22 julio, 2010

Con la luz del Mediterráneo

La Sala Kubo inaugura su exposición del verano dedicada a la figura de Joan Miró. La muestra acoge un total de 140 obras, la mayoría de la etapa en que el pintor y escultor residió en Mallorca

«Era un genio, un adelantado. Un artista del siglo XXI con una vocación democratizadora del arte». Así definió Fernanda María Ramón, presidenta de la Fundación Joan Miró, a uno de los grandes creadores del siglo XX y protagonista absoluto de la exposición del verano de la Sala Kubo. Una muestra que llenará de luz mediterránea la galería de arte donostiarra que cumple diez años de vida.

‘Miró. Poesía y luz’ es el nombre de la exposición y hace referencia a una frase que el artista pronunció en 1957: «Mallorca es la poesía y es la luz». Reúne un total de 140 obras creadas entre 1908 y 1981, pero se centra en la etapa en que el creador residió en la capital balear a partir de los 63 años, entre 1956 y 1983. Un periodo lleno de luz que permite descubrir un Miró en plena ebullición creativa y cuya obra destila libertad e independencia. Las pinturas, esculturas, dibujos, bocetos para escultura o arte público, dibujos y documentos vinculados a la música o al ballet, obra gráfica, muebles personales y objetos procedentes de sus estudios que se exponen en San Sebastián son el mejor reflejo de la capacidad creadora de Miró.

«Esta exposición es un hito y convertirá San Sebastián en Capital Cultural sin esperar a 2016», aseguró Mikel Irizar, responsable de Cultura de Kutxa, que confesó que «dentro de la programación del décimo aniversario hemos tirado la casa por la ventana con este proyecto que teníamos en mente hace más de cinco años».

Una larga vida
Comisariada por María Luisa Lax, conservadora de las colecciones de la Fundación Pilar i Joan Miró, a cuyos fondos pertenecen la mayoría de las obras, la muestra descubre a un Joan Miró ya consagrado. Disfrutó de una larga vida de casi cien años, lo que le permitió ser testigo privilegiado de los múltiples movimientos artísticos que se sucedieron a lo largo del siglo pasado.

Atento al cubismo y el fauvismo, el artista catalán se dejó influir por creadores como Van Gogh o Cézanne, al mismo tiempo que mantuvo un estrecho contacto con el núcleo central del movimiento surrealista. Pero sus verdaderas fuentes de inspiración eran Gaudí -al que consideraba un genio-, el románico y el arte rupestre.

«Las obras que presentamos son huella de su especial libertad de espíritu, de su fascinación por la cultura y la naturaleza, es decir, de su necesidad de poesía y luz», afirmó la comisaria. A su juicio, «todas las vanguardias influyeron en Joan Miró porque, en el fondo, nunca dejó de buscar y de construir un estilo propio, fuera de convencionalismos». De hecho, a finales de los años veinte ya manifestó su deseo de «asesinar la pintura», olvidarse de las técnicas académicas y experimentar con nuevos materiales y técnicas como el collage o los ‘picto-objetos’. Tal y como explica Lax, «se interesaba por todo tipo de materiales como lijas, corchos, hojas de calendario, clavos y le gustaba mucho reciclar».

En la etapa que muestra la exposición, Miró ya había vivido en Barcelona y en París, y «ya había hecho realidad su sueño de tener un gran taller propio donde crear y experimentar», comentó la presidenta de su fundación. Un taller que diseñó su amigo y arquitecto José Luis Sert, con el que colaboró constantemente. También mantuvo una amistad de por vida con Chillida y Picasso.

Ramón destacó asimismo la faceta personal del genio. «Era un hombre de una vida metódica y en contacto con la naturaleza. No le gustaba la vida social. Él siempre estaba con Pilar, su mujer. Cuando Picasso le visitaba siempre le preguntaba ‘¿pero sigues con la misma mujer?’ Además era un hombre bueno, solidario y comprometido».

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