10 junio, 2013

Carmen Thysen se llevará a Barcelona un centenar de obras de su colección

tita33--644x362Acaba de cumplir 70 años. “Lo llevo fatal -dice-, no me veo teniendo esa edad”. Ni ella ni nadie. No los aparenta en absoluto. A punto de marcharse de vacaciones (no desvela dónde, porque nunca hace planes), Carmen Thyssen sigue con miles de proyectos sobre su colección. Noviembre será un mes crucial para ella: “Tomaré una solución sobre mi colección y mi vida”. Quiere dejar todo atado y bien atado para sus herederos. Por un lado, debe decidir qué pasará con las 428 obras que tiene cedidas de forma gratuita al Estado español desde hace ya 13 años, de las cuales 240 cuelgan en el Museo Thyssen.

No vence la nueva prórroga hasta el 28 de febrero de 2014, pero no quiere ampliar más el préstamo. La pelota está en el tejado del Ministerio. ¿No teme que pase como con el cuento, que de tanto decir “que viene el lobo” al final no la crean? “Puede que un día se vaya el lobo”. Rusia y Emiratos Árabes están a la espera. “Soy como los burros, que tanto me gustan: miro adelante y por ahora solo veo mi colección en España”.

Lo que sí tiene claro es que un centenar de esas 428 obras irán a Barcelona. No solo habrá pintura catalana. La Generalitat está gestando un ambicioso plan para convertir Montjuic en un gran complejo museístico. Además del MNAC y CaixaForum, se creará un Museo Carmen Thyssen Barcelona, como ya hizo en Málaga. No habrá problemas con la marca: lo solucionó Elena Salgado. Insiste la baronesa en que, aunque ya ha hablado con Artur Mas, no hay aún ningún papel firmado, ni siquiera un calendario fijado. Pero sí tiene claro que “ni en Barcelona ni en Madrid habrá más préstamos gratuitos”. Ha dejado de ingresar muchos millones de euros.

El pabellón de la Reina Victoria Eugenia
Ya hay sede para el futuro museo: el pabellón de la Reina Victoria Eugenia de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. Parte de la colección del barón estuvo depositada en su día en Pedralbes y después en el MNAC, donde ya quedan solo unas pocas obras: la más destacada, “La catedral de los pobres”, de Mir. Aclara Carmen Thyssen que “la colección de Madrid no se resentiría: habría obras que irían y vendrían de Madrid a Barcelona, se mostrarían en exposiciones de un año de duración, aunque habría una base de cuadros que estarían allí de forma permanente. Con mi colección no hay limitaciones, es fácil prestar”.

No ocurre lo mismo con la colección de su marido, adquirida por el Estado: las obras sólo se pueden prestar durante seis meses y el 90% debe estar expuesto. Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen, apostilla: “El Museo Carmen Thyssen Barcelona es la gran esperanza blanca de la política cultural catalana. La colección de la baronesa es una pieza estratégica. Ya lo dijo Mascarell”. Así parece: obras de pintura catalana de su colección han itinerado con “la Caixa” por Gerona y Tarragona y ahora están en Lérida y la muestra de Pissarro que puede verse en el Thyssen de Madrid irá después a Barcelona.

No quiso posar para Freud
Tras la venta de “La esclusa” de Constable, asegura la baronesa que no se desprenderá de más obras de su colección, sobre la que, por cierto, comenzará a tuitear Solana la próxima semana. “Los problemas de cash están resueltos: Yo no soy despilfarrona”. No ha logrado vender aún Villa Favorita, la casa de Lugano: “No es fácil. Es muy grande y está protegida. La estoy parcelando”.

Hablamos de Lucian Freud. El Thyssen quería hacer la exposición sobre el artista británico que descartó, por problemas de presupuesto, el Prado, pero finalmente se llevó el gato al agua el Guggenheim de Bilbao. Desvela la baronesa que le propuso retratarla desnuda: «No acepté. Era un hombre reservado, muy raro, obsceno y poco amable con las mujeres. Su retrato de la Reina de Inglaterra es insultante. Su obra es un tanto degenerada, desagradable. Le hizo dos retratos a mi marido; se pasaba horas y horas posando y se dormía. No me gustaron, a Heini tampoco. Se parecía a Agnelli. Bacon y él eran dos grandes cotillas. No echaré en falta la exposición de Freud en el museo». En cambio, ha quedado prendada del trabajo de un escultor de 26 años, Juan Vega Ortega. Le ha hecho un busto que le encanta y le va a encargar los de sus hijas.

 

por INÉS BAUCELLS, ABC