21 septiembre, 2010

“Como yo no ha habido ninguno” (Diario de Burgos)

Erik el belga. Es considerado el ladrón de arte sacro más importante de todos los tiempos. En una entrevista exclusiva para este periódico, Erik El Belga afirma estar en paz con su pasado.

belgaCreció viendo a su madre pintar paisajes, admirando en la extensa biblioteca familiar las obras de arte más inmortales de la historia; siendo un adolescente, se enamoró perdidamente de una chica asimismo seducida por la pasión artística. Así que antes de que se diera cuenta ese mundo le había atrapado el alma. En su Bélgica natal comenzó a trabajar como anticuario; pronto ese mercado se quedó escaso de piezas con las que mercadear. Y se puso manos a la obra. Con 25 años cometió su primer robo. En total, se le atribuye la sustracción de más de 6.000 piezas, 2.000 de ellas en España. Se le imputan 600 robos, algunos de los cuales fueron ejecutados en medio centenar de los más importantes museos del mundo.

Fue tres veces detenido, cumplió condenas por cinco años y hasta seis países solicitaron su extradición. René van den Berghe, alias Erik El Belga, es una leyenda viva. Considerado el ladrón de arte más importante de todos los tiempos, reside en España desde el año 1964. Hoy es un mecenas respetable, un restaurador prestigiosísimo y un pintor de mucha altura. Ha contribuido desinteresadamente a la recuperación de cientos de obras, y colabora con las fuerzas de seguridad siempre que es requerido. Experto falsificador, su olfato para autentificar obras no tiene parangón.

Atiende la llamada de este periódico con exquisita amabilidad, y no elude ninguna pregunta pese a que no le gusta demasiado hurgar en su pasado, y eso que dice no arrepentirse de nada. Ahora se recupera de una reciente operación en la vista, tocada por culpa de la diabetes. En Castilla su nombre de resonancias vikingas todavía provoca escalofríos.

¿Erik o René?
He sido siempre Erik, desde que nací. Y que me digan Erik El Belga no me ofende para nada.

Todo el mundo sabe quién fue. ¿Quién es ahora Erik El Belga?
El mismo amante del arte que fui en otra época. No he cambiado para nada. Si acaso trabajo con más intensidad en conseguir hacer lo que quiero.

¿Qué es el arte?
Una pasión.

Que da dinero…
Es que una pasión sin dinero es una pasión muerta.

Que usted cultivó desde bien temprano.
Ya a comienzos de la década de los 60 empecé a hacer negocio con arte. Y así llevo 45 años.

¿Le parece justa su leyenda o hay mucho de mito?
Hay mito por todos los sitios. Se dice que soy el mayor ladrón de templos o iglesias, cuando no es así. Lo que quizás sí haya sido es el mayor exportador de arte de Europa. Pero exportación legal. Yo saqué camiones y camiones cargados con arte de este país para después venderlo.

Ladrón de guante blanco…
No se puede manchar de sangre una obra.

¿Ha hecho las paces con su pasado?
¡Hace mucho tiempo! Estoy en paz con mi pasado. Fueron circunstancias del momento y de la época, imposibles de repetir ahora.

Usted sostiene que el arte es para quien se lo merece. ¿Quiénes son esos afortunados?
Los que tienen dinero para comprarlo.

Su nombre causa por igual admiración y pavor. Hay quien piensa que gracias a usted se salvaron numerosas obras. Y en muchos pueblos de Castilla su nombre todavía da miedo…
Es que yo lo que hice fue rescatar del olvido de siglos y de la ruina piezas maravillosas que vendí a personas que sabían apreciarlas. Y además en muchos casos las restauré cuando lo más probable es que, de haber seguido en aquellos lugares, se hubieran estropeado y perdido para siempre.

Por sus manos han pasado obras de valor incalculable. ¿Recuerda alguna con especial devoción?
Me conmovió mucho el retablo de Aralar (impresionante obra románica navarra). Era una pieza única. Haberla tenido en las manos fue para mí un placer infinito.

¿Es cierto que llegó a dormir abrazado a alguna?
Claro que sí.

