17 agosto, 2011

Carducho vuelve a El Paular

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el_paular_01Entre 1626 y 1632 el pintor Vicente Carducho realiza cincuenta y seis cuadros de iconografía cartuja de más 10 metros cuadrados cada uno, para el Monasterio de El Paular. Desde el 28 de Julio, y tras haber pasado mucho tiempo sometidos a restauración en el Museo del Prado, Carducho, sus obras, han regresado al Monasterio de Rascafría con todo su esplendor recobrado.

La importante serie pintada por Vicente Carducho (Florencia, c.1576 – Madrid, 1638) a comienzos del siglo XVII para la Cartuja de Santa María de El Paular se exhibe ya de nuevo en su emplazamiento original, tras casi doscientos años dispersa. Gracias a las obras de rehabilitación promovidas en el recinto del Claustro por parte del Ministerio de Cultura y a la intervención del Museo del Prado para la recuperación y restauración de los 52 lienzos conservados en la actualidad, las pinturas ocupan de nuevo el emplazamiento original en el que permanecieron más de dos siglos desde su creación hasta aproximadamente 1835, fecha en la que tanto el monasterio como las pinturas fueron afectadas por la desamortización de Mendizábal.

El Museo del Prado inició en el año 2000 el proceso de recuperación de la serie pictórica más completa y ambiciosa jamás realizada sobre la orden de los cartujos por Vicente Carducho y pensada para integrarse en el claustro mayor de la Cartuja del Paular. Con esa larga intervención se ha conseguido terminar con el deterioro material del conjunto, al tiempo que se han recuperado los formatos originales de los lienzos, rematados en arco de medio punto para poder adaptarse a la arquería gótica del Claustro. Las cincuenta y dos obras vuelven a reintegrarse en los más de 40 metros que conforman las galerías o pandas sur, oeste, norte y este del recinto del Claustro.

Este dilatado proceso concluye con el regreso del conjunto al claustro principal de la cartuja, recientemente rehabilitado para este fin como parte de las actuaciones financiadas y desarrolladas desde 1996 por la Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales a través del Instituto de Patrimonio Cultural de España, restableciéndose así la secuencia narrativa de una de las colecciones de pintura histórica más importante de Europa dispersa, hasta ahora, en diferentes museos e instituciones españolas. Los más de 30 proyectos acometidos en las intervenciones de restauración y rehabilitación del conjunto monumental han requerido una inversión de más de 7 millones de euros, a los que se suman los 770.000 invertidos por el Prado en la restauración de las 52 pinturas de Carducho.

Los cuadros de El Paular
Como otros grandes conjuntos claustrales del momento, Carducho concibió las grandes telas como pintura mural. Los grandes lienzos (3,45 x 3,15 m) fueron colocados sin bastidor sobre los muros, apoyados seguramente en tableros y guarnecidos con una moldura de escayola. A lo largo del tiempo, las humedades del claustro y la insolación excesiva de algunas de sus pandas perjudicaron la estabilidad de las obras. Sin embargo, fue en el proceso desamortizador cuando la serie comenzó su deterioro más notorio.

el_paular_02A partir de 1835, los lienzos se arrancaron de los muros para su trasladado al convento madrileño de la Trinidad, donde pasaron a formar parte del Museo Nacional de Pintura y Escultura, que abrió sus puertas en 1838. En esa extinta institución muchas obras se restauraron y se las cambió el formato original. Tras forrarse y limpiarse, en algunos casos de forma excesiva, se retocaron cromáticamente, aplicándose además una capa gruesa de barniz o resina coloreada.

En 1872 se cerró el Museo de la Trinidad, y sus fondos pasaron al Museo del Prado. Las grandes dimensiones de los cuadros del ciclo cartujano imposibilitaban su exhibición e incluso almacenamiento, por lo que se fueron distribuyendo por diferentes museos e instituciones españolas. Entre los años de 1867 y 1923, se repartieron, además del Prado, entre La Coruña, Valladolid, Jaca, Burgos, Sevilla, Córdoba, Zamora, Tortosa y Poblet. Durante la Guerra Civil las dos obras depositadas en el municipio de Tortosa (Barcelona) desaparecieron.

