11 noviembre, 2014

Calle con buscona de rojo

joya-kirchner

Autor: Ernst Ludwig Kirchner
Cronología: 1914-1925
Localización: Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
Técnica: Óleo sobre lienzo

En los inicios del siglo XX, el mundo del arte se enfrentaba al esperado reto de la ruptura con el pasado y la llegada de un rotundo cambio. Pero esa búsqueda de lo nuevo convivía con la permanencia de un pasado decadente pero poderoso.

La tensa espera a la renovación que se venía gestando desde finales del siglo anterior, no resultaría nada fácil. Europa vivía un momento agitado y complejo, puesto que la globalización económica y el auge del colonialismo aumentaban las rivalidades. Por otra parte, la adaptación a los nuevos avances repercutía cada vez mas en una sociedad descontenta. Un tenso momento en el que mientras se consolidaban los valores de la cultura burguesa en el terreno internacional aumentaba la tensión entre las grandes potencias.

Será en este contexto donde nazcan las vanguardias, cada una de ellas respondía de manera diferente a esta situación y mostraba su propia visión del desesperado mundo que les rodeaba. De entre todas ellas, la vanguardia del “expresionismo” supo como ninguna reflejar este momento de la historia incierto y amargo.

“El expresionismo”, surge en Alemania a principios del siglo XX; este movimiento cultural que se dejó plasmar en un gran número de campos como las artes plásticas, la música, la literatura o el cine. Solía utilizar la deformación de la realidad para expresar de forma más subjetiva la naturaleza y al ser humano, buscaba siempre dar primacía a la expresión de los sentimientos anteponiéndose de esta forma a la descripción objetiva de la realidad.

En el campo de la pintura se trataba de dar al espectador la visión más personal del artista, y en ese sentido decidieron que la forma, el color y la textura tendrían que estar al servicio de esa transmisión de los estados de ánimo. Supuso el inicio de la pintura abstracta en sentido estricto ya que se desvinculó por fin del referente real, y se acercó a la deformación y exageración para aumentar la carga expresiva.

Con sus colores violentos y su temática de soledad y de miseria, el expresionismo reflejó la amargura que invadió a los círculos artísticos e intelectuales de la Alemania prebélica. Una amargura que provocó un rabioso interés por buscar nuevas dimensiones a la imaginación y poder así renovar los lenguajes artísticos. Se convirtió en la expresión del sentimiento vital de una generación joven que defendía la libertad individual, la primacía de la expresión subjetiva, el irracionalismo, la espontaneidad, la pasión y una independencia expresiva que repercutía de forma directa tanto en la parte formal como en la defensa de los temas prohibidos.

En el año 1905 mientras que los “fauvistas” escandalizaban el ambiente artístico francés con su vivo colorido y su consciente deformación de la realidad. En Alemania se formaba el grupo Die Brüque (conocido como El Puente) nacía en total contraposición a los movimientos realistas, y a todo lo que recordase a un arte académico para mostrarnos las percepciones profundas de cada uno. Creían que estaban viviendo una época cuadriculada y sin identidad que debía acabar. El ideario de este grupo era romper con la oficialidad en contra de la sociedad burguesa creando obras llenas de colorido salvaje, curvas rotundas y pinceladas ágiles, logrando la deformación formal pero con una fuerza expresiva sin igual.

El grupo, capitaneado por Ernst Ludwig Kirchner, muy pronto se hizo notar en un panorama artístico que pedía a gritos una transformación y a él se unieron Bleye, Heckel y Schmidt-Rottluff. Todos llenos de ideas revolucionarias y una intensa actividad en común.

Pero debemos tener en cuenta la filosofía de vida de este grupo de jóvenes para conocer y entender más profundamente su pintura. Todos ellos estudiantes de arquitectura, de buenas familias burguesas, deseaban romper con el arte y las formas de vida convencionales, mediante la creación de un puente que les trasladase al otro lado. A la otra orilla, un lugar alejado del arte académico, donde fuera posible una expresión artística directa, espontánea, sin ataduras, el auténtico reflejo de una vida llena de libertad. Y quizás con ella llegar a cambiar algo.

Hablar de expresionismo y hablar de “Die Brüque”” supone hablar de la figura de Kirchner, fundador y principal impulsor y teórico del grupo. Había nacido en 1880 en Aschaffenburg, en el seno de una familia de clase media, durante toda su infancia se trasladó en repetidas ocasiones con su familia debido al trabajo del padre. Hasta qué se instalaron en Chemnitz, cerca de Lucerna, donde terminará los estudios elementales. A petición de su padre estudiaría la carrera de arquitectura, aunque ya por esta época sentía pasión por la pintura. Para ello en 1901 se traslada a Dresde compaginando los estudios con la actividad de la pintura pero con una clara formación autodidacta.

