11 febrero, 2014

Cartier-Bresson: el mestizaje artístico de un mito de la fotografía

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Peter Galassi, comisario de la gran retrospectiva consagrada a Cartier-Bresson por el MoMa neoyorquino, en 1987, comenta la envergadura creciente del legado del maestro de este modo: «Cartier-Bresson es el único de los grandes fotógrafos de quien puede afirmarse que su obra es una historia personal del siglo XX». Cartier-Bresson fotografió la difunta URSS, la Guerra civil española, la muerte de Stalin, los funerales de Gandhi, el movimiento de los derechos del hombre en los EE.UU., la descolonización, la emergencia del Tercer Mundo, las grandes metamorfosis de Europa y Francia desde la Segunda Guerra Mundial.

La faceta del reportero y el fotógrafo de la historia en curso de evolución, es una de las grandes facetas de la obra de Cartier-Bresson, sin duda. Clément Chéroux comenta el proyecto de esta exposición, que puede verse en el Pompidou parisino a partir del miércoles y que llegará a la Fundación Mapfre de Madrid a partir del 28 de junio: «Esta retrospectiva tiene tres objetivos. Primero, contar la historia de la formación de una obra, más allá de los mitos, los conformismos y los lugares comunes. Segundo, “recontextualizar” cada uno de los periodos de la obra total, con el fin de mostrar que cada uno de ellos también fue el “fruto” de su época. Y tercero, demostrar que, desde el surrealismo a Mayo del 68, pasando por la Segunda Guerra Mundial, la reconstrucción de Europa y la descolonización, la obra de Cartier-Bresson es un testimonio extraordinario del siglo XX. Esas tres perspectivas, histórica, “contextual” y reflexiva, permiten comprender el personaje en toda su complejidad, iluminado de manera muy viva la diversidad global de su obra».

Esa dimensión de «ojo» y «testimonio» del siglo XX es el marco general de la obra, que tiene muchas otras relaciones con la historia general del arte de su tiempo.

Descubrió primero el cine

En su origen último Cartier-Bresson no fue un fotógrafo, ni la fotografía fue su primera educación. Como es bien sabido, el futuro fotógrafo comenzó a formarse en el taller de pintura de André Lothe, en el Montparnasse de los años 1927-1928. El futuro fotógrafo se inicia en un taller donde las disciplinas básicas eran la geometría clásica y la composición. El mismo Cartier-Bresson ha contado que descubrió el cine mucho antes que la fotografía. Sus primeros maestros en el arte de la fotografía fueron algunos de los patriarcas del cine: Griffith, Keaton, Eisenstein, Dreyer. Solo tras esa revelación original, llegó al descubrimiento de los patriarcas del gran arte fotográfico, comenzando por Atget.

Antes de comprar su primera Leica, en 1932, en Marsella, Cartier-Bresson todavía haría un viaje iniciático a África. Viaje «técnicamente» fallido pero esencial, en su formación y en su vida personal.

El gran reportero gráfico que viaja a España antes y después de 1936, como asistente de realización de Jean Renoir, para realizar un reportaje sobre los hospitales en la España republicana, tiene ya una formación y experiencia únicas entre los grandes maestros que fueron sus contemporáneos. Será en España y México, más tarde, de entrada, donde la obra «periodística» de Cartier-Bresson tome unas proporciones excepcionales.

Mirada a España

Capa también estuvo en España, Álvarez Bravo estaba en México. La obra de Cartier-Bresson tiene muchas cosas en común con ambos. La suya es una visión quizá más compleja. Con el paso del tiempo advertimos que, en verdad, Cartier-Bresson «miraba» España –la España en ruinas de los años 30 y la Guerra civil– con los ojos de un gran artista formado al mismo tiempo en el clasicismo de la composición y la mirada «subversiva» del surrealismo. Los «instantes decisivos» de Cartier-Bresson en España eran el fruto glorioso del gran reportero cuya mirada se instala en el corazón de la historia en marcha. Pero esos instantes decisivos también son el fruto de composiciones geométricas y arquitectónicas que viene de la geometría onírica de los surrealistas y las arquitecturas simbólicas donde su pierden o descubren el paraíso los grandes narradores formados en el surrealismo para evolucionar hacia las formas clásicas, como André Pieyre de Mandiargues.

Hay quienes piensan que el Cartier-Bresson de los años 30 del siglo pasado y la guerra de España es el más grande de todos. En verdad, «solo» es el primero de otros Cartier-Bresson que vendrían y continuarían creando en Francia, en Europa, en la URSS, en la India, en los EE.UU., en Hollywood, en Asia, etcétera.

A través de más de 500 obras (fotografías, dibujos, pinturas, películas y documentos), presentadas por orden cronológico y temático, al mismo tiempo, la magna retrospectiva del Centro Pompidou subraya que esa obra en marcha, durante medio siglo, es el fruto glorioso de un mestizaje artístico: el gran reportero que conoce las reglas de la información, la antropología y el documental, enriquece su mirada con el rigor del artista geómetra de la tradición clásica y el artista visionario de la tradición «subversiva», surrealista.

Ese «mestizaje» entre las nuevas técnicas de un arte emergente (la fotografía) y las disciplinas muy clásicas de la geometría y la composición se traba a través de la inaudita libertad del primer surrealismo parisino. Se trata de una aportación mayor y fundacional para el futuro de las fotografía y la historia general de las artes plásticas.

por JUAN PEDRO QUIÑONERO, ABC