6 septiembre, 2010

Compro un “rosenquist” y un “lazkano” (Deia)

El Guggenheim Bilbao brinda a sus “amigos” la posibilidad de adquirir obras producidas para el museo a precios asequibles desde 2010. han comprado 179 piezas de reconocidos artistas.

noticia_deia_01No hace falta ser Peggy Guggenheim -que se propuso comprar una obra al día y consiguió reunir una colección de arte contemporáneo inigualable- para empezar a coleccionar arte. Los artistas cada vez lo están poniendo más fácil. Incluso algunos creadores han comenzado a ofrecer sus cuadros a plazos para que los amantes del arte, a pesar de la crisis, no renuncien a su afición.

El Guggenheim Bilbao puso también en marcha en 2002 una iniciativa pionera para fomentar el coleccionismo, preferentemente entre su colectivo de Amigos. Las tiendas de algunos museos proponen la compra de litografías o pequeñas piezas como producto comercial aislado. Por ejemplo, el Prado ofrece en momentos puntuales carpetas de artistas que consideran de interés. Sin embargo, el Guggenheim decidió dar un carácter de continuidad a este proyecto, dando la posibilidad de adquirir obras de prestigiosos creadores producidas en exclusivas para el museo, una propuesta que no existe tampoco ni en el Guggenheim de Nueva York ni en el de Venecia.

“El programa tiene un doble objetivo: por una parte, acercar la colección propia del Guggenheim a los Amigos, preferentemente, y también al público, en general, por medio de una oferta continua de obra realizada por los artistas que la componen, logrando una mayor cercanía e implicación con la creación de estos artistas; y, por otra, fomentar el coleccionismo ofreciendo obras de gran calidad a unas condiciones que faciliten su adquisición”, explican en el museo.

noticia_deia_02Desde que se puso en marcha este programa, se han puesto a la venta un grabado del creador valenciano Manolo Valdés por 2.700 euros, una escultura del navarro Miquel Navarro por 2.640, o una litografía de uno de los artistas vascos más internacionales, Jesús Mari Lazkano, por 1.320 euros, entre otros.

La edición de estas obras de coleccionismo está dirigida fundamentalmente a los Amigos del Museo, que tienen un año en exclusiva para comprarlas antes de que éstas salgan a la venta al público en la tienda del museo. Una vez de que lleguen allí, los precios se incrementan en un 20 o un 30% respecto al establecido para los Amigos.

En total, según explican desde el Guggenheim, se han vendido a lo largo de estos años 179 obras, de las cuales el 92% las han adquirido los Amigos del Museo y el resto, en la tienda. La pieza más solicitada ha sido Sin título (2002), de Manolo Valdés, de la que se han editado 75 obras, seguida por Oroimenaren itzala (Sombra de la Memoria, 2004) de Jesús Mari Lazkano, de la que se han editado 50. (Ya han sido adquiridas por los Amigos 45 de ellas).

De la litografía en nueve colores, Fire Fountain II, de James Rosenquist, sólo se han vendido 32 de las 50, al tratarse de una obra de mayor tamaño y de mayor precio (3.280 euros). Este año, el Guggenheim va a poner a la venta una obra gráfica de la escultura donostiarra Cristina Iglesias. Se trata de un paisaje que articula el equilibrio entre el espacio natural y el construido, y que establece interesantes conexiones con las obras Sin título (Celosía II), 1997 y Sin título (Habitación de alabastro), 1993, de la Colección Propia del Museo. Es un grabado estampado a partir de dos planchas, una de polímero y otra de cobre, esta última con una aquatinta. El precio de este grabado, que tiene unas dimensiones de 58 por 76 centímetros, es de 2.400 euros. “En todas las ediciones hemos contado con la generosidad de los artistas que únicamente nos imputan los costes de producción facilitando que podamos ofrecer unas condiciones ventajosas para los Amigos”, aseguran desde el Guggenheim.

LA PRIMERA OBRA

Perfil del coleccionista

noticia_deia_03Pero, ¿cuál es el perfil del coleccionista que compra estas obras de arte en el museo bilbaino? “Hay dos tipos de comprador. Por un lado, son Amigos del museo, que además son coleccionistas. Suelen pertenecer a las categorías de Miembros Internacionales o de Honor y compran por su vinculación con el Museo y por su afición al arte moderno y contemporáneo. Este tipo de comprador repite y suele adquirir más de una obra cuando hay una edición que les interesa. Por otro lado, está el perfil del Amigo del Museo, que no es coleccionista habitual y que compra porque le gusta mucho o tiene interés en el artista. En muchas ocasiones, les supone un gran esfuerzo económico. Normalmente, suele ser la primera vez que adquieren una obra de arte”, aseguran en el Guggenheim.

El coleccionismo atrapa a personas de todas las profesiones. Por ejemplo, el ex jugador del Athletic, Ismael Urzaiz, y el cantante Manolo Escobar se han convertido en unos de los coleccionistas más importantes de la actualidad. De las paredes de sus casas cuelgan numerosas obras de pintores contemporáneos. El ex futbolista comenzó por pura intuición a adquirir aquellas obras que más le gustaban, sobre todo pintura y escultura.

noticia_deia_04Para Escobar “es un vicio que se comienza en el bolsillo de un niño cuando empieza a coleccionar objetos y a ordenarlo, de manera que una colección se convierte en un proyecto de vida en el que las obras hacen guiños de complicidad a sus coleccionistas y se establece entre ambos una relación de seducción”, declaraba el cantante en el Guggenheim hace unos meses.