22 marzo, 2011

Chardin (1699-1779)

cabecera_Chardin

1 de marzo – 29 de mayo de 2011
Lugar: Museo Nacional del Prado
Comisariado: Pierre Rosenberg, miembro de la Académie Française y director honorario del Museo del Louvre.
Exposición organizada en colaboración entre Ferrara Arte y el Museo Nacional del Prado.

Img_Chardin_01Tras las exposiciones dedicadas a Chardin con motivo del bicentenario de la muerte del artista y el tricentenario de su nacimiento, en 1979 y 1999, no se había vuelto a revisar la relativamente escasa producción -algo más de doscientas obras- de este admirado y original pintor. Con 57 obras, la muestra constituirá una oportunidad excepcional para dar a conocer su obra por primera vez en España. El recorrido de la exposición seguirá un orden cronológico atravesando los aspectos más destacados desde los inicios de la vida artística de Chardin, en la segunda década del siglo XVIII, hasta los pasteles de los años setenta. El visitante se encontrará con muchas de sus más famosas creaciones junto a cuadros poco conocidos por tratarse de obras albergadas en colecciones particulares e incluso algunas identificadas recientemente. Además, en el Prado se podrán contemplar 16 obras que no se han incluido en la presentación italiana de la muestra, entre las que cabe destacar La raya, una de sus pinturas más importantes, procedente del Musée du Louvre; Los atributos de las artes, del Musée Jacquemart-André de París, cuadro de grandes dimensiones de tema alegórico que se presta por primera vez a una exposición; o las tres versiones de la Joven maestra de escuela (National Gallery de Londres, National Gallery of Art Washington, y National Gallery of Ireland, Dublín) que se reúnen en primicia para su presentación en la sede española.

La colaboración y generosidad de un número extraordinario de grandes instituciones americanas y europeas -destacando la contribución del Musée du Louvre con el préstamo de 11 obras- y coleccionistas privados ha permitido cumplir el difícil objetivo de reunir algunos de los más famosos lienzos del artista que se podrán contemplar.

Img_Chardin_02El pintor
Chardin nació y murió en París, ciudad en la que vivió toda su vida y que apenas abandonó. De origen humilde, en sus inicios tuvo una formación como artesano que le marcó en su pintura y que se manifiesta en esa mezcla de laboriosidad y libertad a la hora de ejecutar sus obras. Pintaba despacio, buscando la perfección, y por ello su producción artística es bastante escasa. Fue alumno del pintor de historia Pierre-Jacques Cazes, así como de Nöel-Nicolas Coypel, y en 1728 la Academia Real de Pintura y Escultura se percató de su talento y le aceptó cómo miembro dentro de una categoría menor como era la de ‘Pintor de animales y frutas’ con las obras de La Raya (expuesta) y El Buffet. Chardin se dedicará a la naturaleza de manera constante en toda su carrera, abordando a partir de los años treinta las escenas de género, influido por la pintura holandesa del siglo anterior, y también el retrato en pastel. El célebre crítico Denis Diderot le dedicó muchos elogios en sus reseñas del Salon, las exposiciones oficiales donde Chardin presentaba sus obras, destacando como su pintura evoca la calma y la tranquilidad. También en sus escenas de género, cómo La pequeña maestra (dos versiones en la exposición, National Gallery de Londres y National Gallery of Art de Washington), o La niña del volante, Chardin capta el recogimiento de sus personajes que rara vez miran al espectador, evitando cuidadosamente lo anecdótico y el detalle, para que sus obras logren una concentración silenciosa e inocente y que den una sensación de instantaneidad, de un momento a punto de desaparecer. La clientela de Chardin se dividía en dos: por un lado la aristocracia parisina conocedora de su arte y sus amigos artistas, y por otra una clientela real y principesca, representada por grandes soberanos como Luis XV de Francia, Catalina II de Rusia, o Luisa Ulrica de Prusia, reina de Suecia.

Img_Chardin_03La Exposición
El recorrido empieza con las naturalezas muertas y bodegones de la segunda mitad de los años 20, entre los que figura la célebre pintura La raya procedente del Louvre. Con esta obra ingresó en la Real Academia de Pintura y Escultura pero fue admitido dentro de una categoría menor, la de “Pintor de animales y frutas”. Es entonces cuando amplia su campo de intereses e introduce animales vivos en sus composiciones como reflejan los dos lienzos del Museo Thyssen que se exponen en esta primera parte de la muestra, Gato con trozo de salmón y Gato con raya.

La siguiente sección comienza con los bodegones de los años 30 entre los que figuran Un pato de cuello verde atado al muro y una naranja amarga o Naturaleza muerta con una jarra de porcelana y dos arenques colgados con hilos de paja a un clavo delante de una hornacina. Seguidamente y de la misma década, se presentan tres versiones de la célebre serie Pompas de jabón. Chardin no abandona jamás un género para dedicarse exclusivamente a otro, sabe renovarse, pero le gusta volver atrás a menudo y trabajar continuamente a varias bandas. Es también a partir de los años 30, cuando influido por la pintura holandesa del siglo anterior, aborda las escenas de género. Chardin capta el recogimiento de sus personajes y demuestra una grandísima habilidad para otorgar una serena dignidad a las simples tareas domésticas. Es evidente su evolución estilística en estas obras. Su pincelada se vuelve más vaporosa y las tonalidades suaves anuncian las de los pasteles del final de su carrera. Asimismo, deja de escoger a sus modelos entre el pueblo para centrarse en el entorno burgués de su segunda esposa. Con obras como La Joven maestra de escuela, de la que se presentan tres versiones que se reúnen por primera vez juntas, El niño de la peonza, o La niña con el volante, Chardin alcanzaría auténtica popularidad en la segunda mitad del siglo XIX.

Img_Chardin_04A continuación, la exposición documenta los años 50 y 60 y su regreso a las naturalezas muertas, un género que había abandonado casi totalmente. Éstas se distinguen claramente de las de los años 20 por la multiplicación de las especies de animales de caza, variedad de frutas y de objetos (porcelanas valiosas o cristalería sofisticada) que utiliza. De esta época, se incluyen en la exposición la deliciosa Cesta de fresas salvajes, Vaso de agua y cafetera y Ramo de claveles, tuberosas y guisantes de olor en un jarrón de porcelana blanca con motivos azules, obra maestra de la Galería Nacional de Escocia. En estas obras la ejecución es más ágil, más lisa, y demuestran el interés de Chardin por los reflejos y las transparencias, la luz y las sombras.

La exposición finaliza con dos retratos en pastel, medio al que se ve obligado a optar por motivos de salud, abandonando la pintura al óleo, y con el que sorprende a todos en el Salón de 1771. Con estos pasteles queda patente su seguridad como artista y ponen punto final a su carrera.

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