4 noviembre, 2015

Cambio de tendencia de la gestión del patrimonio cultural

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Miguel Ángel Recio Crespo
Director general de Bellas Artes y Bienes Culturales y de Archivos y Bibliotecas
(Ministerio de Educación, Cultura y Deporte)

La Dirección General de Bellas Artes se suma a este número extraordinario de la revista Seguritecnia, que prosigue en su compromiso de aportar valor al sector de la protección y la seguridad de los bienes culturales y el patrimonio histórico. Este año 2015 constituye, además, una referencia histórica para nuestra Dirección General. El patrimonio cultural español es uno de los más importantes del mundo, por la cantidad y calidad de los bienes que lo integran. Nuestra normativa asigna a esta Dirección General la responsabilidad, directa o subsidiaria, de conservarlo, documentarlo, investigarlo y divulgarlo, dentro y fuera de nuestras fronteras, en coordinación con otras administraciones públicas. Una tarea ingente, con muchos retos por delante.

En este sentido, la vocación de la Administración en los últimos años ha experimentado un cambio sustancial: de gestionar casi en exclusiva sus propios activos a asumir, cada vez más, un papel planificador, regulador y mediador con otros ámbitos de la actividad social para conseguir la máxima eficacia y eficiencia en la prestación de los servicios públicos. Sin embargo, quizás sea en el campo del patrimonio cultural en el que la Administración, que tradicionalmente había asumido como misión exclusivamente pública la conservación, creación y sostenimiento de las infraestructuras culturales, ha asumido de forma más tardía este cambio de tendencia.

A esta nueva perspectiva ha contribuido, sin duda, el complejo ciclo económico de los últimos años. Pero no es solo la limitación de los recursos lo que ha impulsado el cambio; los poderes públicos parecen haber asumido finalmente que la iniciativa y la participación privada pueden convertirse en un vector de crecimiento y de dinamismo económico, social y cultural, que fomente el compromiso de la sociedad con su propio patrimonio.

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La colaboración entre el sector público y el privado puede adquirir distintas fórmulas de cooperación, pero siempre ha de basarse en la construcción de vínculos de confianza, transparencia y conocimiento mutuo. Desde el refuerzo de determinados incentivos fiscales al fomento del micromecenazgo como modelo en alza, pasando por alianzas con las personas y las empresas, en múltiples modalidades y escalas: desde la pequeña participación individual al gran mecenazgo empresarial. Asistimos, ante todo, a un cambio de clima social en la relación entre el particular y su patrimonio cultural. El ejemplo de los museos, dentro de la nueva economía del ocio, es incuestionable.

El enorme desafío que tenemos por delante exige altas dosis de comunicación, visibilidad y mucho diálogo. Hoy más que nunca, en el marco del Centenario de esta Dirección General de Bellas Artes, la visibilidad y el reconocimiento son claves en ese sentido, ligados a la creación y el talento. Son muchos los objetivos y metas planteadas en el momento presente, donde la competencia, la innovación y la modernización de las instituciones y sus profesionales serán imprescindibles, así como la ineludible colaboración de las Administraciones públicas con el sector privado. Todo ello en aras a la protección, conservación, conocimiento y difusión de nuestro patrimonio, como signo identitario y memoria de lo que somos. Es, por tanto, digno de elogio un proyecto editorial como el que se presenta en este número monográfico de la revista Seguritecnia, volcado en la preservación y la defensa de nuestro patrimonio cultural, al que brindo mi enhorabuena y mis mejores deseos desde la
Dirección General de Bellas Artes.