Por aquel entonces decide pasar un semestre en Múnich dedicándose exclusivamente al arte. Asistió a cursos de modelado, dibujo de desnudos y anatomía. Allí también descubriría los grabados de Durero por los que se sintió atrapado. Quizás por ello, aprovechó para estudiar técnicas de xilografía. La xilografía es una técnica de impresión con plancha de madera, un procedimiento muy antiguo que después Kirchner y casi todos los expresionistas, lo utilizaron para dar una mayor carga expresiva a sus obras y conseguir el “primitivismo” que tanto buscaban.

El interés por el arte primitivo, era algo muy común en muchas de las vanguardias de su tiempo, Kirchner se acercó a él como todos sus compañeros, visitando asiduamente el Museo Etnográfico de Dresde. En este momento todo ello se vio reflejado tanto en su obra como en los muebles y murales que fabricó para el estudio que compartía con Heckel, en una antigua carnicería del barrio obrero de Friedrichstadt.

Con el paso del tiempo Kirchner se convirtió en un auténtico maestro del grabado. En el que la elegancia en el colorido y la composición no sólo mostraban su gran talento si no un conocimiento increíble de la técnica, utilizándolo de forma expresiva para mostrarnos sus miedos y sus visiones de esos terroríficos años. Y otras muchas veces sencillamente los utilizaba como bocetos para sus cuadros.

Aunque podemos decir que la pintura fue la parte primordial de su arte, la escultura fue otra de sus actividades que más le ayudaron a encontrar su proceso creativo en la creación de los espacios y las formas cerradas. Las esculturas en madera talladas directamente de la pieza como hacían los primitivos, nos demuestran una vez más su gran capacidad para asimilar las tres dimensiones.

En 1911 se trasladó a Berlín, acompañado de los demás componentes del grupo, buscaban nuevos estímulos Allí pintó sus obras más significativas y comenzó a tener un cierto éxito. El mundo de la gran metrópoli fascinó a Kirchner se sintió atrapado por el mundo de la gran ciudad, influyendo en su pintura que comenzó a transformarse por completo tanto en el estilo como en los temas.

En los meses anteriores a la Gran Guerra, el grupo se disolvía en 1913, y Kirchner de frágil carácter se encontraba solo. Es en este momento cuando pinta sus famosas escenas callejeras, que mostraban la etapa de deshumanización a la que se había llegado. El artista callejeaba por la capital tomando rápidos apuntes de los viandantes y de los diferentes seres marginales que abundaban en Berlín. Sentía atracción por las bailarinas de cabaret y las prostitutas, los artistas de circo, quizás un mundo que muchas veces era cercano al mundo de los artistas.

Claro ejemplo de esta etapa es la obra “Calle con buscona de rojo”, la figura de la mujer se convierte en el eje central de la composición. Situada en la esquina de un cruce de calles y llamativamente vestida de rojo, es el punto de atracción de todas las miradas.

Llama la atención como estructura ordenadamente toda la superficie del cuadro a través de un orden geométrico muy característico del autor.

Su estilo anguloso y deformado unido a un color subjetivo, brillante y antinatural, crea una composición vertiginosa, que nos atrapa. Espontaneo e intenso no dudó en alterar las formas y la perspectiva para envolvernos en la acción de la escena.

Una clara distorsión grotesca y aunque colorida, nada amable que mostraba de forma consciente la artificialidad de la sociedad berlinesa de la época.

Aunque en el dorso del lienzo tiene una inscripción en la que pone que fue pintada en Berlín en 1914. Se sabe también, puesto que el artista lo cuenta en su diario que, en Davos en 1925, había variado el lienzo, tapando las pinceladas, rápidas y nerviosas, típcas de la etapa berlinesa. Para pintar nuevas capas amplias y planas más propias de su estilo final.

Poco tiempo después de crear esta obra su vida se desmoronaba, estallaba la Primera Guerra Mundial, el mundo se tambaleaba, y su movilización para la guerra hacía estragos en el artista causándole un fuerte deterioro en su salud física y mental, que terminó con su inhabilitación en 1915 y su posterior traslado a Davos, Suiza, donde vivió aislado el resto de su vida. Allí comenzó de nuevo a pintar, paisajes de increíble colorido y frescura que reflejaban la aparente quietud de su estado de ánimo al mismo tiempo que escribía crítica de arte bajo el seudónimo de Louis de Marsalle.

Pero poco tiempo después su mundo se rompió de nuevo, ya que tras la llegada al poder de los nazis en Alemania, su arte como el de muchos de sus contemporáneos fue catalogado como “arte degenerado”, produciéndose la confiscación y destrucción de sus obras. El artista sufriría una recaida de su estado depresivo, sentía que no lo podía soportar más y en Junio de 1938, después de destruir sus dibujos y quemar sus grabados y una serie de esculturas de madera, Kirchner se quitaba la vida.
Triste final para un artista que no dudó en intentar cambiar el mundo a través de su arte, pese a los agitados tiempos que le tocó vivir. Nunca se limitó a repetir las mismas fórmulas, sino que fue variando su manera de expresarse, en un mundo en el que aunque lo intentó, nunca llegó a encontrar su sitio.