27 enero, 2015

Cervantes ¿con C o con Z?

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Todavía falta mucho. De hecho, falta prácticamente todo, porque el hallazgo de un trozo de madera con las iniciales M.C. formadas con tachuelas no significa ‘nada’. O casi nada. De hecho, en 1616, cuando falleció Miguel de Cervantes, no existían normas ortográficas, ya que no fueron fijadas con claridad hasta el siglo XIX (aunque fue en 1741 cuando se publicó la primera ‘Orthographía española’). De hecho, en ocasiones su nombre aparece escrito como “Zerbantes”.

“En aquel momento se escribía tal y como a cada uno le sonaban las cosas”, señala Fernando de Prado, el historiador que despertó en el Ayuntamiento de Madrid el gusanillo de invertir en la búsqueda de los restos del escritor. Así puestos… ¿por qué no Zervantes? ¿O Cerbantes?

Sea con C o con Z, Fernando de Prado está seguro de que el equipo que comanda el forense Francisco Etxeberría encontrará los restos del escritor, “porque Cervantes está enterrado allí. Toda la documentación así lo confirma”, añade.

Volviendo la vista atrás casi cuatro siglos, conviene recordar la estrecha relación del autor del ‘Quijote’ con el convento de las Trinitarias. Resulta que, después de quedar inútil del brazo izquierdo en la Batalla de Lepanto, cayó en poder de los turcos junto a su hermano Rodrigo y fueron llevados a Argel. Las cartas de recomendación que llevaba encima de don Juan de Austria y del Duque de Sessa, hizo creer a los piratas que se trataba de un personaje de vital trascendencia, por lo que pidieron un rescate elevadísimo.

Nadie pagó por él y cinco años tuvo que permanecer cautivo hasta que unos padres de la orden Trinitaria reunieron el dinero para pagar su rescate y le mandaron de vuelta a España. Desde entonces siempre se sintió en deuda con la orden, por ello, cuando se enteró de la intención de ampliar la pequeña iglesia de las Trinitarias, ofreció su ayuda incondicional a la congregación y ésta, en agradecimiento, le otorgó el derecho de ser enterrado allí con su esposa.

Una tumba móvil

El convento actual fue construido en distintas fases. En el momento en que Cervantes fue enterrado, tenía una capilla pequeña con acceso por la calle Huertas, pero posteriormente fue edificada una iglesia mayor en el mismo sitio y se trasladó a este nuevo templo a las personas que se encontraban enterradas en el anterior. ¿Exactamente a dónde? He aquí el misterio.

“Encontrarlo lo van a encontrar, hay que confiar en los arqueólogos y forenses, porque Cervantes está allí enterrado. Sólo es cuestión de tiempo”, añade el historiador. De un tiempo que ni Etxeberría ni la arqueóloga Almudena García Rubio son capaces de precisar. Ambos aseguran que el hallazgo de las iniciales que coinciden con las de Cervantes (“y con las de Mario Conde”, bromea el historiador) fue impresionante, pero que los trabajos de identificación “acaban de empezar” y avanzan “despacio”.

Así que la novedad que quisieron comunicar ayer a los medios de comunicación es que no hay novedad, de momento, pese a que algunos titulares aventureros daban por buena la inscripción del madero. “No hay una verificación ni una confirmación absolutamente de nada”, insiste ante los periodistas Etxeberría, director de esta fase.

“Los antropólogos están todavía estudiándolo, todo lo que os diga ahora puede cambiar cuando se vea con más calma”, añade la antropóloga García Rubio.

De hecho, dentro de la caja, muy deteriorada, había restos de varias personas; “algunos cuerpos casi enteros” que no pueden ser del escritor porque “no se corresponden a la edad”, pero en el nicho queda “mucho hueso destruido” y procede analizarlo con una “rutina ordinaria”.

Revisar más enterramiento

Rutina ordinaria que no prevé análisis de ADN. Los restos estarán en el convento unos 10 días. Ahora, la veintena de profesionales dedicados a estas labores están comprobando la cripta, mientras que los antropólogos trabajarán para conocer el resultado de los huesos encontrados, cuyos resultados se conocerán el mes de febrero.

Una vez analizados los restos óseos, serán analizados y si se comprueba que se trata del famoso literato, intentarán conocer información sobre su vida, sus heridas en Lepanto, sus infecciones o si comió bien cuando era pequeño, entre otros datos.

“Si no está en la cripta habrá que continuar en otros enterramientos y se alargaría el proceso porque hay que repetir permisos y autorizaciones y presentar programa de actuación. Este año se podrá confirmar todo. Hay que aprender a tener paciencia en beneficio de todos”, añade.

Si se encuentran finalmente los huesos de Cervantes, ¿qué ocurrirá con ellos? En principio, nada. “Don Miguel dejó constancia de que quería enterrarse en esta iglesia por lo que, en caso de encontrarse sus restos, hay que respetar su voluntad y no sacarlos de aquí”, asegura Fernando de Prado. ¿Exponerlos? Tampoco. “Sería espantoso convertir la iglesia en una atracción de feria”, sentencia. ¿Entonces? Lo ideal sería colocar una lápida (cuyo coste habría que sumar a los 62.000 euros que el Ayuntamiento ya lleva desembolsados en esta búsqueda) con su nombre en la iglesia; en un sitio visible, para que pueda ser contemplado libremente por el público en horarios de visita.

Por Esther Alvarado en El Mundo.