Durante poco más de una década, el Museo del Prado ha documentado y realizado un estudio completo de cada una de las obras para alcanzar la mejor solución para el tratamiento de conservación y restauración que ha consistido en la recuperación de las calidades pictóricas mediante la limpieza y eliminación de repintes así como su instalación sobre bastidores. Gracias a esta intervención las pinturas han recuperado su forma rematada en arcos de medio punto concebida originalmente por Carducho para su colocación en los huecos formados por la arquería gótica del Claustro entre sus múltiples ménsulas.

Vicente Carducho en el Paular
Vicente Carducho (c.1576-1638) fue el encargado de narrar la historia de los cartujos, una orden monástica de origen medieval, y su fundador, san Bruno. Era el pintor más respetado y prestigioso de la corte madrileña, el más capaz para acometer un trabajo de tal complejidad donde se requería diseñar composiciones de semejante tamaño y dificultad, y demostrar domino del espacio, capacidad narrativa, manejo de numerosas figuras, exposición de sentimientos y gestualidad, así como el empleo de un colorido que diera amenidad a toda la serie. Todos estos aspectos definían lo que en el siglo XVII alcanzaba la máxima consideración: la pintura de historia.

El 29 de agosto de 1626 Vicente Carducho firmó el contrato para acometer este magnífico repertorio pictórico, exponente de la pintura religiosa e histórica del barroco, sobre la orden de los cartujos: cincuenta y cuatro lienzos de grandes dimensiones (3,45 x 3,15 m.) pensados para decorar las galerías del claustro mayor de la Cartuja de El Paular, levantada bajo el patrocinio de Juan I de Castilla en el siglo XIV. El favor real se mantuvo durante el reinado de Felipe IV, y así quedaba reflejado en el encargo pictórico, que incluía, además de la serie, los escudos de la orden y del propio monarca en forma de tondo para jalonar el acceso al claustro, ambos desaparecidos.

La serie se realizó entre 1626 y 1632, tras un laborioso proceso creativo que conllevó la elaboración de numerosos dibujos y bocetos y la participaron de algunos ayudantes del pintor.

Las cincuenta y dos telas que han llegado hasta nuestros días –tras la desaparición de los escudos y las dos obras depositadas en Tortosa- se dividen en dos grupos: los veintisiete primeros ilustran la vida del fundador, san Bruno de Colonia (1035-1101), desde el momento mismo en que decide abandonar la vida pública y retirarse a la Grande Chartreuse, hasta su muerte y primer milagro. El segundo grupo está dedicado a los hechos más notables de los cartujos en diferentes ámbitos geográficos de Europa, un recorrido por los siglos XI al XVI que muestra el impulso fundacional de la orden, y los tópicos sobre la misma: el retiro en paisajes solitarios de gran belleza, la vida de humildad, mortificación y penitencia, dedicada al estudio y la oración. El ciclo se cierra además con escenas “heroicas”, la persecución y el martirio padecidos por algunas comunidades cartujanas en los siglos XV y XVI, unas imágenes que pretendían reforzar la fe de los cartujos, al tiempo que proyectaban los conflictos religiosos y territoriales de la Europa del momento. Por lo demás, la serie refleja bien la característica religiosidad del Barroco, marcada por la oración, el martirio, los milagros y las visiones extáticas.

