11 junio, 2013

Carmen Cervera quiere llevarse a Barcelona 100 obras de su colección

Carmen Thyssen

Después de 14 años de préstamo gratuito de su colección personal en el museo Thyssen de Madrid, Carmen Cervera (Barcelona, 1943) cree que ha llegado el momento de pasar a la acción. La baronesa acaba de cumplir 70 años y quiere dejar resuelta su herencia. Una parte importante de su bien más preciado, la colección Carmen Thyssen (428 obras de las que ahora se exponen 240 en Madrid), apunta hacia un nuevo destino. Un destino que asegure a su propietaria unos ingresos que no ha logrado garantizar hoy por hoy en el Thyssen madrileño.

El acuerdo se ultima en estos momentos y podría quedar resuelto a corto plazo de forma que, en noviembre, un centenar de obras aterricen en el Pabellón Victoria Eugenia de Barcelona, en la falda de Montjuïc, dentro del nuevo eje museístico que planean las instituciones catalanas. El traslado se haría en régimen de alquiler bajo la forma jurídica que acuerden las entidades implicadas: Ayuntamiento de Barcelona, Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), la Fira y La Caixa.

Carmen Thyssen asegura que la comisión que elija las obras tratará de que no afecte en esencia a lo que se expone en Madrid. Además, adelanta que el Ministerio de Educación y Cultura tendrá que resolver, también en noviembre, bajo qué condiciones económicas se seguirá mostrando en el Thyssen de Madrid el resto de su colección personal. Si no hay respuesta, Carmen Cervera asegura que las cajas para el embalaje están preparadas. La baronesa asegura que ha dejado de ganar “cientos de millones de euros” en concepto de otras ofertas no aceptadas. Y que ha llegado el momento de zanjar la cuestión.

Cervera asegura que las negociaciones para el traslado de sus obras a Barcelona están “muy avanzadas”, y reconoce que ha habido conversaciones con Artur Mas en las que el presidente de la Generalitat se ha mostrado entusiasmado. Este diario intentó ayer confirmar, sin éxito, esta versión con fuentes de la administración catalana.

Sobre las obras que viajarán a Cataluña, adelanta que un núcleo importante será de pintores catalanes, pero que también habrá obras de expresionistas alemanes, impresionistas o posimpresionistas, entre otros. “Tenemos la idea de que las obras roten entre Madrid y Barcelona. Hay muchas obras de primer nivel que, por espacio, no se pueden colgar y es una pena”.

La baronesa insiste en que es el momento de tomar una decisión definitiva con su colección y con su vida. “Nadie ha colaborado con el arte en este país como lo he hecho yo. Me he movido por todo el mundo y he asistido a todos los patronatos como vicepresidenta que soy sin percibir jamás ni una dieta o el pago del transporte. He entendido que la crisis jugaba en contra de resolver la situación, pero después del verano habrá que tomar medidas”.

Cuenta Carmen Cervera que ha tenido ofertas concretas de lugares como Rusia, Qatar o Emiratos Árabes, con mucho dinero de por medio, pero responde que es “como los burros: unidireccional. Ahora solo espero que llegue noviembre con soluciones. No pienso más allá”. El museo de Barcelona llevaría el nombre de Carmen Thyssen, como ocurre con el de Málaga. A ella le hubiera gustado en su momento añadir el apellido Bornemisza pero hubo impedimentos legales.

Recién inaugurada en el Museo Thyssen la exposición dedicada a Pissarro —uno de sus artistas favoritos y del que posee cuatro obras en su colección particular—, asegura que se dispone a rematar las memorias de su marido, el fallecido barón Thyssen, para que estén listas en septiembre después de sucesivos aplazamientos. Son unas memorias realizadas a partir de las grabaciones que su esposo dictó a lo largo de su vida en inglés y alemán y que ella ha traducido al español. ¿Son testimonios que puedan molestar a alguna de sus exesposas o sus hijos? “Sería mejor preguntar a quién no molestarán. Heini era brutalmente sincero y decía siempre lo que pensaba”.

Como ejemplo de esa sinceridad sin fronteras, Carmen Cervera narra un encuentro con Margaret Thatcher en Downing Street. “Mi marido le afeó los cuadros espantosos que adornaban las paredes. Ella contestó que no podía tocar nada de la residencia oficial. Y él, muerto de la risa, le dijo que era increíble que pudiera cambiar ministros a su antojo pero no los cuadros”.

En las memorias personales de Carmen Cervera también hay malos recuerdos de algún que otro gran artista. Sobre su posible disgusto a propósito de la exposición de Lucian Freud que preparaba el Prado y que al final estará en el Guggenheim de Bilbao —y por la que también pujó el Thyssen—, la baronesa cree que hubiera sido un buen proyecto para el museo pero que el artista era deplorable. “Le recuerdo a él con Bacon en un lugar de Londres al que Heini y yo íbamos a bailar. Siempre estaban borrachos. Freud quiso pintarme desnuda. Me negué. Yo era monísima y me hubiera sacado deforme. A Heini tampoco le gustaron los retratos que le hizo”.

Por Ángeles García en El País.