5 marzo, 2014

Bonaparte se topó con la M-30

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Si José Bonaparte pretendiera acceder hoy a la Casa de Campo desde los jardines del Palacio Real atravesando el túnel que mandó construir al arquitecto real Juan de Villanueva en 1809, se toparía con los muros de hormigón de otros túneles, construidos casi dos siglos después, los de la M-30. La infraestructura, de 45 metros de longitud, que parte de los jardines del Campo del Moro y discurre por debajo de la calle Virgen del Puerto, no ha desaparecido pero ha quedado a unos cuatro metros por debajo del nivel de Madrid-Río, debido a las obras de soterramiento de la M-30.

El pasaje desemboca ahora en una gran sala de 300 metros cuadrados y casi siete metros de altura, realizada en hormigón, donde también se encuentra una de las salidas de emergencia de la M-30. Subiendo unas escaleras se sale a los cuidados jardines de Madrid-Río. Fuera se ha situado una placa con un plano de Carlos Ibáñez e Ibáñez de Íbero de 1874 donde aparece el eje que trazó Villanueva que discurre desde la fachada oeste del Palacio Real hasta la Casa de Campo, del que formaba parte el el túnel de Bonaparte. En la actualidad, no se puede acceder a él ni desde Madrid-Rio ni desde los jardines del Campo del Moro, donde la entrada está cerrada con una puerta realizada con cuarterones traslúcidos, que no deja adivinar lo que hay detrás.

Ginés Garrido, director del equipo de arquitectos que diseño Madrid-Río, recuerda las horas que destinaron a encontrar una solución para que el pasaje no desapareciera. “Creamos un gran espacio en el lugar donde sale, pensando que en un futuro se podría utilizar como una sala multifuncional”, explica mientras baja las escaleras que dan acceso al cubo de hormigón.

Cuando el equipo de arquitectos, formado por Burgos & Garrido, Porras La Casta y Rubio & A-Sala con la colaboración de West8, se enfrentó al reto de crear Madrid-Río en 2005 se encontraron con un descampado “totalmente incomprensible”. “Al principio no entendíamos nada, había rejillas y elementos que no sabíamos porque habían acabado en el lugar donde estaban”, comenta. A partir de semejante galimatías, tuvieron que ir modelando el terreno. Y fue imposible que la salida del túnel de José Bonaparte quedara en el exterior.

Algo que lamentan profundamente en la Plataforma Salvemos la Casa que luchan por la supervivencia de los jardines y su patrimonio. “La construcción de la M-30 desvinculó totalmente la Casa de Campo de los jardines del Campo Moro y descontextualizó el túnel de Bonaparte”, explica Luis de Vicente, miembro de la Plataforma. Así lo repitió en múltiples escritos enviados a diferentes cargos de las Administración. “Se ha perdido una ocasión perfecta de poner en valor el eje que creó Villanueva”, sostiene.

El Ayuntamiento respondió a De Vicente con una carta que califica de “tranquilizadora” en febrero de 2006. La misiva finalizaba indicando que “es indudable, que una vez concluidas las obras de la M-30 este Ayuntamiento dejará la parte exterior del túnel que le corresponde en consonancia con la magnífica obra realizada por Patrimonio Nacional”. Se refería a una restauración que llevó a cabo Patrimonio en la que se eliminó la decoración, añadida en el siglo XIX, a base de rocalla que daba al túnel aspecto de gruta. Así apareció el ladrillo visto original.

Desde la subdirección general de Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura, la respuesta se encontraba en la misma línea. Se aseguraba a De Vicente que “en ningún momento” se había pensado en hacer desaparecer el túnel”. Lo que se pretendía era prolongarlo desde el Campo del Moro a la Puerta del Rey de la Casa de Campo.

La infraestructura no tiene consideración de Bien de Interés Cultural (BIC), pero al partir de los jardines Campo del Moro, que cuentan con la calificación de Paisaje Histórico, estaría afectado por dicha protección, explican fuentes de Patrimonio Nacional. Hace años se elaboró un proyecto para recuperar el túnel, del que ya había desaparecido parte cuando se construyó la M-30, en el que se contemplaba su posible apertura, pero finalmente no se llevó a cabo.

Garrido opina que los ingenieros responsables de la obra de la M-30 “hicieron lo que pudieron”. El arquiecto aclara que el lugar es muy complicado. Por encima del pasaje discurren dos ramales de salida de la M-30 y por debajo, a unos 10 metros, la línea 6 del metro. A lo que hay que añadir las nuevas vías soterradas. Si se realizara un corte de la sección, la foto se asemejaría a un queso gruyère. Un futuro que no se podía imaginar José Bonaparte cuando decidió residir en el palacete de los Vargas, a la entrada de la Casa de Campo. Allí se sentía más seguro y, al mismo tiempo, estaba cerca del Palacio Real. El lugar perfecto al que Villanueva quería llegar por un pasadizo privado, que el paso de los siglos ha enterrado un poco más.

Por Esther Sánchez en El País.