Supongo que las trataría con delicadeza, como a una mujer…
Por supuesto. Me dolía desprenderme de ellas. Y por eso las mimaba.

¿Llegó a llorar al venderlas?
Naturalmente que sí. Porque sabía que no volvería a verlas nunca y eran piezas tan hermosas…

¿Por qué atrae tanto el arte?
Por el misticismo, por el mensaje oculto. Un Cristo del siglo XV, una talla románica… Fueron esculpidos con una fe tan grande… Están rodeados de esa espiritualidad, de algo que escapa a lo terrenal. Ese es uno de los principales motivos del coleccionismo.

Es más que algo material.
¡Muchísimo más! Quienes encargaban ese tipo de obras eran capaces de pagar hasta tres o cuatro veces más de lo que podía llegar a costar en el mercado con tal de poseerlas.

Usted siempre trabajó por encargo. ¿Sucede ahora lo mismo?
Claro. Siempre hay un comprador.

¿Es tan fácil robar en un museo internacional?
¡Si las alarmas se desconectan desde fuera!

¿Sigue habiendo mucho tráfico de arte religioso?
No, ya no. El arte religioso ya no interesa tanto. Todos los coleccionistas con los que traté en su día me doblaban la edad, ya han muerto. Quedan familiares, pero ese mundo ya ha desaparecido. Los tiempos han cambiado.

Pero el otro mercado, el del arte contemporáneo, funciona a todo tren…
Mueve un billón de euros al año. ¡Un billón! Y se recupera sólo un 4 por ciento.

Su pasión, su modo de vida, no le cambió ni con la cárcel. ¿Cómo recuerda aquellos años entre rejas?
Una experiencia como otra. Yo sabía que podía pasarme. Y me pasó. Pero yo en este país jamás he sido condenado por robo. No tengo ni antecedentes penales.

Usted conoció bien Burgos y esta Castilla tan rica en patrimonio. ¿Cómo era esta tierra?
No había ni carreteras. Coincidió además con un momento en el que el Vaticano animó a las iglesias a desprenderse de piezas que no servían para el culto y que se guardaban en almacenes.

¿Y Burgos?
Burgos era un centro muy importante de anticuarios; en el entorno de la Catedral había hasta una veintena de ellos. Y eran de alta categoría. Vendían arte del bueno de los siglos XV, XVI, XVII…

Todavía hay algunos que le recuerdan.
¡Cómo no! Tuve relación con todos. Nos tratamos siempre con corrección. Y pagaban bien.

En aquel mercado le llegaron a abonar verdaderas millonadas.
¡Ya lo creo, hasta 80 millones de pesetas del año 69!

¿Ha vuelto a Burgos recientemente?
Sí.

¿Y cómo la ha encontrado?
Mucho mejor que entonces, más hermosa, con su patrimonio, tan amplio y rico, mucho más cuidado.

¿Cuántas obras robadas en su día ha conseguido recuperar después?
En torno a las 1.500 piezas. Y sin cobrar nada por ello.

Cuando echa la vista atrás, ¿considera que la suya es una vida de película?
Entonces no me daba cuenta, pero ahora sí. La verdad es que sí. Como yo no ha habido ninguno.

Y no se arrepiente de nada.
Absolutamente de nada.

¿Volvería a vivir tal cual lo hizo?
Por supuesto que sí.

¿Y ahora cómo es su vida?
Feliz. Estoy recuperándome de la vista. Me operé en Barcelona y ha ido bien. Ahora tengo mucho tiempo para pintar, que es mi vida.

¿Es feliz en España?
Mucho. Me siento como si hubiera nacido aquí. Amo este país.

¿Qué es para usted el tiempo?
Lo más importante que tenemos. Después de la vida no sabemos si habrá más tiempo para nosotros.

El tiempo, quizás la obra de arte más perfecta…
Sin lugar a dudas.

El problema es que se acaba…
Claro. Me obsesiona la muerte. ¡Yo quiero vivir más de 100 años!

Hablaremos entonces dentro de 20 ó 30 años…
Esperaré su llamada…