obras. Una colección peculiar que da una vuelta de tuerca a la obra de Edgar Degas y nos ayuda a entender más el “alma del pintor”.

por LORETO SÁNCHEZ SEOANE EL MUNDO