Carducho en El Prado
Además de las pinturas del Paular, las principales obras de Carducho se encuentran actualmente en el Museo del Prado.

el_paular_03En 1634-1635 , le fueron encomendados a Vicente Carducho tres cuadros de grandes dimensiones, destinados a decorar el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro, dentro de un ciclo pictórico en el que intervinieron otros grandes artistas, como Zurbarán, Velázquez o Maino. La decoración de esta estancia, uno de los programas decorativos más ambiciosos del barroco español, estaba destinada a conmemorar la gloria de la monarquía hispánica, mezclando cuadros alusivos a triunfos militares recientes con escenas mitológicas. Carducho fue el artista que más obras aportó al conjunto, después de Zurbarán y Velázquez. A pesar de ello, sus obras no alcanzan el nivel de las de sus rivales, que pintaron obras maestras como La rendición de Breda (Velázquez) o La recuperación de Bahía del Brasil (Maino). Por contra, las obras de Carducho para este ciclo pecan de artificiosas, rebuscadas y poco naturales. Los tres cuadros, conservados hoy en el Museo del Prado, son:

La victoria de Fleurus, que conmemora la victoria en 1622 de Gonzalo de Córdoba, al frente del ejército de Felipe IV, sobre las tropas protestantes alemanas en Fleurus (Bélgica).

La expugnación de Rheinfelden conmemora la liberación de esta ciudad suiza por las tropas españolas al mando de Gomes IV Suárez de Figueroa y Córdoba, duque de Feria, en 1633.

El socorro de la plaza de Constanza, en recuerdo del levantamiento del asedio que en 1633 consiguió el duque de Feria.

Seguramente, el poco éxito de estas composiciones se debe a la inexperiencia de algunos pintores españoles de la época en los temas históricos, mitológicos o el paisaje, dado que muchos de ellos, como el caso que nos ocupa o el mismo Zurbarán, se habían especializado en composiciones religiosas.

Sobre este tema existe una espléndida obra monográfica en español, Vicente Carducho en El Paular, autor Werner Beutler, 1998, editorial Verlag Locher, Köln. Esta obra ha sido completada con un opúsculo del mismo autor, “El retorno de Vicente Carducho a El Paular”, publicado en 2006 en español y alemán.

Vicente Carducho
Vicente Carducho o Vicenzo Carduccio – el apellido también se encuentra bajo la forma Carducci- (Florencia; 1576 – Madrid; 1638) fue un pintor barroco de origen italiano, cuya actividad artística se desarrolló en España.

el_paular_04Aunque nacido en Italia, se traslada muy joven a España siguiendo a su hermano Bartolomé, quien había sido contratado por Felipe II para la magna obra del Monasterio de El Escorial como pintor de frescos y retablos, y en cuyo taller aprendió el oficio. Tras la realización de diversos trabajos menores para la corte española, su primera gran obra es el retablo “Predicación de San Juan Bautista”, para el Monasterio de San Francisco de Madrid, de concepción muy atrevida para la época.

Discípulo y ayudante de su hermano, tras la muerte de éste en 1609 adquiere su misma posición como pintor de cámara del rey, encargándose de la decoración de una galería en el Palacio Real de El Pardo, con cuadros referentes a la hazañas de Aquiles.

En 1618, y ya como pintor del rey Felipe III, colaboró en el altar mayor del Monasterio de Guadalupe, situado en la provincia extremeña de Cáceres, entonces monasterio de la orden jerónima. Pintó también el retablo mayor del Real Monasterio de la Encarnación, en Madrid, entre 1613 y 1617, presidido por una monumental Anunciación (conservada in situ, aunque el retablo fue modificado posteriormente).

En 1627 el rey Felipe IV convocó un concurso entre sus pintores de cámara con el tema “La expulsión de los moriscos en 1609”, concurriendo al mismo Velázquez, Angelo Nardi, Eugenio Caxés y el propio Carducho. El premio fue para Velázquez, aunque no se conserva el cuadro con el que ganó. Lo único que se conserva de este concurso es un magistral esbozo de Carducho.

Hasta la llegada de Velázquez, fue la personalidad más influyente de la escuela madrileña de pintura, exponiendo sus concepciones artísticas en el libro Diálogos de la pintura (1633). En ese año y por su influencia, consiguió reducir un impuesto sobre pinturas que era una pesada carga sobre los artistas de la época, y cuatro años más tarde consiguió la supresión total del mismo.

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