14 junio, 2013

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Alemania también derrocha: su capital inicia la réplica de su antiguo Palacio

La obra costará 80 millones y alojará una especie de British Museum alemán

Hoy comienzas las obras de reconstrucción del Palacio imperial de Berlín, el castillo de los Reyes de Prusia (Berliner Schloss) que dominó el urbanismo del interior de la capital alemana hasta la II Guerra Mundial. Los últimos vestigios que sobrevivieron a los bombardeos fueron dinamitados por la RDA comunista pero, 68 años después, la ciudad ansía recuperar su grandeza imperial. El presidente de la República, Joachim Gauck, puso ayer la primera piedra de una proyecto presupuestado en 590 millones de euros y que en parte saldrá adelante gracias a decisivos donativos privados, como el contribuyente anónimo que ha puesto nueve millones de euros para levantar la grandiosa cúpula, idéntica a la que caracterizó al edificio original.

Situado frente al Dom, el gran templo evangélico de Berlín, el antiguo Palacio de los Reyes de Prusia ha vivido todos los sobresaltos de la historia de la capital alemana y renace ahora reconvertido en un centro cultural, que estará dotado de las mismas fachadas barrocas que el antiguo palacio Hohenzollern, cuyos elementos más antiguos databan del siglo XV, aunque las partes principales fueron erigidas a principios del siglo XVIII.

Su reconstitución lleva más de una década envuelta en la polémica, ya que para volver a levantarlo en su emplazamiento original era necesario derribar el Palacio de la República, que albergó el Parlamento de la República Democrática Alemana (RDA) y un centro cultural y de ocio, que permanece en la memoria nostálgica de muchos alemanes del este. El enorme bloque de fachadas de cristal anaranjado reflectante y de mármol, acabado en 1976, era el edificio conocido popularmente como “la tienda de lámparas de Erich Honecker”, que fue presidente de la RDA, debido a las muchas lámparas de araña que colgaban de sus techos. Era un símbolo de identidad de muchos ciudadanos alemanes y no faltaron historiadores que argumentaban que tan significativo para la memoria de Alemania era este edificio como el ya inexistente Palacio Hohenzollern. Pero, cuando la capital alemana se trasladó de Bonn a Berlín, en 2000, el entonces canciller Schröder dijo de él: “Es tan monstruoso que preferiría un castillo en este lugar”. Poco después un oportuno informe sobre su alto nivel de contaminación por el uso de amianto en la construcción condujo a su derribo en 2006, dejando libre el solar, momento en que el proyecto de reconstrucción tomó verdadero impulso.

El Estado federal y la ciudad de Berlín, muy endeudada e inmersa también en la construcción del nuevo aeropuerto Berlín-Brandenburg, asumirán la mayor parte de este proyecto, cuyo coste ha levantado ampollas. Además son necesarios otros 80 millones de euros que la fundación liderada por el aristócrata alemán Wilhelm Von Boddien espera recaudar entre las clases altas. Si no surgen problemas inesperados, será inaugurado en 2019.

En su interior albergará el Humboldt Forum, las colecciones procedentes del Museo Etnológico y del Museo de Arte Asiático de Berlín, así como colecciones científicas de la Universidad Humboldt, bibliotecas y centros culturales. En el otro extremo de la avenida Unter den Linden culminó con éxito la reconstrucción con gran fidelidad de otro monumental edificio destruidos, el Hotel Adlon, otro símbolo del Berlín de 1945, de modo que, paso a paso, Berlín recupera el perfil que perdió en la II Guerra Mundial y se devuelve a sí misma los aires de imperio.

Rosalía Sanchez para El Mundo